Premio Gautama de la Paz 2013

GANADOR DEL PREMIO GAUTAMA DE LA PAZ 2013: 

MAESTRO MAITREYA SAMYAKSAMBUDDHA

Resultado

Durante los meses de Agosto y Septiembre de 2013, miembros de comunidades budistas a nivel internacional han votado democráticamente a personas de diversas áreas que hayan hecho una contribución a la Paz Mundial. Los nominados fueron: Maestro Maitreya, Thich Nhat Hanh, Ven Lama Lobzang, Ven. Piseth, Ijahman Levi, Tony Benn, Francisco I, Daisaku Ikeda, Daniel Barenboin y Sulak Sivaraksa. El Maestro Maitreya Samyaksambuddha fue el que más Votos tuvo, mayormente de India, Sri Lanka y Reino Unido, por lo que recibió el galardón espiritual del PREMIO GAUTAMA DE LA PAZ 2013.

DISCURSO DE ACEPTACIÓN DEL PREMIO GAUTAMA DE LA PAZ 2013

Gautama con Jesús: Autosacrificio revolucionario

Por Maestro Maitreya Samyaksambuddha

La esencia del pacifismo es la compasión. En el Amor Espiritual y la disposición a actuar de forma desinteresada, las tácticas y técnicas del pacifismo se alzan naturalmente como un proceso que trasciende tanto a la violencia como a la no-violencia. Así, el pacifismo no es un dogma moral, sino que es un proceso de meditación libertaria. Mientras que las luchas entre las clases sociales son alimentadas por la codicia, el odio, el miedo y la ignorancia, el Camino del pacifismo utiliza la sabiduría y la Compasión como fuente de energía, pues ambas son las características que permiten que la revolución del mundo pueda desarrollarse sin elementos destructivos que son contrarios a los ideales socialistas utópicos. La acción pacifista nace de la comprensión de las causas del sufrimiento y se nutre de una práctica de contemplación libertaria, pues el Amor Espiritual es el modo más efectivo de enfrentar la adversidad.[1]

Una de las tácticas utilizadas por el Maitriyana para la manifestación pacifista, por medio de la tradición sagrada de la meditación libertaria, es la oposición política al gobierno y la resistencia a su coerción destructiva.

Frente a puntos críticos de conflicto, los maestros espirituales suelen utilizar la técnica del ayuno y la producción de poesía como forma de actuar contra la guerra y la injusticia social. Indudablemente, el autosacrificio de los aprendices meditativos fue la acción más revolucionaria que se haya realizado en nombre de la paz en la historia de la humanidad.[2]

El Ecumenismo Budista incluso destaca que los autosacrificios de los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) durante la guerra no fueron resultado de la ira, la desesperación o la depresión, sino más bien se trataron de verdaderos sacrificios en representación de la Compasión y del Bien hacia toda la humanidad, emulando así el estado de consciencia transpersonal de un Cristo (Mesías).

El sujeto que se autosacrifica utiliza toda su libertad, fortaleza espiritual y autodeterminación para que el mundo sepa que está dispuesto a soportar éticamente los mayores sufrimientos con el fin de proteger a la Tierra (Gaia). Cuando el aprendiz está frente a un conflicto, si tiene una mente compasiva y alerta, la forma de actuar correctamente aparece espontánea y creativamente. Para la articulación Gautama-Jesús, el requisito básico para una revolución verdadera es tener la naturaleza del pacifismo y el Amor Espiritual dentro de uno mismo.[3]

El Maitriyana no es idealista, pues sabe perfectamente cuán difícil puede resultar, incluido para el maestro espiritual, el hecho de mantener una actitud compasiva, pacífica y amorosa hacia el prójimo en una situación de guerra. Por tal motivo, los que continúan con la causa pacifista, aquellos activistas revolucionarios, deben basar su trabajo en la práctica de la contemplación libertaria. Las palabras del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) intentan recordarle constantemente al sujeto cuáles son las principales razones de por qué lucha, enseñándole a preservar una mirada compasiva en medio de las difíciles circunstancias de la guerra, la pobreza, la ignorancia y la contaminación. Así, el maestro espiritual evoca en la conciencia del aprendiz a la disciplina que él mismo practica: la Atención Plena.

Probablemente, sin el fenómeno de la guerra capitalista se hubiera retardado el emergimiento del movimiento pacifista del Ecumenismo Budista, pues los valores del Socialismo Dhármico no serían vistos como necesarios por ningún pueblo en el mundo. Los conflictos y las amenazas son lo que despierta al sujeto, presionándolo para que cambie y corrija sus elecciones. Incluso, ante medidas represivas por parte del Poder gubernamental, los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) tienen el último recurso de sacrificar su propia vida por la causa del pacifismo, en un acto de protesta transpersonal que encarna la voz de la Tierra (Gaia). La articulación Gautama-Jesús, por lo tanto, busca importantes manifestaciones y actos de resistencia por todo el mundo. Siguiendo la ética del Maitriyana, un maestro espiritual está dispuesto a sacrificarse -inmolándose o quemándose vivo- si considera que con ese hecho ayudará a la humanidad a derribar el régimen materialista. Este es otro punto en el que el catolicismo ortodoxo considera moralmente repulsivo el accionar de los aprendices meditativos. No obstante, el Ecumenismo Budista aprueba esta forma extrema de acción directa pues considera que se trata de una forma espiritual de pacifismo libertario, siendo un humanismo revolucionario que apunta a la necesidad de instalar los valores de la paz y la armonía en el mundo. Concordantemente, la reflexión de meditación libertaria del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) admite que el acto de quemarse vivo realizado por un sujeto practicante es difícil de comprender para la consciencia dualista, pues no se tratan de meros suicidios ni de actos de protesta ordinarios, sino que más bien son actos heroicos de autosacrificio destinados a llamar la atención de todos los pueblos.

La articulación Gautama-Jesús tiene el poder de conmover la consciencia de los opresores, haciendo que el mundo escuche los gritos de sufrimiento del pueblo. El autosacrificio es entonces una revolucionaria acción transpersonal que tiene como objetivo probar la extrema importancia de aquello que quieren decir los maestros espirituales. Al autosacrificarse, el aprendiz manifiesta explícitamente que tiene la fortaleza analítica y la determinación existencial para soportar los más grandes sufrimientos con el fin de proteger la paz del mundo.[4]

En concordancia con Meister Eckhart, el Maitriyana afirma que el sujeto que sufre por amor al prójimo, no sólo es capaz de soportar el sufrimiento, sino que además su sufrimiento es provechoso a los ojos de la divinidad.

Incluso, durante la ceremonia de ordenación iniciática, algunos aprendices se queman intencionalmente ciertas partes de su cuerpo con el fin de comprobar la seriedad de su compromiso revolucionario. Del mismo modo, la intención del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) no es autodestruirse, sino expresar la profundidad de su Amor Espiritual por medio del autosacrificio. El maestro espiritual no desea morir, pero está dispuesto a hacerlo en pos de la Compasión y el Bien de todos los seres. En este contexto, el autosacrificio es una táctica del pacifismo y la meditación libertaria que no busca la destrucción del opresor sino más bien una toma de consciencia y el cambio de su política imperialista.[5]

En este sentido, el verdadero enemigo del pacifismo libertario no son las personas malas en sí mismas, sino los sistemas autoritarios e intolerantes que promueven la avaricia, el odio y la ignorancia en el interior de cada ser humano.

Indudablemente, el Ecumenismo Budista considera que cuando el sujeto se compromete con la ardua lucha por la paz, la igualdad social y los derechos humanos, se ubica dentro de una pequeña elite de seres humanos que comprenden compasivamente el sufrimiento de los oprimidos.[6] Precisamente, el momento culminante para el movimiento pacifista acontece cuando la articulación Gautama-Jesús anuncia públicamente su oposición a la guerra, tal como lo hicieron Martin Luther King, Thich Nhat Hanh, Thomas Merton y Mahatma Gandhi.[7]

En consecuencia, el movimiento del pacifismo libertario, a través de los acontecimientos de autosacrificios, conmueve profundamente a toda la humanidad porque busca evanescer del mundo a la guerra capitalista. A diferencia de la postura católica tradicional, en la perspectiva del Maitriyana, el autosacrificio no se trata de un suicidio ni mucho menos de un momento de locura de jóvenes activistas, sino que más bien es el resultado de años de aguda reflexión de contemplación analítica existenciaria. Mientras que el suicidio procede de la desesperanza y la depresión, el autosacrificio procede de una mente que ama la vida y se encuentra cercana a la aflicción que siente la Tierra (Gaia). De hecho, el Ecumenismo Budista permite comprender que el autosacrificio no se diferencia mucho del ayuno como protesta pacífica, en tanto que la huelga de hambre también conduce a la muerte.[8]

El Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) percibe el autosacrificio como la disposición a asumir el sufrimiento del mundo en uno mismo, padeciendo voluntariamente un proceso de purificación y comunicación directa con la humanidad. El aprendiz que se entrega en cuerpo y espíritu a la causa del pacifismo libertario quiere hacer algo por el prójimo. El maestro espiritual considera que Jesús debe ser un arquetipo para todo sujeto revolucionario, porque no se debe intentar evitar los conflictos inevitables sino hacerle frente al Poder. La articulación Gautama-Jesús devela entonces que un Cristo (Mesías) puede dejarse atrapar e incluso crucificar, pues este autosacrificio es un acto por los demás.[9]

Según el Maitriyana, tanto Gautama como Jesús se encaminaron hacia la muerte como Seres Despiertos (Buddhas). Consecuentemente, sus muertes deberían ser percibidas como un autosacrificio, siendo un regalo ofrecido hacia la vida del prójimo y hacia las posibilidades latentes de toda la humanidad. El Ecumenismo Budista enseña que éste es el significado oculto del autosacrificio de los sujetos revolucionarios.

