Caso 4: ISIS

Caso 04-2015: Estado Islámico (ISIS) & Abu Bakr al-Baghdadi

El Tribunal Budista de Derechos Humanos lo ha sentenciado RESPONSABLE de los cargos de:

  • Genocidio
  • Limpieza étnica
  • Crímenes de Lesa Humanidad
  • Falso Islam
  • Violación al Derecho Internacional de los Derechos Humanos
  • Crímenes de Guerra
  • Altos Crímenes contra la Paz
  • Crimen Organizado Transnacional
  • Ofensa Suprema contra la Moralidad Internacional y la Santidad de la vida
  • Violaciones a los derechos del niño
  • Violación a los Derechos de las Comunidades Espirituales


Caso 2: Myanmar

Caso 02-2015: Gobierno de Myanmar, Presidentes Thein Sein – Aung San Suu Kyi & Min Aung Hlaing

El Tribunal Budista de Derechos Humanos lo ha sentenciado RESPONSABLE de los cargos de:
– Genocidio

– Limpieza étnica

– Crímenes contra la humanidad

– Altos Crímenes contra la Paz

– Violación al Derecho Internacional de los Derechos Humanos

– Violación al Derecho Budista

– Altos Crímenes contra la mujer y la niñez

– Crímenes de Guerra

– Ofensa Suprema contra la Moralidad Internacional y la Santidad de la vida

– Exterminio

– Violaciones al Derecho Internacional Humanitario

– Atentado contra la Democracia

– Violación a los Derechos Civiles y Políticos

– Violaciones a los Derechos Económicos Sociales y Culturales

– Terrorismo de Estado


Defensa Budista de la Justicia Social

Por Maestro Maitreya

La perspectiva del Derecho Budista es que la pobreza, junto con la guerra, la ignorancia y la contaminación, son aberraciones y crímenes contra la humanidad, la paz y la justicia. Si el aprendiz busca la Verdad, entonces no puede dejar de percibir este hecho opresivo y alienante. Aunque el Maitriyana está a favor de un estilo de vida basado en la humildad y la simplicidad, ciertamente está en contra de la pobreza y la depravación (daliddiya).[1] Al implementar enseñanzas de sabiduría compasiva (prajña-karuna) en la sociedad, el Derecho Budista es el máximo defensor de la justicia social, buscando crear un mundo sin pobreza. Este objetivo es la senda hacia donde apunta la meditación libertaria, la cual es una forma de pensamiento y acción solidaria que busca la Salvación de todos los seres, sin distinción de clase social o estatus económico y político.[2] Obviamente, esta pasión por la Liberación y Cura (Nirvana) de la sociedad conlleva quebrar normas injustas, tal y como lo hizo Gautama,[3] quien proveyó un sistema revolucionario de educación ética como forma de luchar contra la injusticia social. De este modo, el Maitriyana busca el Despertar (Bodhi) de toda la gran familia humana, comprendiendo que el mal de un miembro es el mal de todos, dada la interconexión fundamental del mundo. En este sentido, el maestro espiritual enseña que el concepto de sujeto separado de los demás es una ilusión. Así, el Derecho Budista establece que un gobierno ético y recto es aquel que provee refugio y protección a todos los segmentos de la sociedad, incluidos los animales, redistribuyendo riqueza a los pobres,[4] tal y como lo hace la estructura radical de una comuna socialista.[5] En este sentido, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) rechaza la idea de la Salvación individual para trabajar por el bien del mundo.[6] Este amor autosacrificial es el impulso a purificar la mente y la sociedad, pues no se puede ser completamente libre mientras los demás no lo sean. Indudablemente, esto significa desafiar al sistema político, económico y cultural dominante, denunciando a los poderes opresivos, malignos y despóticos.[7] La comuna espiritual (sangha) es claramente un contrapoder revolucionario que coexiste con los gobiernos mientras éstos no sean socialmente injustos.