Por ende, una de las heroínas de la articulación Gautama-Jesús fue Nhat Chi Mai, quien se autosacrificó en mayo de 1967. Esta joven activista practicó meditación libertaria durante mucho tiempo antes de entregar su vida a la causa revolucionaria del pacifismo, preparándose para este acontecimiento no sólo con la compañía de sus padres sino también con la contemplación libertaria de la imagen de la Virgen María y una estatua de la Bodhisattva de la Compasión Quan Am (Guanyin). Incluso pocos segundos antes de autosacrificarse, ella leyó un poema con estilo Maitriyana, solicitando ayuda a estas figuras arquetípicas y ancestrales del Amor Espiritual con el fin de cumplir con su Propósito (Dharma). El Ecumenismo Budista reconoce a la aprendiza Nhat Chi Mai como un exponente estremecedor de la causa pacifista de la articulación Gautama-Jesús. Sin embargo, el catolicismo ortodoxo ha considerado a su obra poética como propaganda comunista.[10]

Evidentemente, mientras el practicante contemplativo que forma parte de la causa del pacifismo libertario está capacitado para comprender y valorar el acto transpersonal del autosacrificio, los sujetos religiosos que se encuentran fuera del movimiento revolucionario del Maitriyana no pueden hacerlo. Sin embargo, el Ecumenismo Budista es una forma de dialogar con el catolicismo y evangelismo, orientando a estos movimientos hacia la lucha pacifista. La articulación Gautama-Jesús es una variación de la Espiritualidad Contemporánea que permite interpretar la realidad tanto desde la postura budista como desde la cristiana. Incluso, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) enseña que, siguiendo el modelo de un Cristo (Mesías), Nhat Chi Mai murió por los demás.[11]

Por ello, una persona religiosa puede llegar a sentirse profundamente conmovida por la explicación que realiza el Maitriyana sobre el acto transpersonal del autosacrificio, ayudando a visualizar un significado que pocos católicos han podido observar en Jesús, al cual se lo ha idolatrado más por sus milagros que por sus enseñanzas y su entrega pacífica a la causa revolucionaria de la Compasión.

El Ecumenismo Budista es un trabajo conjunto que revitaliza a la comunidad de aprendices y maestros espirituales, logrando captar que el autosacrificio puede ser comprendido mucho mejor por medio de la articulación Gautama-Jesús. De este modo, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) revela la Verdad profunda que implica el ofrecimiento de Jesús a la vida.[12]

Las religiones pueden percibir y sentir la vida y la Espiritualidad desde una perspectiva nueva a partir del Ecumenismo Budista, llegando incluso a comprender mejor su propia tradición gracias al diálogo con los maestros espirituales. El Maitriyana acontece en un momento crucial de la historia de la humanidad, más precisamente en una etapa de transición entre el Apocalipsis capitalista y la próxima civilización dhármica. En efecto, la guerra capitalista está por finalizar y pese a que el futuro del mundo aparece incierto, la articulación Gautama-Jesús muestra que es posible crear una Tierra Pura o un Reino de los Cielos.

[1] Thich Nhat Hanh, Love in action: writings on Nonviolent social change.

[2] Robert H. King, Thomas Merton y Thich Nhat Hanh: Espiritualidad Comprometida en la era de la globalización.

[3] Thich Nhat Hanh, Love in action: writings on Nonviolent social change.

[4] Thich Nhat Hanh, Vietnam: lotus in a Sea of fire.

[5] Robert H. King, Thomas Merton y Thich Nhat Hanh: Espiritualidad Comprometida en la era de la globalización.

[6] Thich Nhat Hanh, Vietnam: lotus in a Sea of fire.

[7] Robert H. King, Thomas Merton y Thich Nhat Hanh: Espiritualidad Comprometida en la era de la globalización.

[8] Robert H. King, Thomas Merton y Thich Nhat Hanh: Espiritualidad Comprometida en la era de la globalización.

[9] Thich Nhat Hanh y D. Berrigan, The raft is not the shore: conversation toward a Buddhist-christian awareness.

[10] Robert H. King, Thomas Merton y Thich Nhat Hanh: Espiritualidad Comprometida en la era de la globalización.

[11] Robert H. King, Thomas Merton y Thich Nhat Hanh: Espiritualidad Comprometida en la era de la globalización.

[12] Thich Nhat Hanh y D. Berrigan, The raft is not the shore: conversation toward a Buddhist-christian awareness.

Análisis Zen

* ANÁLISIS CON ORIENTACIÓN BUDISTA ZEN

El Psicoanálisis contemporáneo ha trascendido el campo de la psicología para instaurarse como un Discurso aparte de la Ciencia, como una praxis metapsicológica de la Existencia. Así, arribó a un tipo diferente de Discurso, abarcativo y aprehensivo de lo Real, de lo inefable y esencial. Pero su movimiento fue convergente con otras prácticas, entre las cuales destacamos a la Fenomenología Existencial, la Antifilosofía, la Psicología Social, la Psicología Transpersonal y el Budismo Zen. De esta manera, el Discurso Analítico-Existencial, del cual forma parte el Psicoanálisis, estaría conformado por disciplinas afines tendientes al restablecimiento del Ser, reconciliándolo con su Sentido oculto y latente, es decir, su Verdad.
Pero este Camino analítico no es nuevo, como bien lo avisoró Heidegger, sino que es concordante con la Vía Búdica Zen, la milenaria práctica que condensa toda la Fuerza y potencialidad de lo Existencial. Sendero que, mucho antes que el Psicoanálisis, supo encontrar en la Sublimación la forma de Curar al $ujeto Neurótico (sujeto del Discurso del Amo, religioso y capitalista). Con lo cual, la poética Meditación Analítica se convirtió en el instrumento de Aprendizaje (Salud Dialéctica psicosocial) de todo analizante, de todo sujeto que se cuestione y haga-frente a su alienación, desbloqueando los estereotipos y formas defensivas del Yo mediante el atravesamiento fantasmático, es decir, mediante el desvelamiento de la Maya.
Por ello, tanto el Budismo Zen como el Psicoanálisis Lacaniano plantean una nueva modalidad del Ser, un $ujeto que habite el Arte y Sea-en-el-mundo artísticamente. Esta es la Estructura Sublimatoria Existencial, opción trascendente a las estructuras de la neurosis, la perversión y la psicosis. Es una manera de percibir al Ser y al Mundo totalmente diferente a las anteriores, producto del reencuentro con el Sentido y Propósito de la existencia. Ergo, el $ujeto que vive desde la Estructura Sublimatoria es el $ujeto que ha sido Liberado de su Neurosis, aprehendiendo el Vacío y viviendo desde la Incompletud e infelicidad de la cotidianeidad, o sea, el $ujeto que mediante la Iluminación analítica pudo trascender la alienante estructura social sin irse del mundo.

¿Qué tipo de sujeto iluminado planteamos los que somos Maestros y Analistas Budistas? Se trata de un $ujeto que ha confrontado lo REAL, es decir, el rasgo traumático y esencial de la ex-sistencia. Se trata de un $er que ha aceptado su Falta, su Escisión primordial, su Vacío, aprendiendo una nueva forma de percibir la vida. Esta manera de ser-en-el-mundo es siempre Sublimada, trascendiendo los Imaginarios y neuróticos polos opuestos en pos del alcance de una Unidad dialéctica con uno, con los otros y con el Todo.
Así, el $ujeto iluminado por la Verdad puede reconciliarse con la Angustia que implica existir y ser en un universo frustrante, impermanente e insubstancial. Sólo tras haber reconocido este hecho ineludible, el iluminado vive Rectamente manteniendo un acuerdo ético con el Sentido y Propósito de su existencia, o sea, con la Muerte y la Nada absoluta.
Pero esto no implica que el Iluminado sea un $ujeto a-problemático, que nada lo aqueje o moleste. Al liberarse de su miseria neurótica que lo ataba al pasado llevándolo a buscar satisfacciones infantiles imposibles, el Iluminado puede vivir enteramente en el presente, desapegándose y desidentificándose de las karmáticas repeticiones de vivencias y modelos pasados de conducta y pensamiento. De esta manera, los que hemos arribado a una estructura sublimatoria e iluminitativa, analítica y existencial, al trascender las limitaciones defensivas del Yo y de las representaciones internas, seguimos teniendo problemáticas que nos aquejan pero nuestra actitud frente a ellas es sumamente diferente, pues, aprendemos de los problemas, nos nutrimos de su sabiduría y crecemos gracias cuanto más alto sean los obstáculos que se nos presentan.
Por ello, el único Sentido de la vida es vivirla plenamente, Aprendiendo de ella constantemente al decodificar los mensajes que nos presenta cada momento, devolviendo al universo sabiduría y serenidad ante un mundo precario y decadente, pero magnífico y bello a la vez. Como enseñan los maestros, sólo es un iluminado el que ha precibido a la insignificante flor como a un glorioso milagro.

Los $ujetos deben avanzar hacia una nueva percepción del mundo, el ideal fin analítico de Reconciliación y Reintegración con la Fuerza y el Propósito de la Existencia mediante el Proyecto de Transpersonalización subjetiva.
Para ello, las religiones de dios y el discurso socioneurótico deben desvanescerse, dando paso al verdaderamente Espiritual, Sublimado y Realizado Superhombre analítico-existencial, $ujeto-$intético iluminado y resurgido de las cenizas del antiguo mundo. Así, la destrucción predestinada de las estereotipadas concepciones y estructuras subjetivas llevará al placer de la resurrección.
La verdadera forma que nos trae la angustiante Revelación, restituye al $ujeto a su forma verdadera, el Vacío y la Nada, mediante la Serenidad del alma Libre y Espontánea en la quietud meditativa.
Allí, en la feliz soledad existencial del Abondono del Yo, el $ujeto puede resaber su Razón de vivir y experimentar su Verdadero Sí-Mismo. La meditación permite entonces transcender la falsa mismidad, los roles asignados por el medio, para percibir el ser indivisible e intangible. Si bien el $ujeto se ha construído a través de los lazos y las interrelaciones con los demás, los vínculos espaciotemporales que dan forma al Yo, también existe algo más, algo que todavía no ha visto pero que se encuentra latente, es decir, su Verdadero Ser. El $ujeto no quiere aceptarlo y trata de evadirse de él debido al miedo, porque quizá no tenga forma humana y su ser presente desaparecería. El miedo, en definitiva, es la experiencia inmanente del angustiante saber estructural del Ser, es decir, el contacto con su Nada, el origen y fin de la vida significante.
Por lo cual, el Proyecto de Transpersonalización propone un Camino Medio suplementario del sentimiento de complementación físicomental. La Liberación hace que el Ser parezca evanescerse en la existencia, ampliándose y siendo uno con el mundo que lo rodea. Al vivir desde la Vacuidad se aprendería de lo Real, lo que los $ujetos habían perdido, lo que había desaparecido y dejado un hueco en su Ser, la carencia causante de la ansiedad y el miedo, reaparece para volver a todos los entes a la Nada. Aunque es inevitable buscar escapar de ese vacío y sus causas, la oscuridad permanecerá mientras sea solo un humano infeliz y desdichado con miedo de comunicarse consigo y con otros.
Pero en realidad, no es un regreso a la Nada, sólo un regreso dialéctico al estado en que comenzó la existencia, nada menos que un retorno a la Vital Madre primigenia perdida. Para eso estamos aquí los Maestros, para servir de guía a los aprendizes que deseen unirse con la Fuerza y el Propósito, obteniendo una estructura Nirvánica de la frustrante, impermanente e insubstancial vida social. El objetivo final de nuestra praxis no es otro más que Eso. Este es el Plan de Transpersonalización Existencial.