El Maitriyana recuerda que la Civilización Búdica de la antigüedad fue un sistema social en el que existía una relación de interdependencia mutua o balance entre el Estado, la sociedad y la comunidad espiritual (sangha), pues el Estado y el pueblo protegían y apoyaban a la comuna espiritual (sangha), mientras que ésta corregía éticamente al Estado cuando éste se desviaba de la Ley (Dharma), al mismo tiempo que actuaba como un vocero de la consciencia del pueblo en casos de violación a su bienestar o depredación de sus derechos colectivos.[8] El marco ético del Derecho Budista para efectuar esta función de supervisión fue la asignación de diez deberes del gobierno (dasa-raja-dhamma): la caridad (dana), la ética (sila), el autosacrificio (pariccaga), la honestidad (ajjava), la amabilidad (maddava), la austeridad (tapa), la no-ira (Akkodha), la no-violencia (Avihimsa), la paciencia (khanti) y la integración social (Avirodha). Estos principios constituyen la guía básica del maestro espiritual para que los gobiernos actúen legítimamente, por lo que las comunas espirituales (sanghas) tienen el deber de denunciar cuando los gobiernos infringen este modelo de justicia social. Así, el Maitriyana busca restablecer la relación tripartita de la Civilización Búdica en la cual funcionaban armónicamente el gobierno, la sociedad y la comuna espiritual (sangha). Sin embargo, cuando los gobiernos son despóticos, como es el caso de la dictadura militar de la Burma contemporánea,[9] el monopolio del Poder considera como un rival poderoso a la institución de la comuna espiritual (sangha), la cual siempre tiene una tendencia a mantener su autonomía frente al Estado. Mientras que los gobiernos siguen los principios de la violencia, la fuerza y la opresión, en cambio el Derecho Budista sigue los fundamentos de la tolerancia, el amor y la no-violencia para asegurarse que la comunidad internacional viva con paz, armonía y justicia social.

El Maitriyana es un movimiento internacional que expresa la utopía de lograr la Cura (Nirvana) del sufrimiento o insatisfacción (dukkha) de la sociedad, creando una civilización justa, sabia y compasiva. Esto implica criticar la injusticia social de las estructuras políticas, económicas, culturales y medioambientales. De esta manera, el Derecho Budista creado por Gautama se preocupa por lograr la justicia social, lo cual ha sido compartido por Confucio, Platón, Aristóteles, Marx y Rawls,[10] entre otros. Para el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), la justicia social es la realización de la Liberad, Igualdad y Fraternidad, comprendiendo en todo momento que el aprendiz interexiste con la sociedad. De este modo, en el Maitriyana la Justicia es la realización o Despertar (Bodhi) de la naturaleza dhármica del ser humano, por lo que la acción correcta es inseparable de un modo de ser auténtico.[11] Esta visión de la justicia social se caracteriza como un proceso de desarrollo espiritual de toda la humanidad en su relación con lo Real, por lo que se posiciona como un metadiscurso transcultural. Por medio de la lógica dialéctica paradojal (koan), el maestro espiritual expresa una visión pluralista y holística en su abordaje de la Verdad. Sobre esta base el Derecho Budista se posiciona como un sistema jurídico global que se preocupa por los derechos humanos y los derechos medioambientales, supervisando que los gobiernos y organismos internacionales cumplan con las normas éticas y legales.

Los comités de ética y tribunales de consciencia del Maitriyana tienen el Propósito Supremo (Dharma) de construir la paz y reconciliación en el mundo, buscando la restauración de la justicia y armonía en la sociedad, lo cual es esencial para la supervivencia y evolución de la civilización. Esto significa que las leyes establecidas por Gautama en el código legal (vinaya) tienen objetivos similares a la Ley estatal,[12] a pesar de que la orientación del Derecho Budista ciertamente no es la condena sino la enseñanza, resolviendo los problemas con el poder de la reconciliación y no con el poder de la violencia. En efecto, el amor espiritual (metta) y la solidaridad tienen la capacidad para resolver pacíficamente los problemas de la sociedad y el medioambiente. Así, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) muestra que el perdón (Abhayadana) es fundamental para la armonía psíquica y la justicia social.

El Maitriyana es heredero de un sistema de justicia social mucho más antiguo que la revolución francesa del siglo XVIII, pues el Derecho Budista tiene una antigüedad de dos mil seiscientos años en la defensa de la dignidad del ser humano, lo cual ha sido la base de la política, economía, cultura y medioambiente de la Civilización Búdica. Este sistema ético y humanista de derechos y deberes unifica armónicamente la Liberación con la Responsabilidad, demostrando que Gautama fue un campeón de la justicia social y los derechos humanos, resaltando la Libertad, Igualdad y Fraternidad contra la tiranía, la jerarquización y la conflictividad.[13] Esto contribuye a la creación de una civilización regida por el imperio de la Ley (Dharma) y la justicia, donde cada sujeto es el arquitecto de su propio destino, pues la Liberación es intrínseca a la naturaleza del ser humano. Sin embargo, para que esto suceda, el Maitriyana establece que la civilización debe estar regulada éticamente por la interdependencia de la comuna espiritual (sangha), la sociedad y el Estado.[14] De hecho, la armonía o balance entre estos tres poderes puede ser llamada justicia social, la cual es la expansión de la sabiduría compasiva (prajña-karuna) en el mundo, pues el maestro espiritual se interesa profundamente en la cooperación y reconciliación de los pueblos.[15] En definitiva, sin la guía del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) es imposible alcanzar el Reino de la Rectitud Tierra Pura donde la humanidad alcance el Camino Medio entre la opulencia y la necesidad. Este concepto del trabajo que propone el Derecho Budista ayuda al aprendiz a abandonar el egocentrismo y también a unirse a otros en un Propósito (Dharma) común, funcionando de manera similar al sistema económico marxista. Ciertamente, el funcionamiento colectivo cooperativo que fue introducido por la comuna espiritual (sangha) es un socialismo primigenio.[16] Así, para lograr la Cura (Nirvana) del sufrimiento de toda la humanidad es fundamental lograr un sistema de civilización basado en la justicia social. Por lo tanto, el Maitriyana posiciona a Gautama como un maestro espiritual socialmente reformista que brinda enseñanzas con implicaciones políticas, económicas, culturales y medioambientales,[17] pues el Derecho Budista establece un marco que protege los derechos de los niños, alumnos, mujeres, enfermos, ancianos, presos, moribundos, drogadictos, homosexuales, pobres, marginados, refugiados, indígenas, animales e incluso ecosistemas.

[1] M. Fenn, Two notions of Poverty in the Pali Canon.

[2] R. A. Ray, Buddhist saints in India: A Study in Buddhist Values and Orientations.

[3] Drew Miller, Buddhist perspectives on Social Justice and Poverty.

[4] Cakkavatti-sihanada Sutta.

[5] Drew Miller, Buddhist perspectives on Social Justice and Poverty.

[6] R. A. Ray, Buddhist saints in India: A Study in Buddhist Values and Orientations.

[7] S. Mydans, Monks protest is challeging Burmese junta.

[8] Ven. Rewata Dhamma, Buddhism – Human Rights and Justice in Burma.

[9] Ven. Rewata Dhamma, Buddhism – Human Rights and Justice in Burma.

[10] J. Rawls, A Theory of Justice.

[11] Michael von Brück, An Ethics of Justice in Buddhism seen in a Cross-Cultural Context.

[12] Phramaha Hansa Dhammahaso, Buddhist Values towards Conflict and Peace: Truth, Justice, Forgiveness and Reconciliation.

[13] Abha Singh, Social Justice: one of the greatest gifts of Buddhism to the world.