Desde la perspectiva del Análisis Budista, la única manera verdadera que tiene el $ujeto de existir y sobrevivir frente a la difícil realidad es la de hacer-frente (gegenstand), posicionándose en la vida de una manera revolucionaria, anárquica y libre. Este es el objetivo del Proyecto de Transpersonalización Subjetiva, el Aprendizaje de una nueva forma de confrontar y vencer la soledad y el miedo existencial, síntomas del Vacío nuclear del $ujeto.
Sólo reconociendo este hecho frustrante, de que la búsqueda del placer es un camino primitivo que intenta infantilmente llenar el hueco del Ser, el $ujeto podrá desevadirse, no intentar mitigar su dolor con otros y encontrar un poco de Serenidad.
Esta es una terrible Verdad: el Ser-ahí no puede eliminar su tristeza y angustia porque en el fondo de su Ser está solo y aislado. Pero al ocultar y olvidar este rasgo de la vida, mediante yoicas representaciones ideales e ilusorias, encuentra la fuerza para seguir viviendo. Ahora bien, lo que los Mestros enseñan es precisamente el desolvido y desocultamiento de esta Verdad traumática que ha convertido a los $ujetos en simples objetos neuróticos de una maquinaria social opresora. Este nuevo reconocimiento reintegra al Ser a la Fuerza, al Propósito, mediante la enseñanza de un estado subjetivo abierto que tolera sublimatoria y estoicamente la insatisfacción y el sufrimiento. Así, se reintegra un aspecto de la vida que había sido escindido y forcluido del Ser tan frágil y tan digno de ser amado.
La esperanza del futuro humano siempre está ligada con el sufrimiento. Sólo dejando-Ser y muriendo iniciáticamente es posible un renacer subjetivo, una nueva modalidad de sentir la experiencia. Eso es lo único que nos importa a los Maestros: el futuro, para eso vivimos… para desequilibrar la ecuación socioneurótica que ha reducido a los seres a sistemas cerrados.
Pero solo merece existir el que DESEA vivir realmente, aquí y ahora, abandonando la esperanza de un ideal o cielo que justifique la vida, una falsa promesa que oculta el deseo narcisista de desexistir y morir, es decir, de Ser-Uno, o como diría Sartre, un deseo de Ser Dios.
A los $ujetos les Falta algo, les produce miedo y preocupación y por eso buscan en los otros su parte perdida. Unificarse, fundirse y complementarse es el imposible proyecto de la vida social e intersubjetiva. A esto se debe la vida en comunidad, a la imposibilidad de vivir solos. Por eso la vida es difícil y triste; por eso se busca afecto y compañía de otros.
Pero sólo a través de la transpersonalización los $ujetos pueden realizarse, porque es la única forma genuina de existir. Una vida que acepta y abraza la insatisfacción existencial, la tristeza y la melancolía en pos de un estado más aceptativo de la fluctuación y del fluir espaciotemporal, es decir, del cambio. Así se deja de evadir y huir del sufrimiento y se lo recibe como un aspecto esencial de la vida intersubjetiva, como un aspecto imprescidible que resignifica la totalidad de lo experienciado. Esta reconocimiento liberador del Ser se realiza mediante la comprensión de las causas interiores y el POR-QUÉ, las únicas herramientas frente a la soledad, infelicidad, frustración, impermanencia e insubstancialidad de la realidad.
Sólo mediante este camino la realidad puede cambiar de vez en cuando. Esta es una de muchas verdades.

Maestro Budista Maitreya

Psicoanálisis Existencial Budista

Psicoanálisis Existencial Budista: Gautama con Sartre

El modo correcto de entender al Psicoanálisis Budista es que se trata de la articulación de borde entre metapsicología y metafilosofía inherente a la transformación mental generada por el acto analítico contemplativo. Así, el Maitriyana tiene el Propósito (Dharma) de renovar las condiciones y el lenguaje de la Espiritualidad a través del Discurso Analítico Existencial Libertario (Buddha-Dharma-Sangha) y su proyecto de evolución de la consciencia y emancipación de las posibilidades del sujeto. El Psicoanálisis Budista se trata pues de una disciplina relacionada con el singular pensamiento abierto por Siddharta Gautama y Jean Paul Sartre, cuya perspectiva transcultural tiene consecuencias psicológicas, filosóficas y políticas de gran envergadura. Tanto Gautama como Sartre desarrollaron un pensamiento que no emergió en el ámbito universitario, sino que estuvo presente en el campo social, llegando incluso a compartir el hecho de que inicialmente pasaron etapas de ostracismo, pues mientras uno estuvo inmerso en prácticas ascéticas el otro estuvo en un campo de concentración. Por ello, el Maitriyana confirma que la articulación Gautama-Sartre trasciende la mera fundación de una escuela psicológica o filosófica para construir un verdadero estilo de vida, el cual es efectivamente un decisionismo espiritual en tanto práctica y teoría de la Elección.

La meditación analítica transforma la mente por medio de un captable consentimiento de la insondable decisión del Sí-Mismo, posicionando un nuevo ser humano con la intervención del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva). De esta manera, la lección del maestro espiritual es que el único modo de alcanzar la Cura (Nirvana) de la neurosis, psicosis y perversión es con el advenimiento de una nueva estructura subjetiva: la Sublimación o Despertar (Bodhi). Esto se debe a que ninguna identificación psíquica es permanente, perfecta y sustancial, siendo más bien un signo operativo de la decisión del Ser. Estas formulaciones analíticas existenciarias muestran que en la ética del Camino Medio hay una interdependencia entre estructura y elección al momento de teorizar la subjetividad, simultáneamente preparando las condiciones para una genuina síntesis dialéctica del Existencialismo con el Estructuralismo. Así, el Psicoanálisis Budista es un cosurgimiento con la enseñanza del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), trascendiendo los polos opuestos del libertinaje y la sobredeterminación. Esto significa que cuando el aprendiz se sumerge en la experiencia analítica contemplativa descubre que lo único que lo puede apresar y determinar no es el mundo exterior sino su propia decisión o deseo inconsciente. Así, en el Maitriyana, a través de la articulación Gautama-Sartre, la idea de Liberación y Cura (Nirvana) se conjuga con la idea de estructura y determinación. Por lo tanto, practicar Psicoanálisis Budista es tomar consciencia del oscuro Propósito (Dharma) del Ser, comprendiendo que la causalidad psíquica o repetición (karma) del sufrimiento es algo que el sujeto puede abandonar o desapegarse por medio de la meditación analítica que aporte al aprendiz un Sentido de Responsabilidad sobre la propia vida. El Maitriyana es entonces el antídoto de la enfermiza y alienante creencia metafísica en un Destino no elegido.

El Psicoanálisis Budista es un análisis existencial perteneciente al campo humanista, por lo que se libera del quietismo a través de la práctica analítica contemplativa, comprendiendo que la única determinación de las leyes de la historia son los caminos de la Libertad. El trabajo artístico, precisamente, ayuda a que el sujeto aprenda el arte de la Sublimación (Nirodh) de todas las situaciones desbordantes y atrapantes, convirtiendo al sufrimiento a través de la sabiduría compasiva (prajña-karuna). Así, la intervención del maestro espiritual es una lectura de resistencia ante el poder alienante tanto del mundo externo como interno. Por ello, el Discurso Analítico-Existencial-Libertario (Buddha-Dharma-Sangha) del Maitriyana tiene la gran posibilidad de renovar el panorama de la psicología, filosofía y política. Esto muestra en gran medida el coraje espiritual del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), sosteniendo una posición revolucionaria y transformadora del pensamiento al producir el descentramiento del ser humano. Aunque se enseña la ética del conocimiento de sí mismo, el Psicoanálisis Budista abandona al Ego como centro y amo de la consciencia, produciendo una subversión y descentramiento del aprendiz. Luego de la deconstrucción de la subjetividad, el Maitriyana libera la mente de la creencia ilusoria en un Otro Trascendental (Atman). Las consecuencias de este vaciamiento no sólo son el agnosticismo ante la existencia de Dios, sino también la vivencia de que la única garantía con respecto a lo que sucede es la propia Libertad. En este sentido, el Psicoanálisis Budista es agnóstico y no busca garantías metafísicas para la existencia libre e iluminada del Sí-Mismo. Sin embargo, esta inexistencia o Vacuidad del Otro (Anatman) no conduce al mero nihilismo, pues es reemplazada por las leyes de la razón mística y por las condiciones perennes de la sabiduría compasiva (prajña-karuna) de un sujeto que se ha reconciliado consigo mismo. A partir de la articulación Gautama-Sartre, la tesis central del manifiesto analítico existencial del Maitriyana es que una Verdadera Espiritualidad es cuando acontece la práctica de la Responsabilidad en la escena de la vida.[1]

El Psicoanálisis Budista formula que no hay esencia que precede a la existencia, sino únicamente elecciones y acciones. Esto implica que el Maitriyana es una ciencia mística que abandona las ideologías metafísicas y materialistas para producir la desrrepresión en el aprendiz. En este sentido, el maestro espiritual libera al ser humano de todo sentido de destino y sustancia, haciéndole comprender que se encuentra vacío de esencia y por lo tanto libre para poder construir su propia vida. Así, la meditación analítica conduce siempre a la Responsabilidad Existencial del sujeto por su Camino en el mundo.