[14] Abha Singh, Social Justice: one of the greatest gifts of Buddhism to the world.

[15] Brahmajala Sutta.

[16] Abha Singh, Social Justice: one of the greatest gifts of Buddhism to the world.

[17] V. P. Varma, Early Buddhism and Its Origins.

Defensa Budista de las Cortes Tribales

Por Maestro Maitreya

El Derecho Budista critica al modelo de justicia estatal por garantizar impunidad, inequidad, corrupción, privilegio, indiferencia y decepción ante la sed de justicia y paz ante la ciudadanía. Por ello, el sistema jurídico del Maitriyana propone la búsqueda de la Cura (Nirvana) de la guerra y la injusticia a través de un camino de vida armónica e inegoísta, garantizando la convivencia humana a partir de un contrato ético y espiritual en la sociedad. Para alcanzar esto no es necesario el arbitraje del Estado, con sus instituciones, normas y leyes ficticias, sino que más bien es necesaria que la humanidad se comprometa a abandonar una vía que conduce hacia su desaparición y extinción. El Derecho Budista es una vía alternativa que guía al ser humano hacia el aprendizaje y no el castigo, afirmando que sólo el imperio de la ética puede regular adecuadamente el funcionamiento de la política, económica, cultura, justicia y medioambiente, orientando a la sociedad hacia la construcción y conservación de una comunidad internacional sana y sustentable. Esta pasión por la justicia ética que mantiene el Maitriyana se encuentra ausente en todos los organismos del Estado, el cual es una máscara y simulacro de justicia. El Derecho Budista es un Camino que regresa dialécticamente a la justicia de los pueblos tribales, por lo que forma parte de un Discurso transcultural basado en la virtud de la igualdad, la generosidad y el conocimiento práctico de los maestros espirituales.

Históricamente, el pueblo búdico ha desarrollado un sistema coherente y satisfactorio de justicia. Pero este sistema de justicia ética prioriza los derechos colectivos en lugar de únicamente enfocarse en los derechos individuales, por lo que la justicia del Maitriyana está a la vanguardia de la Ley internacional. El Derecho Budista se basa en un equilibrio recto entre las necesidades del sujeto y las necesidades de la sociedad, practicando una resolución de conflictos basada en la reconciliación (maitri) y nunca en la coerción, pues ésta es antitética con respecto al modelo social de la comuna espiritual (sangha). El Maitriyana posee un sistema de justicia ética que trasciende a la justicia penal y civil del Estado capitalista, buscando la Liberación del aprendiz en lugar de su alienación, explotación y dominación. Así, el Derecho Budista apunta a la Libertad, Igualdad y Fraternidad, criticando al Derecho Estatal como un sistema opresivo, injusto y conflictivo.