En concordancia con Lacan, la articulación Gautama-Sartre muestra que el acto contemplativo se relaciona con un pase desde la certeza angustiante a la acción espontánea, lo cual implica que consciente o inconscientemente el aprendiz siempre se elige a sí mismo, incluso en cada circunstancia desventurada de la vida. Por lo tanto, el Psicoanálisis Budista afirma radicalmente que las leyes de la historia son determinadas por la ineliminable Libertad del Ser. Sin embargo, el Ego parece ceder y entregar al mundo la Libertad intrínseca del Sí-Mismo, motivo por el cual para el Maitriyana el Yo es una estructura de mala fe que instaura un sistema determinista de excusas o mecanismos defensivos que reprimen la autorrealización o Despertar (Bodhi) inherente del Ser. La articulación Gautama-Sartre del Psicoanálisis Budista no niega que haya determinaciones psíquicas, sino que más bien aclara que las mismas son asumidas o elegidas por el sujeto a medida que se hace a sí mismo en el mundo. De este modo, según el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), la Responsabilidad de la propia situación es siempre del aprendiz ante cada elección tomada, siendo la excusa o la justificación un proceso de mala fe del Ego. Así, la Cura (Nirvana) de la enfermedad de la mala fe es la angustia de la Vacuidad, que es la vivencia de la falta-en-Ser o ausencia de esencia. Por ello, en el Maitriyana no hay elecciones que provengan de antemano, diferenciándose de la creencia en el alma o en las vidas pasadas. De esta manera, en el Psicoanálisis Budista la repetición (karma) es una causalidad o determinismo psíquico que nace con una identificación inconsciente o elección originaria, no siendo de ningún modo la mera reiteración de elementos heredados. No obstante, el maestro espiritual aclara que esta elección no es realizada conscientemente por el sujeto, sino que más bien es inconsciente, pues la elección es lo que constituye y estructura a la mente. Comprender esta Liberación intrínseca es una experiencia que la articulación Gautama-Sartre llama angustia de la Nada. Así, al Maitriyana no se le puede reprochar ser pesimista o nihilista, pues más bien se trata de un movimiento profundamente optimista, defendiendo que cualquiera que sea la situación mundana el ser humano siempre puede elegir.[2] Obviamente, este encuentro con uno mismo, con lo Real del Ser como campo vacío de determinaciones instintivas pero lleno de Libertad existencial, es algo que produce angustia en el aprendiz por ser llevado ante su elección fundamental o Propósito (Dharma). Así, la articulación Gautama-Sartre del Psicoanálisis Budista capta esta angustia existencial por medio de la práctica de la meditación analítica, extendiendo la responsabilidad del sujeto al desapegarlo de la mala fe del Yo.[3] Efectivamente, la idea de la transpersonalización del aprendiz es el escenario de toda la práctica y teoría del decisionismo en la articulación Gautama-Sartre, mostrando que la desrrepresión del sujeto de lo inconsciente es una transformación ética que sublima la pulsión de vida y muerte y que está vinculada con la apertura y cierre del Ser. En la medida en que el ser humano está condenado a ser libre por su vacío de esencia, la decisión es forzada en la constitución originaria de la mente. Pero luego de la operación alienación-separación aparece la Sublimación (Nirodh) como nueva instancia de elección no-forzada que es el saber hacer ahí con el síntoma.[4] Este tipo de decisión existencial es el Ser como Acontecimiento que posiciona al aprendiz en un más allá del Ego, respondiendo al Propósito (Dharma) o a la Voluntad con una fidelidad supraconsciente y auténtica. Esto conduce a la dimensión heroica del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) como alguien que toma las riendas de su destino. Por supuesto, esta Liberación requiere un pase por la experiencia del Despertar (Bodhi), abandonando la mala fe o fantasía (maya) del Yo para alcanzar la angustiante transformación de la Cura (Nirvana). Por ello, la articulación Gautama-Sartre afirma que la elección existencial es algo completamente distinto del querer, del anhelo o de la decisión yoica, siendo más bien un acto no-voluntarista, inconsciente e intersubjetivo.[5] Por lo tanto, el maestro espiritual comprende perfectamente esto afirmando que en toda elección hay una elección por la humanidad entera.

En concordancia con Sartre, el Psicoanálisis Existencial Budista tiene un gran respeto por Freud y Lacan, considerando que lo verdaderamente importante en la práctica analítica contemplativa es la falta de Ser junto con la experiencia fáctica del ser para la muerte como finitud, elección y responsabilidad.[6] No obstante, la diferencia de la articulación Gautama-Sartre con Sigmund Freud es que se centra en el Deseo (Kama) y no en cada uno de los anhelos o inclinaciones del sujeto, estando así el Maitriyana mucho más cerca de Jacques Lacan. Por ello, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) funda el Psicoanálisis Budista con un desapego de la avidez mundana, considerando simultáneamente que lo más auténtico de la experiencia del pensar se da en la relación dialéctica y transferencial con otro. A partir de esta meditación analítica el Maitriyana conduce al aprendiz a comprender su Elección originaria e inconsciente, por lo que el sujeto alcanza el Despertar (Bodhi) cuando se vacía de las justificaciones yoicas y acepta su Responsabilidad ante la existencia. El Psicoanálisis Budista es precisamente el modo en cómo el aprendiz descifra e interpreta retroactivamente su Falta de Ser,[7] que es el suelo vacío y angustiante de la mente, considerando que la elección no es resultado de la reflexión consciente. De este modo, la elección no-reflexiva propuesta por el Maitriyana concuerda con Freud, Heidegger, Sartre y Lacan. En efecto, el Psicoanálisis Budista de la articulación Gautama-Sartre es el Camino que conduce a cada sujeto frente a su elección originaria, lo cual a su vez desidentifica al aprendiz del síntoma de la disfunción y la perturbación para reconciliarlo con el sentido gozado del síntoma de la cotidianeidad y la frustración (dukkha). Bajo la enseñanza del maestro espiritual, la insatisfactoriedad, la impermanencia y la insustancialidad son el sostén de la existencia propia, siendo el modo en cómo es contenida la vida humana. Por ello, cuando Freud afirma que donde Eso estaba el sujeto debe advenir, el Maitriyana establece que en lo Real de la insatisfacción (dukkha) se debe sostener el Ser.[8] De esta manera, la estructura sublimatoria de la Cura (Nirvana) es la transformación analítica existencial del aprendiz que se construye contemplativamente en el saber hacer ahí con el síntoma como Reconciliación (Maitri) con la frustración (dukkha) de la vida. Sólo así se comprende el motivo por el cual el Psicoanálisis Budista de Siddharta Gautama es un itinerario sartreano-lacaniano que conduce a la evanescencia de la dimensión patológica y masoquista del Goce, purificando la mente hasta que el malestar quede reducido a la presencia de la palabra que sostiene la existencia. Por lo tanto, la ética del Maitriyana para la reconciliación (maitri) con el síntoma se vincula a la definición de Amor Espiritual no sólo como amar la presencia de la semilla del Despertar (Bodhi) en el otro, sino más bien como amar las marcas que hay en el otro del vacío o falta de completud, lo cual es nada menos que amar al prójimo porque él sufre y está incompleto del mismo modo que uno. Así, el nuevo tipo de respeto que hay en la última enseñanza de Lacan,[9] según el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), no es más que la sabiduría compasiva (prajña-karuna) hacia lo Real o Fundamento Dinámico Vacío de la existencia de todos los seres.

La existencia es imperfecta, impermanente e insustancial, por lo que cada ser humano es único, irrepetible y singular.[10] Sin embargo, el campo del lenguaje precede a la existencia del sujeto, capturándolo e imponiéndole un modo de satisfacción anómalo y sin utilidad. La teoría de la incompletud inconsciente es precisamente un modo de concebir la Vacuidad del ser humano por la captura del lenguaje, por lo que resulta imposible establecer la satisfacción del Deseo como completud. Así, el Psicoanálisis Budista revela que lo inconsciente es incompleto, conectando lingüísticamente el ámbito del Sentido con el del goce en una relación de unión y separación. Por ello, la aceptación ética de lo reprimido es tener el coraje de aceptar la fractura existencial o Vacío-de-Ser.

Las tres determinaciones del existir, que son la imperfección, impermanencia e insustancialidad, imponen la imposibilidad de completud, siendo esta fractura de la subjetividad una escisión inaugural incurable que transpersonaliza la existencia al no permitirle estar sólo consigo misma. Esto implica que la vida humana es vincular o que el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Pero frente a la imposibilidad de lograr una identidad completa, el maestro espiritual enseña que la reflexión consciente o dominio del Yo no es más que un ilusorio proceso de autocontrol que reprime el Ser como ausencia. Este exilio de toda sustancialidad deja una huella transhistórica en la mente a partir de la cual se convoca a las palabras que pretenden suturar la falla o vacío incurable de la existencia. Ante esta imposibilidad de establecer una relación perfecta, permanente y sustancial con la vida, el aprendiz sólo puede encontrar un cierto grado de paz en la experiencia de reconciliación (maitri) con el vacío en tanto Verdadero Ser. Esta relación de Libertad se postula con la fórmula universal de la interexistencia de todos los seres. Sin embargo, esta Totalidad-en-la-Nada no implica la ilusión del goce absoluto y sin fallas. Por lo tanto, para el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), más allá del placer no hay más que un intento por capturarlo todo y retornar a una unidad perdida y una completud fantasmática. Pero este intento por colonizar el vacío de la existencia está condenado al fracaso, pues la Nada-en-Ser no puede ser borrada ya que es lo único perenne en el ser humano. No obstante, el acontecimiento del Sí-Mismo está reprimido por la repetición (karma) de la pulsion en su búsqueda infructuosa de completud a través de múltiples objetos suplementarios que proveen un frágil e inestable sentido de identidad personal.

El Amor Espiritual, por su parte, es un vínculo social sano que instaura una nueva estructura elemental de parentesco, vaciando al sujeto de las identificaciones con el pasado por medio de dispositivos éticos-disciplinarios que constituyen diversas modalidades de responsabilidad o hacerse cargo del vacío irreductible.[11] El estilo de vida de la Espiritualidad Analítica es la Cura (Nirvana) del aspecto mortificante de la repetición (karma), siendo la ética del cuidado de sí la reconciliación (maitri) con el Deber o Propósito (Dharma) del Deseo, cuyos objetos nunca logran satisfacer o llenar el hueco o vacío del Ser. Así, la Sublimación (Nirodh) del Deseo conjuga un saber hacer ante la ausencia de sentido y completud en el mundo interno y externo, dándole consistencia ontológica a la identidad despierta del maestro espiritual como respuesta no-sintomática al Deber o Propósito (Dharma) del Deseo. Por lo tanto, el Despertar (Bodhi) conduce a una forma de satisfacción armónica y ética porque deja de asociarse al goce masoquista y sintomático del individuo normal. Esta es la Cura (Nirvana) del síntoma o sufrir (dukkha) que es propio de la identidad ordinaria construida sobre la represión de lo Real como existencia imperfecta, impermanente e insustancial.

En un mundo neurótico que impone a la vida cotidiana materialista con el fin de intentar eliminar la huella del Ser, el Maitriyana realiza la pregunta por el propio Sí-Mismo o existencia a través de la experiencia angustiante de la Vacuidad como Libertad originaria o falta-de-fundamento. La experiencia de meditación analítica de la angustia, referida a la presencia del Ser Nada (Sunyata), remite inexorablemente a la elección del estilo de cómo vivir y morir. Por ello, la angustia entendida como algo distinto del mero miedo es verdaderamente una oportunidad de cambio y renovación del Propósito (Dharma) existencial, pues hace referencia al vacío o desamparo esencial de la vida del aprendiz cuya estructura es inexcusable.

En torno a la articulación Gautama-Sartre se deconstruye al sujeto, captando la encrucijada constitutiva de la mente tejida por el lenguaje vincular. La contemplación analítica abre a una experiencia donde la existencia se revela como insatisfactoria, impermanente e insustancial, donde el aprendiz que alcanza la singularidad del Despertar (Bodhi) nunca está consigo mismo de forma sustancial, firme y sin fisuras. Este desamparo o vacío estructural es el motivo por el cual la angustia o situación límite muestra cómo la existencia-en-el-mundo es una red de elección.

En concordancia con Freud, el Psicoanálisis Budista no busca el mero fortalecimiento del Ego o la reparación de sus averías, sino más bien la autorrealización del Ser Nada. Esto evanesce el apego identificatorio, la aversión esquivadora y la inconsciencia fantasmática por medio de la oportunidad de la crisis de angustia, cuya sorpresa ontológica está más allá de lo negativo al desbordar los mecanismos defensivos del Yo. Este impacto sublimatorio de la angustia es utilizado por la meditación analítica cuando confronta la Verdad de la propia existencia, que es la Apertura del Ser (Sunyata) como conocimiento cumbre (Satori) del Sí-Mismo y saber-no-sabido por el Yo.

Según el Maitriyana, la angustia remite al sujeto a su poder ser más singular, el cual es un Propósito (Dharma) que no puede ser apropiado por el Ego. En efecto, la angustia muestra al aprendiz su existencia tal como es, siempre vacía pero también siempre elegida. Por ello, la angustia opera sobre lo inconsciente, remitiendo a la castración ontológica o falla estructural que es la Falta de Ser o Fundamento Dinámico Vacío. Esto implica que no hay posible relación de completud entre sujeto y objeto. Así, la articulación Gautama-Sartre del Psicoanálisis Budista revela que la matriz estructural de la constitución subjetiva es un campo probabilístico de Libertad.

Aunque el materialismo concibe un Universo sustancial, la ciencia mística demuestra que tanto el mundo interno como externo son una existencia vacía o escindida, por lo que el individuo y el objeto se constituyen ambos sobre un agujero abismal e irreductible que trenza y vincula entre sí a todas las cosas. De esta manera, la topología del Maitriyana tiene como punto de origen al Vacío y la Apertura (Sunyata) que la angustia expresa frente a lo nuevo y oculto del Ser.

En la articulación Gautama-Sartre del Psicoanálisis Budista se concibe a la angustia como la imposible completud subjetiva que desempeña una función determinante en cómo la existencia es elegida ante la falta de instintos. En este sentido, el Yo es un velo o cobertizo (samsara) que intenta tapar la apertura topológica de lo Real que se llama Vacuidad (Sunyata) y que es incurable. En efecto, ningún aprendiz puede curarse del Propósito (Dharma) o Deseo insondable que la existencia elige en el mundo, sólo pudiendo alcanzar la Cura (Nirvana) de lo vano en la elección de sí mismo. Pero esta autorrealización o autoinvención debe lidiar en todo momento con la ausencia o falta de fundamento estático (anatman) que subyace a la transmisión generacional del malestar en la cultura.

[1] J. P. Sartre, El Existencialismo es un humanismo.

[2] Jorge Alemán, Notas antifilosóficas.

[3] J. P. Sartre, El Existencialismo es un Humanismo.

[4] Jorge Alemán, Notas antifilosóficas.

[5] Jorge Alemán, Notas antifilosóficas.

[6] J. P. Sartre, El Ser y la Nada.

[7] Jorge Alemán, Notas antifilosóficas.

[8] Jorge Alemán, Notas antifilosóficas.

[9] Jorge Alemán, Notas antifilosóficas.

[10] Jorge Alemán, Notas antifilosóficas.

[11] Jorge Alemán, Notas antifilosóficas.

El Psicoanálisis del Futuro

El Psicoanálisis del Futuro: la Cura Espiritual (Nirvana)

Siddharta Gautama fue decididamente un sujeto postmoderno, siendo un Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) que orientó el saber hacia un nuevo horizonte: el Despertar (Bodhi). Ésta fue la consecuencia directa de su propia experiencia analítica contemplativa. Al sumergirse dentro del campo de lo inconsciente (avidya), el estilo de su meditación analítica fue la escucha del Ser Reprimido que es la Vacuidad (Sunyata). Esto fue posibilitado por la emergente crítica y desmantelamiento de los fundamentos psíquicos del Yo. En la interpretación de su experiencia de la Cura (Nirvana), Gautama emerge como el pensador o psicoanalista más importante de la historia, llegando incluso a superar la huella de Freud y Lacan.

A través de la toma de consciencia de lo Real como imperfecto, impermanente e insustancial, el aprendiz se emancipa o libera del malestar patológico (dukkha) para asumir éticamente el Deber o Propósito (Dharma) del Deseo-de-Ser. La experiencia del Despertar (Bodhi) le impone al sujeto un quiebre con la razón ordinaria dualista, desplegando una razón intuitiva mística que examina el Ego de un modo crítico. Al igual que Freud y Lacan, el Maitriyana capta de un modo radical esta posición ética y sublimatoria que lleva al aprendiz hacia una nueva estructura subjetiva muy distinta de la neurosis, psicosis o perversión. Éste es el fin del análisis contemplativo, cuyo Camino transcurre por la subversión del sujeto y la experiencia singular de un decir y un hacer adecuado: el noble óctuple sendero, el cual permite entender por qué el Psicoanálisis Budista y su experiencia ética de la Cura (Nirvana) no pueden ser capturados por la psicología clínica, la filosofía académica, la ciencia materialista, la política gubernamental y la institución religiosa. En efecto, la articulación Gautama-Freud es una contraexperiencia transversal frente al egoísmo, dualismo y consumismo de la época actual.

Los rasgos propios de la postmodernidad del Maitriyana son la poetización de la naturaleza, la formalización del lenguaje paradojal, el proyecto espiritual de una razón intuitiva, el abandono del ente y de la mercancía, la Sublimación (Nirodh) en la obra de arte, el desarrollo de la ciencia en Voluntad ética de Liberación, la desidentificación de mecanismos fijos de conducta, la experiencia del fin de la historia, y la ascensión de los relatos de transformación. El denominador común de todos estos elementos postmodernos se caracteriza fundamentalmente por la construcción de lo que el Psicoanálisis Budista llama el Ser de la mística o maestro espiritual. Aquí, el aprendiz no se intenta captar reflexivamente sino que más bien es alcanzado por la Evanescencia (Nirvana) del apego, la aversión y la inconsciencia. Por ello, la Espiritualidad Postmoderna del Maitriyana es una contraexperiencia frente a la corriente del pensamiento ordinario, transformando y curando a la mente y la sociedad. Por ello, el Discurso Analítico Existencial Libertario (Buddha-Dharma-Sangha) del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) es un dispositivo postcapitalista que hace retornar el sujeto a su Verdad, expulsándolo de la servidumbre tanto metafísica como materialista. Esta operación es entonces la nueva esperanza de la humanidad, posicionando un ser desfundamentado y vacío de Yo, junto con una subjetividad capaz de sublimar el goce. Las consecuencias de esta nueva teoría de la mente son nada menos que la revolución de toda la sociedad desde sus bases mismas.

La meditación analítica permite desrreprimir o desocultar la falta de Ser (Anatman) del aprendiz, indagando en una nueva posibilidad de mente abierta. Pero esto obviamente implica una desidentificación hacia las formas actuales del síntoma, como las redes sociales de comunicación masiva, la creencia en las enfermedades físicas, la superficialidad de la autoayuda, el dominio de la segregación y la idea de que lo político es lo gubernamental. De este modo, el maestro espiritual trasciende todos los artificios y ficciones, siendo consciente en todo momento que nada debe hacer olvidar a la subjetividad de que es imposible completar su estructura existencial. Ser imperfecto, impermanente e insustancial son tres rasgos que en el Psicoanálisis Budista responden a la estructura del ser parlante (parlêtre) como un corte o vacío transversal en la historia del sujeto. Por ello, esta Nada reprimida es históricamente no-deconstruible, no pudiendo ser agotada jamás en un saber absoluto realizado por cualquier práctica que exista. Sin embargo, el Maitriyana nunca deja de mantener un trato con la Verdad de la vida, pues tiene la fuerza desocultadora y política de la contemplación analítica. Así, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) interroga la existencia por medio del arte místico. De este modo, el Psicoanálisis Budista vuelve a dar al aprendiz una experiencia de la Verdad inconsciente, asegurando al Discurso Analítico Existencial Libertario (Buddha-Dharma-Sangha) del Maitriyana como la Vía Única (Ekayana) que puede presentar la evanescencia de la ilusoriedad. Por ello, es necesario reafirmar que el Deseo sublimado y la imposibilidad de completud orientan la práctica del Psicoanálisis Budista más allá de la psicología clínica y la filosofía académica. Esto implica que la metapsicología y metafilosofía del Maitriyana desentrañan oportunamente una nueva interpretación de la contemporaneidad, permitiendo orientar la Verdad que acontece en la meditación analítica.