Las cortes de los pueblos tribales suelen ser consideradas como proveedoras de sanciones ilegales y no-oficiales ante la visión del Estado, lo cual ignora que las tribus o comunas (sanghas) poseen soberanía y autodeterminación, no necesitando de la legitimidad estatal para que funcionen sus instituciones políticas, económicas, culturales y jurídicas. Sin embargo, la justicia ética del Maitriyana confirma que las cortes tribales (panchayat) son ilegales únicamente cuando para restaurar el honor social se recurre a sentencias feudales,[1] violentas y atroces que violan los derechos humanos.[2] Esto demuestra que el sistema tribal del Derecho Budista es mucho más civilizado que los procedimientos modernos del sistema de justicia penal y civil del Estado, funcionando como una alternativa a las cortes oficiales locales e internacionales. La justicia ética del Maitriyana no recurre a la violencia para resolver los conflictos, por lo que sus sentencias no contradicen el espíritu legal de las Constituciones y tratados del mundo. De esta manera, incluso aunque sea considerada como una corte no-oficial, el Derecho Budista funciona con efectividad sobre la base legal de la autonomía del pueblo búdico. Esto significa que las cortes tribales (panchayat) no deben ser abolidas sino reformadas según los principios de la justicia ética y la sabiduría compasiva (prajña-karuna), manteniendo su inmunidad soberana mientras funcionen recta y adecuadamente. Aunque la justicia del Maitriyana es tradicional, ancestral y tribal, ciertamente no es primitiva, barbárica e incivilizada, estableciendo un sistema capaz de guiar al sujeto hacia la Liberación y autodeterminación. Esta capacidad libertaria del Derecho Budista puede ser especialmente implementada en India y Pakistán, donde existen miles de pueblos tribales que desean ejercer su soberanía y autonomía.[3] En este sentido, en este tipo de países coexisten múltiples sistemas jurídicos, existiendo leyes estatales, coloniales, tribales y religiosas.[4] Incluso, en India el Estado tradicionalmente ha brindado estatus oficial a las cortes tribales (panchayat),[5] las cuales son un sistema donde el poder de la justicia es mantenido cerca de la sociedad, ya que permite a las tribus o comunas (sanghas) gobernarse por sí mismas.[6] El sistema tribal de justicia ética del Maitriyana busca la resolución de los conflictos no por medio del castigo sino a través del consenso, la mediación y la reconciliación (maitri),[7] terminando los problemas de forma pacífica tal y como se buscaba en la Antigua India,[8] por lo que es un sistema avanzado con respecto a la justicia estatal, a pesar de que sus sentencias se produzcan en tan sólo treinta días.[9] Las cortes tribales (panchayat) tienen el potencial para proveer autonomía a las tradiciones religiosas y minorías étnicas.[10] No obstante, el Derecho Budista denuncia que cuando las cortes tribales (panchayat) carecen de sabiduría compasiva (prajña-karuna) violan los derechos humanos de los miembros de la tribu o comuna (sangha), llegando incluso a sentenciar a muerte o tortura sexual a los acusados.[11] En definitiva, sin la guía ética y espiritual de los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) el pueblo búdico, al igual que el resto de los pueblos tribales, está condenado a la perversión y extinción cultural. En cambio, cuando las tribus o comunas (sanghas) siguen la guía de los maestros espirituales, entonces sus culturas sobreviven, prosperan y evolucionan en el Camino hacia el Despertar (Bodhi).

[1] Criminology Research Institute, Punjabi Gang Rape Victim Fears For Her Life After Six Are Sentenced to Hang.

[2] Muhammad Saleem Sheikh, The Meerwala Incident: Shame in the Name of Justice.

[3] I. Talbot, Inventing the Nation India & Pakistan.

[4] A. S. Ahmed, Jinnah, Pakistan and Islamic Identity.

[5] Kimberly A. Klock, Resolution of Domestic Disputes Through Extra-Judicial Mechanisms in the United States and Asia: Neighborhood Justice Centers, The Panchayat and the Mahalla

[6] Shalini Bhutani & Ashish Kothari, The Biodiversity Rights of Developing Nations: A Perspective from India-

[7] Amnesty International, Pakistan: Tribal Councils Must Stop Taking Law Into Their Own Hands.

[8] Theodore A. Mahr, An Introduction to Law and Libraries in India.

[9] A. H. Nadeem, Pakistan: The Political economy of Flawlessness.

[10] W. Kaelin, Legal Aspects of Decentralisation in Pakistan.

[11] Amnesty International, Pakistan: Tribal Councils Must Stop Taking Law Into Their Own Hands.

Defensa Budista del Activismo Social

Por Maestro Maitreya

El Derecho Budista enfrenta el enorme desafío de ser el guardián ético de los sistemas democráticos del mundo, afianzando la función responsable y socialmente comprometida que tienen los activistas de derechos humanos como condición indispensable para la salud republicana y pluralista de la civilización planetaria. El Maitriyana es un defensor de los valores espirituales, entendiéndolos como una práctica indisociable de la responsabilidad y el compromiso con el Propósito (Dharma) de un mundo mejor. Por ello, el Derecho Budista es independiente de todos los poderes estatales y corporativos, desarrollándose como un contrapoder cultural que impone la ética tanto a las comunas espirituales (sanghas) del pueblo búdico como al resto de la comunidad internacional. El Maitriyana no acepta ser confundido con una expresión reducida a lo religioso, que es la manipulación de la mente a través de ideas engañosas, pues se acerca más a una razón avanzada que reproduce la Sublimación y Purificación de las pulsiones y pasiones. El Derecho Budista adhiere al ideal de una sociedad orientada hacia la educación, la cual se entrelaza con la paz, la justicia social y la ecología, guiando a la humanidad a través del criterio de respeto por el mundo interno y externo. Al ser una voz cultural íntegra, el Maitriyana adhiere al proyecto de una República de la Ley (Dharma), donde los activistas sociales tienen la tarea de vigilar estrictamente a los gobernantes, legisladores y jueces, para que éstos sean eficaces, efectivos e incorruptos. Ésta es la clave para construir un mundo mejor, pues los Estados tienden a degradar paulatinamente sus sistemas democráticos y republicanos, lo cual también se relaciona con la modificación de las relaciones sociales que en la contemporaneidad son basadas por la superficialidad y la tecnología. De esta manera, el Derecho Budista trabaja por el ascenso de un nuevo tipo de civilización que no esté basada en la mera mutación tecnológica sino en la profunda evolución ética. Esta transformación espiritual de la humanidad es crucial para sobrevivir la autodestrucción de la civilización capitalista y los gobiernos autoritarios. En este sentido, el Maitriyana propone ir más allá tanto del capitalismo salvaje como del comunismo dictatorial, buscando la consolidación de la democracia directa como única vía capaz de revolucionar la política, economía, cultura y medioambiente, creando maneras para dotar a la sociedad planetaria con la capacidad de toma de decisiones. Así, los activistas sociales emergen en una sociedad globalizada para hacer frente a las injusticias del sistema gubernamental y corporativo, sin caer en el odio y el resentimiento. El Derecho Budista se expresa entonces como un nuevo movimiento metapolítico que impugna a los gobiernos y cortes penales que son carentes de ética y rectitud. Por lo tanto, los maestros espirituales potencian la Libertad, Igualdad y Fraternidad en todos los puntos del planeta, pero al mismo tiempo critican la superficialidad de una sociedad en la que todos hablan y nadie escucha. Las antiguas experiencias de los pueblos tribales aportan al Maitriyana una tradición de renacimiento cultural en la que se protegen los derechos fundamentales tanto del sujeto como de la naturaleza. Esta síntesis entre el pasado y el futuro convierte al Derecho Budista en una utopía anclada en el presente, abriendo el Camino para la evolución en el aquí y ahora. Los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) enseñan entonces a los activistas sociales cómo luchar adecuadamente contra la