En tanto que la Espiritualidad Reconciliadora desarrolla una articulación entre metapsicología, metafilosofía y metapolítica, transformando espiritualmente a muchísimas disciplinas, el Psicoanálisis Budista emerge como el destino mismo de la práctica analítica contemplativa al ir más allá de lo meramente psicoterapéutico. Esto posibilita ofrecer la meditación analítica como una constante fuente de bienestar y Liberación para el ser humano. Por ello, el Maitriyana es un Discurso Espiritual con intereses psicoanalíticos, existencialistas y socialistas, mostrando cómo el Despertar (Bodhi) del mundo interior es la clave para la transformación del mundo de las ideas y para la revolución del mundo exterior. Así, paradójicamente, la Cura (Nirvana) del sujeto como trascendencia del Yo es asociado con la superación del dualismo y el Desapego del capitalismo.

Los antecedentes más interesantes del Psicoanálisis Budista son las obras de Erich Fromm, Jacques Lacan, Pichon Riviere y Jorge Alemán. Esta síntesis entre secuencias teóricas y prácticas de estilo freudiano, heideggeriano y marxista está demarcada por el sello espiritual de la epistemología y hermenéutica Maitriyana. En concordancia, en el Psicoanálisis Budista se encuentran una serie de indicaciones sobre la subjetividad que la alejan de toda metafísica o materialismo, sugiriendo el establecimiento de un estado de consciencia ampliada y superior (ECAS) para el aprendiz. De esta manera, el Maitriyana articula la Sublimación (Nirodh) de la pulsión con la técnica fenomenológica existencial y la liberación comunista libertaria. Esta articulación presenta las condiciones adecuadas para pensar de otro modo la psicología, la filosofía y la política, pero también la medicina, la ciencia y la religión. En las articulaciones y síntesis dialécticas del Discurso Analítico Existencial Libertario (Buddha-Dharma-Sangha) hay un entrecruzamiento de múltiples tradiciones prácticas y teóricas, por lo que no se trata de una especulación intelectual académica, siendo más bien un conjunto de Vías de un estilo de vida espiritual postmoderno que abre una nueva modalidad subjetiva y configura un nuevo vínculo social.

El Psicoanálisis Budista es una práctica que provee satisfacción ética y no goce masoquista sintomático, interviniendo en el mundo de la ilusión y la vanidad capitalista para fundar la posibilidad de lo Real y la Salvación. Así, es un deber para el Maitriyana atravesar la burbuja de la experiencia egoísta, dualista y consumista que alimenta el Discurso capitalista cuando fortalece al Yo y genera simultáneamente miedo a la decisión del existir. Ergo, el Psicoanálisis Budista contribuye a la estabilidad del planeta mediante una intervención analítica contemplativa contra las fuerzas del apego, la aversión y la inconsciencia. Así, este paradigma del Despertar (Bodhi) del Ser es la respuesta ética a un mundo regulado por intereses monetarios y militares. El destino del mundo depende entonces de los maestros espirituales, cuya vía de Salvación analítica y existencial introduce al sujeto dentro de lo Real. Por ello, apelando a la toma de consciencia del aprendiz sobre el hecho de que éste es esencialmente libre, el Maitriyana se posiciona decididamente como el futuro en el aquí y ahora que es propio de la temporalidad dialéctica paradojal enseñada por Lacan: lo que habría sido para lo que está llegando a ser.[1]

En tanto que el Psicoanálisis Budista es una práctica ética se sitúa radicalmente frente a la coyuntura mundial, pues una interpretación oportuna y atenta de los acontecimientos es en sí misma una posición activamente comprometida con el mundo. Únicamente desde esta base de Atención Plena ante lo que ocurre puede construirse un proyecto político emancipador y libertario, produciendo una nueva narrativa para la humanidad y una nueva subjetividad adecuadamente operativa o sublimatoria. Sólo esto puede transformar a las multitudes que están sumergidas en la codicia, el odio y el engaño. De esta manera, el Maitriyana tiene una metapsicología analítica y una metafilosofía existencial, pero también posee un movimiento metapolítico libertario que encarna el No-Todo.

Aunque ciertamente el Psicoanálisis Budista no está insertado en los medios de comunicación masiva, al igual que la vía abierta por Lacan, ser espiritual implica mantener siempre un desapego frente a lo que tiene un alcance masivo o popular, criticando todo lo que está gobernado por la lógica de la mercancía y el consumismo. De esta manera, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) prefiere una presencia discreta y humilde, pero simultáneamente sorpresiva y decidida. Esta transformación únicamente puede ser liderada por un sujeto que no olvida el carácter vacío, incompleto o inacabable de la Espiritualidad Maitriyana. Así, nunca será un rasgo de debilidad para el Psicoanálisis Budista el hecho de no participar en las ficciones masivas de la sociedad. Por lo tanto, las construcciones teóricas y prácticas del Maitriyana encuentran una narrativa adecuada para el futuro del mundo en su modo de subjetivación sublimatoria y en su estilo de vida espiritual. El Psicoanálisis Budista es entonces la revolución postpsicoanalítica del porvenir con la que Jorge Alemán y Pichon Riviere soñaron construir al trazar puentes entre la experiencia metapsicológica de la Cura (Nirvana) y el tratamiento metafilosófico de la subjetividad postmetafísica. Frente a las ofertas masivas de tratamientos psicoterapéuticos que sólo fortalecen el Ego, el Maitriyana mantiene una actitud de diferenciación, únicamente considerando una introducción válida la aplicación médica o psiquiátrica de la Atención Plena, pues la inspiración espiritual del Psicoanálisis Budista está a favor de hacer emerger la dignidad existencial y la ética analítica en los centros de salud. En definitiva, la práctica espiritual puede operar en cualquier ámbito, siempre y cuando se mantenga el Propósito (Dharma) radical del Camino del Maitriyana, transmitiendo una y otra vez el Despertar (Bodhi) en tanto fin de la experiencia analítica contemplativa. Por ello, el Psicoanálisis Budista no existe para adaptarse al mundo sino para transformarlo, abriendo una Vía ética para un futuro posible.

El Discurso Analítico Existencial Libertario (Buddha-Dharma-Sangha) es la perspectiva más verdadera por los riesgos intensos que lo acechan al crear una posibilidad de hibridación y síntesis de la esencia de las disciplinas más sabias y compasivas de la historia. Aunque efectivamente existe la posibilidad del extravío o la ruina, el Maitriyana saldrá victorioso,[2] porque encarna nada menos que el Destino de la Espiritualidad Analítica: la Cura (Nirvana).

[1] J. Alemán, Notas antifilosóficas.

[2] J. Alemán, Notas antifilosóficas.

Espiritualidad Maitriyana: la Revolución Postpsicoanalítica

Espiritualidad Maitriyana: la Revolución Postpsicoanalítica

El Psicoanálisis Budista habita un Discurso Analítico Existencial Libertario (Buddha-Dharma-Sangha) compuesto de diversas estrategias contemporáneas que integran la Espiritualidad Reconciliadora del Maitriyana. Ciertamente, el Propósito (Dharma) del Psicoanálisis Budista es transitar hacia el Despertar (Bodhi) del aprendiz, convirtiéndolo en un maestro espiritual. Pero esta finalidad analítica tiene un alcance radical cuando se establece su relación con prácticas existenciales y libertarias que también transforman la mente y producen una nueva subjetividad. Así, tanto el Existencialismo como el Socialismo contribuyen apasionadamente con el Maitriyana en la construcción crítica de un Postpsicoanálisis, intentando configurar una metapsicología radical con soporte espiritual en su producción sublime. Por ello, mediante la práctica de la meditación analítica, explícita o implícitamente se posiciona al sujeto en una política contracorriente a las normas dominantes del Discurso social. El Psicoanálisis Budista juega entonces una función de referente crítico en construcciones psicológicas, filosóficas y políticas.

La rúbrica del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) se siente inmediatamente en la posición de construcción postpsicoanalítica del Maitriyana, cuyo enemigo es el esencialismo yoico, metafísico y determinista. Por lo tanto, el movimiento postpsicoanalítico del Psicoanálisis Budista construye una experiencia subjetiva nueva y revolucionaria que reinventa la mente del aprendiz y transforma su red vincular anteriormente determinada por mecanismos históricos y estratégicos del Poder social. De esta manera, la práctica analítica contemplativa es un Contrapoder en tanto instancia productora de subjetividad sublimada. Debido a que el Maitriyana muestra que no hay esencia humana sino sólo Fundamento Dinámico Vacío, se construyen dispositivos místicos que reúnen lo aparentemente dividido, estimulando el conocimiento cumbre (satori) reprimido por el Poder social productor de subjetividad ordinaria. Esto implica que el Psicoanálisis Budista reorienta la subjetividad hacia el estado de consciencia ampliada y superior (ECAS) de la Sublimación (Nirodh) o la Cura (Nirvana). De este modo emerge una nueva e inesperada forma de mente que finalmente se desidentifica de las apropiaciones que el Poder realiza. Por consiguiente, la práctica de meditación analítica provoca y prepara gradualmente el ámbito para el emerger súbito de una subjetividad libre e iluminada frente a los códigos normativos del imperio capitalista.

Indudablemente, son muchos los aspectos en los que la enseñanza de Siddharta Gautama precedió a Sigmund Freud y Jacques Lacan, como el examen efectuado sobre el sujeto del inconsciente, la transformación ética del aprendiz, la incompletud e imposibilidad del Saber Absoluto, el modo de la función ilusoria del Ego, la crítica al desarrollo evolutivo biológico del ser humano, la concepción del vacío como lo único natural, la presencia de la locura en la mente ordinaria, la Sublimación (Nirodh) de lo libidinal, la desfundamentación del anhelo de completud, y la distinción radical de lo analítico con respecto al fortalecimiento psicoterapéutico del Yo. Estas secuencias constituyen itinerarios metapsicológicos del Camino del Maitriyana más allá del dominio clínico y opresivo de la psicología y psiquiatría. Al tomar la decisión de respetar las lecturas de Freud, Lacan y Foucault, el sentido del Psicoanálisis Budista se mantiene como un estruendo que debe ser escuchado, estremeciendo al mundo al demostrar que el sujeto es vacío, escindido e interexistente, no teniendo un origen absoluto (Atman) sino una función incesantemente dinámica. Al plantear una subjetividad vacía e interexistente, el Maitriyana reconoce al Verdadero Sí-Mismo como un Fundamento Dinámico Vacío, pues el aprendiz es acercado a la experiencia de lo Real como insatisfactorio, impermanente e insustancial, siendo esta vivencia traumática y angustiante la incesante y perenne posibilidad de decisión y transformación del sujeto. En definitiva, cuando el Psicoanálisis Budista acepta a Freud y Lacan también se incorpora dentro de la articulación del Maitriyana a la analítica de la existencia de Heidegger, el Psicoanálisis Existencial de Sartre y la estética de la existencia de Foucault, creando una técnica metapsicológica de amplias posibilidades, un arte metafilosófico de vida y un escape metapolítico ante la alienación estructural del sistema social.

El aprendiz del Psicoanálisis Budista se entrena en las condiciones de autoconfiguración y Autodespertar que puede ser alcanzado a través de la intermediación vital del maestro espiritual. En la contemplación analítica toda estructura debe ser superada, dando lugar a un sujeto cuya única forma es el vacío como experiencia multiforme y plural que no encuentra otro límite más que la lógica dialéctica paradojal. En cierto sentido, puede afirmarse que en el Maitriyana esto constituye la evanescencia del delirio de la palabra y del intelectualismo. En concordancia con Foucault, el Psicoanálisis Budista erradica la ilusión de la experiencia yoica, creando el proyecto o Camino para que el aprendiz pueda reconciliarse consigo mismo, adquiriendo entonces una subjetividad despierta y conscientemente elegida. Esta posición postkantiana del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) concibe como única ley universal a la ley elegida por el propio sujeto tras haber aprendido de los obstáculos de la vida, los cuales son los mejores instructores de la transformación. Al extraer sentido y enseñanza de los impasses del existir, el aprendiz puede abrirse a una forma incesante de transformación cuya fórmula social es el contrapoder, la transgresión, la resistencia política y la elección de uno mismo. Estos valores dan lugar a la contracultura de la revolución postpsicoanalítica, la cual por medio de la proliferación del Amor Espiritual hace valer un Contradiscurso frente al materialismo imperante.

Si la Vía del Maitriyana se consagra a la exigencia del aprender a ser libre y no ceder en otros la propia elección, este Camino práctico y transintelectual está seriamente abocado a usar los términos de Freud y Lacan para reconducirlos hacia la experiencia del Despertar (Bodhi) que es inherente al Psicoanálisis Budista. En el Maitriyana hay una alianza espiritual con Freud, Lacan y Foucault, diferenciando al Psicoanálisis Budista de la ciencia psicológica y psiquiátrica a la que se intenta superar. Aquí, la piedra angular no es el fortalecimiento del Yo, sino el proyecto de disolución del Ego, construyendo un tipo de sujeto evanescente (nirvanasattva). Por lo tanto, la meditación analítica es una práctica del cuidado de sí que encamina el saber del aprendiz hacia la Verdad, transformando la mente al abordar sublimatoriamente las exigencias pulsionales del goce inconsciente. Esta posición del Maitriyana sublima el placer y el Deseo, provocando un estallido al volver a hablar de Amor, el cual es el aspecto transhistórico de la vida humana que posibilita todas las historias.

En concordancia con Lacan, en la ontología vacía del maestro espiritual, la insatisfacción (sexualidad), la impermanencia (mortalidad) y la insustancialidad (lenguaje) nombran la misma expulsión o imposibilidad transhistórica de la existencia. En este sentido, la imposibilidad de la completud hace que las relaciones sociales –como la familia y las normas jurídicas- no sean más que velos ante dicha imposibilidad transhistórica, intentando controlar y producir las representaciones subjetivas a través del Discurso social imperante. Sin embargo, este falso sentido del Ser es superado por la identidad emergente de la Cura (Nirvana), la cual no se desentiende de lo Real que es la imposibilidad de completud y su respuesta necesaria en la frustración (dukkha).

Desde la enseñanza del Psicoanálisis Budista se atraviesa el dualismo esencialismo-nihilismo, desocultando la cuestión determinante de la construcción de la revolución postpsicoanalítica. Así, en concordancia con Lacan, en la enseñanza del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) hay un desmontaje gradual del neurocentrismo que piensa a la estructura neurótica como culminación o centro de sentido de la consciencia. En esta misma dirección, el maestro espiritual afirma que el Despertar (Bodhi) constituye la estructura sublimatoria o lugar último desde donde se comprenden mejor todas las otras prácticas psíquicas entendidas como desviaciones o fijaciones en el desarrollo espiritual. En realidad, el Maitriyana aclara que el apego a un goce masoquista inconsciente no es resuelto ante el establecimiento de un supuesto desarrollo evolutivo del Ego o maduración de la personalidad, existiendo incluso apego en la instancia de atravesamiento-reconstrucción del fantasma (maya), pues básicamente el Desapego no es no-apego. En este punto, la perversión, la psicosis, la neurosis e incluso la Sublimación (Nirodh) son todas respuestas distintas ante la imposibilidad de completud o Vacío-en-Ser, constituyendo la respuesta sintomática del existir ante el Propósito (Dharma) del Deseo. No obstante, existe una clara estratificación y jerarquización entre cada práctica psíquica estructural.

Efectivamente, el Psicoanálisis Budista no se propone promover la multiplicación de las estructuras subjetivas, sino más bien proponer a la Cura (Nirvana) ética como una estructura psíquica superior al dominio de la neurosis del sujeto ordinario. Esto no sólo es una revolución dentro del campo de la psicología y filosofía, sino que también se propone introducir y desplegar una política de resistencia frente al Poder dominante que –según pensadores como Riviere, Lacan y Foucault- construye a la mente a través de vínculos de lenguaje. La fórmula de este dilema analítico contemplativo es: sujeción versus subjetivación, o apego versus liberación. Por ello, el Despertar (Bodhi) desarrolla una respuesta de subversión y resistencia, resignificando el goce por medio de la Sublimación (Nirodh) para alejarlo del masoquismo inconsciente. Aunque el individuo pueda ser considerado como un producto del Discurso del Poder, para apelar a la resistencia política y la Cura (Nirvana) espiritual hay que desocultar el resto inasimilable e incontrable por los vínculos de lenguaje, el cual es una decisión originaria no producida por el Poder. Éste es el Ser Vacío o Verdadero Sí Mismo que emerge como un proceso de incesante transformación e invención de una subjetividad nueva, sublime y siempre subversiva y desinstituyente. Al liberarse del apego y la repetición (karma), el aprendiz puede resignificar su existencia en el mundo, eligiendo aquello que desea.

La subjetividad sublimada del Despertar (Bodhi) es una renovación incesante de la identidad y del estilo de vida, pues se trata absolutamente del aprendizaje espiritual como puesta en práctica del Discurso Analítico Existencial Libertario (Buddha-Dharma-Sangha), en el cual el sujeto sublimado o Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) acepta la Vacuidad o castración existencial, invitando a la humanidad a salvarse del Apocalipsis capitalista a través del encuentro con una subjetividad autoconstruida. Así, al igual que Foucault, el maestro espiritual es el caballero de la autonomía, pero también es el caballero del Sentido de lo Real, sabiendo con valentía que la emancipación ética o Liberación se encuentra más allá del movimiento circular (samsara) del Discurso capitalista. Tal transformación histórica del ser humano proviene del surgimiento de una nueva identidad basada en ideales espirituales, como el pacifismo, la justicia social, la sabiduría y la compasión, satisfaciendo las necesidades de Libertad, Igualdad y Fraternidad de toda la humanidad. Guiada por la visión post-utópica del Maitriyana, esta transformación histórica es la recreación del Deseo pero sin fundamento fantasmático (maya), lo cual significa el acontecimiento del puro Propósito (Dharma) del Ser: el Amor. Sólo en este Deseo sublimado que es la amistad con el No-Todo se encuentra el Contrapoder capaz de trastornar el andamiaje de la civilización capitalista, pues al hacer emerger lo Real el Psicoanálisis Budista se posiciona como un campo de resistencia o Contradiscurso espiritual frente a las estrategias opresivas del Poder mundano.

A partir de la articulación Gautama-Lacan se conmocionan algunos postulados básicos de la tradición psicológica y filosófica. Así, el Maitriyana plantea las condiciones de atravesamiento del fantasma (maya) del aprendiz, transformando la disciplina metapsicológica para que reconozca las consecuencias terapéuticas del descubrimiento espiritual realizado por Siddharta Gautama dos mil seiscientos años antes de Freud. Evidentemente, analistas como Lacan y Fromm tuvieron una posición amena hacia la Espiritualidad Budista, teniendo ambos la firme voluntad de mostrar la cercanía de su saber con el Discurso Analítico Existencial Libertario (Buddha-Dharma-Sangha). Aunque Sigmund Freud haya mostrado una incomprensión por las tradiciones de Oriente, es inevitable percibir la proximidad profunda de sus teorías y prácticas esenciales con las de Siddharta Gautama. Por ello, el pensamiento y praxis del Psicoanálisis Budista es tributario del movimiento espiritual de Gautama, pero también es tributario de la experiencia de Freud. Sin embargo, el homenaje realizado por la articulación Gautama-Lacan implica un más allá de Freud. Esta posición de la tradición Maitriyana significa convocar al ser-en-el-estar, reconociendo la influencia que genera la Espiritualidad como horizonte tanto del pensamiento como de la época contemporánea. En consecuencia, la enseñanza del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) muestra que la síntesis dialéctica paradojal del Discurso Analítico Existencial Libertario (Buddha-Dharma-Sangha), que es de naturaleza metapsicológica, metafilosófica y metapolítica, se trata de un Discurso Postpsicoanalítico que llama incesantemente a la Cura (Nirvana) del mundo interior y al nuevo reencuentro o Despertar (Bodhi) del Verdadero Ser del Camino.