codicia, odio y engaño del Poder hegemónica, denunciando la corrupción y la impunidad de los Estados y las corporaciones. Para el Maitriyana es clave el abandono de los intereses individualistas y las concepciones egoístas, desarrollando un liderazgo ético renovador que tiene Atención Plena a las necesidades esenciales de la sociedad. Mientras la economía capitalista se estremece y la política autoritaria es denunciada por su corrupción, crece una generación de activistas sociales que lucha pacíficamente contra la ilegitimidad de las instituciones. Sin embargo, para que esta lucha no sea un simple sentimiento de desconfianza, el Derecho Budista aporta un rumbo ético sin el cual los activistas sociales y los sistemas democráticos pueden pervertirse y derrumbarse. En definitiva, la función de los maestros espirituales es mostrar la Verdad, atravesando el velo de lo Oculto y desenmascarando lo Real. Al formar parte de una Espiritualidad con dos mil seiscientos años de historia, el Maitriyana hace una llamado al pluralismo, el cual es una cualidad sin la que los activistas sociales no pueden trabajar correctamente. El pueblo búdico siempre ha sido pluralista y democrático, permitiendo la multitud de voces, estilos y modos de ser. No obstante, esta actitud de Apertura (Sunyata) no significa carecer de la capacidad para fijar límites al Poder gubernamental, desplazar no-violentamente a los gobernantes y ofrecer otras alternativas mejores. Precisamente, la tarea del Derecho Budista es proteger el pluralismo democrático, aceptando las diferencias sociales y simultáneamente proponiendo dar un paso evolutivo en el sistema de civilización. Obviamente, esto presupone denunciar la agresividad, intolerancia, divisionismo y desigualdad de las sociedades materialistas. El desafío del mundo contemporáneo no debe consistir en la acumulación de dinero y poder, sino más bien en la acumulación de aprendizaje y bondad, incorporando la experiencia y voluntad de los activistas sociales para tener mejores sistemas ejecutivos, legislativos y judiciales. Por ello, la función del Maitriyana es la tarea de construir una sociedad más justa e inclusiva, enseñando que los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) tienen mucho que decir acerca de cómo cumplir este Propósito (Dharma). Los aprendices deben vivir desde esta senda de rectitud y abnegación como único horizonte para su pensamiento, habla y acción. El Derecho Budista, como Espiritualidad Socialmente Comprometida, está posicionado en la historia como el Camino más digno para el desapego de la guerra, la injusticia, la ignorancia y la contaminación, promoviendo la renovación democrática de la comunidad internacional. De este modo, mediante la práctica de la razón contemplativa, el maestro espiritual desarrolla en la sociedad áreas de pluralismo y utopismo, recomendando a los activistas sociales denunciar cuando hay que denunciar y criticar cuando hay que criticar, tal y como enseñó Raymond Aron. Para el Maitriyana, se debe prohibir al sujeto reflexionar acerca de lo deseable independientemente del bienestar de los demás, pues sólo este compromiso social puede salvar a la civilización de su cuasi inevitable autodestrucción tecnológica en curso. No obstante, esta necesaria evolución ética y espiritual conserva las antiguas enseñanzas de los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) que han conducido a la humanidad hacia el Despertar (Bodhi) o la Cura (Nirvana) del sufrimiento. Por ello, evolucionar es volver a las fuentes, manteniendo la vía de la Liberación y reconstruyendo el tejido de la cultura espiritual de los pueblos tribales.

Defensa Budista de la Oposición a la Guerra Justa

Por Maestro Maitreya

El Derecho Budista afirma que el concepto de guerra justa es éticamente ilegítimo, utilizando poder de la agresión en lugar del poder de la justicia. Para el Maitriyana la guerra es una violencia organizada que sistemáticamente causa la destrucción de la vida,[1] por lo que el único recurso justo es el pacifismo que han evidenciado maestros espirituales como Gautama, Jesús y Francisco de Asís. Los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) mantienen que la no-violencia (ahimsa) es una fuerza ética poderosa con la capacidad para evanescer el odio dentro de la mente y corazón del agresor. Por lo tanto, el Derecho Budista considera que no existe un válido derecho a la guerra (jus bellum), sino que más bien existe un derecho humano a la paz (jus pax). A diferencia de la moral católica, el Maitriyana considera que no existe la guerra justa, considerando que la violencia y el militarismo son intrínsecamente injustos y salvajes. Tanto la noción de guerra santa de la religión como la noción de guerra justa del Estado son rechazadas por el Derecho Budista como falsas justificaciones, considerando que la ecuanimidad y el amor al prójimo deben ser los recursos verdaderos frente a la agresión. Esto significa que el derecho humano a la paz es superior con respecto al derecho a la soberanía y la territorialidad. Sin embargo, este derecho humano supremo a la paz no sólo es intrínseco a la humanidad sino también a todos los seres vivos, siendo un derecho absoluto de toda la existencia. En este sentido, incluso si no atacasen a poblaciones civiles, las tradiciones de la guerra santa y la guerra justa son crímenes contra la humanidad y la vida, siendo recursos que olvidan la dignidad de todo ser viviente. El Propósito (Dharma) del Maitriyana es entonces la evanescencia de toda forma de guerra, la cual va completamente en contra del estilo de vida de la justicia, la rectitud y la Espiritualidad. El Derecho Budista busca proteger y preservar los valores éticos como guía hacia la Salvación, considerando que los problemas políticos, económicos, culturales y medioambientales tienen que ser confrontados a través de medios adecuados y no-violentos. Esto conduce al maestro espiritual a condenar al nacionalismo y culto al Estado,[2] los cuales son contrarios a la visión internacionalista de la paz mundial. El Maitriyana critica a la guerra como uno de los más poderosos males del mundo, pues empeora los conflictos en lugar de llevar hacia la resolución. De esta manera, el pacifismo es un horizonte ético para el Derecho Budista y su código legal (vinaya), el cual se orienta hacia la sabiduría compasiva (prajña-karuna) y nunca hacia el daño o coerción contra otros seres vivos.[3] En efecto, el Maitriyana confirma que la noción de guerra recta (dharma yuddha) no se refiere a un conflicto violento sino más bien a una lucha por medio de ideas y mensajes de paz, amor, tolerancia y benevolencia.[4] Esta doctrina pacifista es el deber ético y la práctica contemplativa de los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas), cuya tradición social es gobernada por el principio de la autonomía, autodeterminación y responsabilidad en el Camino hacia la Salvación.[5] Sin embargo, en tanto que el sufrimiento es inevitable, el Derecho Budista no asume una postura moral absolutista, planteando que el aprendiz debe buscar causar el menor daño posible, motivo por el que dentro de la comuna espiritual (sangha) no hay lugar para los recursos violentos de la guerra santa o guerra justa,[6] buscando la Sublimación de las fuerzas de la codicia (loba), el odio (doha) y el engaño (moha). Por ello, el sistema de justicia del Maitriyana se basa en métodos conciliatorios de resolución de los conflictos,[7] en lugar de justificar la guerra, la xenofobia y el nacionalismo como lo hacen ideológicamente los Estados y las religiones. El Derecho Budista es el defensor, protector y guardián del Propósito (Dharma) de la vida, buscando la expansión de la consciencia de todos los seres vivos en lugar de buscar su destrucción y muerte. El paradigma político y jurídico del Maitriyana nunca justifica la violencia y la guerra, proponiendo un modelo de respuesta guiada por la rectitud, la solidaridad y la paz. Este modelo metapolítico propone la incorporación total del Propósito (Dharma) y la comuna espiritual (sangha) dentro de la ideología estatal,[8] buscando la paz y armonía social por medio de los principios del acuerdo, consenso y pluralismo. Así, el Derecho Budista propone una sociedad abierta y democrática,[9] donde la comuna espiritual (sangha) actúa como la consciencia ética de la sociedad,[10] asegurando que exista justicia y Verdad.

[1] Laksiri Jayasuriya, Just War Tradition and Buddhism.

[2] S. Hauerwas, Christian Contrarian.

[3] H. Saddhatissa, Buddhist Ethics: Essence of Buddhism.

[4] Laksiri Jayasuriya, Just War Tradition and Buddhism.

[5] Dhammapada.

[6] Laksiri Jayasuriya, Just War Tradition and Buddhism.

[7] P.D. Premasiri, The Place for a Righteous War in Buddhism.

[8] J.D. May, Transcendence and Violence.

[9] A. Sen, The Argumentative Indian.

[10] Laksiri Jayasuriya, Just War Tradition and Buddhism.