En este sentido, el término Postpsicoanálisis o Psicoanálisis Budista designa esta actitud siempre presente en la enseñanza del maestro espiritual que consiste en ir más allá de la psicología, filosofía, política, medicina, ciencia y religion, recibiendo a la Espiritualidad Integrativa y Reconciliadora en la huella del prefijo post. Esta actitud no sólo valida espiritualmente a analistas como Freud y Lacan, sino que también convierte a Gautama en el primer psicoanalista del mundo. De esta manera, el Maitriyana confirma que lo que han enseñado Freud y Lacan sólo puede encontrarse perfectamente en la Espiritualidad Budista y no dentro de los límites de la psicología clínica. Surge entonces una corriente postpsicoanalítica totalmente diferenciada de vicios del pasado como la metafísica, el nihilismo, el academicismo y el materialismo que controlan al fantasma (maya) del Ego. Esto permite refundar la subjetividad sobre la estructura de la Sublimación (Nirodh) y la Cura (Nirvana), traspasando los límites del Yo para experimentar un nuevo modo de pensamiento complejo.

El Psicoanálisis Budista es un Postpsicoanálisis reescrito desde el punto de vista de la Espiritualidad Analítica de la articulación Gautama-Lacan, simultáneamente despejando las condiciones fundamentales de su interconexión con respecto al Existencialismo y el Socialismo. Así, la meditación analítica no sólo evanesce la miseria neurótica (dukkha) del sujeto, sino que también lo conduce a una reflexión poética y subversiva frente a la muerte y el totalitarismo. Si el Discurso Analítico Existencial Libertario (Buddha-Dharma-Sangha) ubica necesariamente el advenimiento del Ser en la Reconciliación (Maitri) con los rasgos ontológicos de la insatisfacción, impermanencia e insustancialidad de lo Real, entonces se reúnen las condiciones para que la búsqueda del Sí-Mismo sea transitada en una lógica del No-Todo. De este modo, el Maitriyana es una disyunción radical en la historia de la humanidad: o el Discurso Espiritual o la autodestrucción totalitaria. Esto no necesariamente significa que el Discurso Analítico Existencial Libertario (Buddha-Dharma-Sangha) desea encarnar un movimiento masivo, sino que la civilización capitalista extinguirá la vida sobre la Tierra (Gaia) en caso de la desaparición o indiferencia ante tal Discurso Espiritual.

El Psicoanálisis Budista sitúa a Gautama en la enseñanza de Lacan, indicando una teoría de la subjetividad sublimada cuyo avatar es el ser reconciliado (maitrisattva) que desoculta al Sí-Mismo Reprimido. En esta vertiente analítica contemplativa también se entra en resonancia con Heidegger, desocultando la falta-en-Ser o castración existencial como lo más propio y auténtico. Así, el Maitriyana comprende el Ser Inconsciente dentro de la lógica existencialista. En efecto, la enseñanza del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), por no carecer de las paradojas del lenguaje poético, permite abandonar el falso proyecto óntico del Ego para pasar al Propósito (Dharma) del Ser y la Nada (Sunyata), el cual es la aceptación de la insatisfacción, impermanencia e insustancialidad. Esto es el establecimiento de una relación sublimatoria con el goce inconsciente, siendo la evanescencia del estado de inautenticidad del Yo. Este estado de resolución existencial es posibilitado por la meditación analítica, cuyo horizonte último siempre conlleva a la decisión histórica de transformar la comunidad (Sangha) entera a través del Despertar (Bodhi) del aprendiz. El recorrido que va desde el dominio del Ego hasta esta resolución existencial puede ser comprendido por el itinerario alienación-separación-reconciliación, sublimando la relación del sujeto con su goce inconsciente. En consecuencia, lo que orienta esencialmente al Discurso Analítico Existencial Libertario (Buddha-Dharma-Sangha) de la Espiritualidad Reconciliadora son los valores de la libertad psicológica, la igualdad filosófica y la fraternidad política, proponiendo la página ausente en la historia de la evolución de la consciencia, de las ideas y de la sociedad. Por lo tanto, el Psicoanálisis Budista tiene el Propósito (Dharma) de evanescer el orden habitual del mundo interno-externo, introduciendo una discontinuidad en el estatus quo por medio del sentido ético del silencio o bien-decir.

Sin embargo, el Maitriyana no se dedica a un trabajo de erudición intelectual y académica que meramente muestra las influencias budistas sobre distintos pensadores occidentales, sino que se trata de transmitir un decir más sabio y compasivo. Éste es el concepto fundamental que muestra nítidamente el Psicoanálisis Budista, recuperando lo sagrado a través del habla poética del maestro espiritual y su original lógica dialéctica paradojal. Esta aproximación metapsicológica y metafilosófica a la topología del Ser lo revela como una apertura (sunyata) ontológica que es reprimida por el lenguaje de la mente ordinaria, pero que es oportunamente desrreprimida en la experiencia de la Cura (Nirvana) analítica existencial. Por lo tanto, el Maitriyana accede a un decir que no proviene de un esencialismo metafísico ni tampoco de una nulidad nihilista, sino que viene desde el Fundamento Dinámico Vacío, aproximando el pensamiento a la dimensión poética del Ser. En concordancia con Heidegger, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) incrusta místicamente el silencio en la palabra hasta el punto de sublimar el goce pulsional y recuperar la feminidad. Tal interpretación analítica existencial que propone al pensamiento liberarse tanto de la metafísica como del nihilismo es un nuevo punto de partida para la mente, desarrollando el conocimiento cumbre (Satori) como redescubrimiento del espaciotiempo original y artístico del Verdadero Sí-Mismo.

Gautama con Freud

Gautama con Freud: Atención Plena Flotante

El Psicoanálisis Budista se diferencia de la psicología clínica porque requiere de haber finalizado una práctica analítica meditativa. En efecto, para habilitar éticamente la práctica espiritual del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) se requieren de tres pilares fundamentales: haber finalizado un proceso de meditación analítica, liberando a la mente de las cadenas del apego y encaminando a la consciencia hacia el acontecer del Ser Despierto (Buddha); haber completado la formación teórica, recibiendo la transmisión del espíritu de la investigación del Propósito (Dharma); y contar con el acompañamiento de otros colegas capaces de supervisar la propia práctica contemplativa dentro de una Comuna de aprendizaje (Sangha). Estos tres requisitos para el ejercicio ético[1]del Maitriyana son las joyas analíticas meditativas indispensables para el desarrollo de la Atención Plena y Flotante del maestro espiritual.

En este sentido, todo genuino psicoanalista budista debe ser un experto meditador, perfeccionando la escucha de lo inconsciente mediante lo que el Maestro Lacan denominó como el entrenamiento de la tercera oreja. En el Psicoanálisis Budista esto es concordante con el desarrollo cualitativo del tercer ojo, el cual es la apertura de una visión existencial capaz de atravesar el dualismo imaginario y percibir directamente a la Vacuidad y Totalidad de la vida.

Obviamente, por tratarse de un movimiento de veintiséis siglos de experiencia, no es exagerado anunciar que muchos psicólogos clínicos conocen más a las enseñanzas de los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) que a las enseñanzas de Sigmund Freud y Jacques Lacan.[2] Esto se debe a que la Espiritualidad Budista es una práctica metapsicológica que trasciende lo especulativo, teniendo un profundo interés por aliviar[3] y liberar al aprendiz de su sufrimiento neurótico mediante el Desapego y el Amor Compasivo.

Más allá de de los hallazgos de la comunidad neurocientífica[4] que consideran que el entrenamiento psíquico de la meditación analítica y su método de Atención Plena inducen no sólo cambios neuronales de corto y largo alcance[5] sino también el adiestramiento de la amígdala,[6] el Maitriyana señala que el rasgo principal de la práctica analítica meditativa es la producción de un estado de consciencia ampliada y superior (ECA-S), que es la sobria y postconvencional presencia del bienestar, la espontaneidad y la libertad.[7] Esto instaura un cambio profundo en la cotidianeidad del ser-en-el-mundo, haciéndolo al sujeto mucho más responsable y comprometido con la vida al aproximarlo al Sentido de su existencia y poder conocer tranquilamente su Sí-mismo.

Al producirse una transformación existencial en el aprendiz, la cotidianeidad cambia inevitablemente, pues la trascendencia del Ego produce una mente completamente radical. Por ello, el maestro espiritual puede resolver lazos de apego más éticamente que cualquier ser humano, estando en un constante estado de apertura frente al devenir.

Evidentemente, muchos psicoterapeutas no han pasado por el fin-de-análisis meditativo, por lo que no están capacitados éticamente para dirigir el proceso de la Cura (Nirvana) y funcionar como un guía espiritual o partero de subjetividades.[8] En cambio, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), por haber solucionado sus propias cuestiones narcisistas, no confunde a la Espiritualidad con la religiosidad, considerando que enriquecerse teórica y prácticamente del Psicoanálisis Budista conlleva perderse en la frontera delicada del Maitriyana. Precisamente, es una frontera delicada por tratarse de un Discurso Analítico transdisciplinario que tiene como objetivo fundamental superar todas las circunstancias psicológicas adversas por medio de una nueva modalidad subjetiva. Esto es factible no sólo por la numerosa evidencia científica de que la meditación analítica perfecciona drásticamente la atención del sujeto, sino también por el aval y autoridad que tiene el Psicoanálisis Budista como propuesta superadora del medio terapéutico al nutrirse de la perspectiva no teísta y no-idolátrica del Maitriyana. Así, se eleva un Discurso Analítico que diferencia rotundamente a la religión de la práctica espiritual,[9] dentro de la cual se inserta la síntesis del Psicoanálisis Budista.[10] Por ello, el futuro de la psicología es inseparable del Maitriyana, el cual desarrolla potencialmente tanto la capacidad de Atención Plena como la actitud ética de todo psicoanalista budista. En concordancia con los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas), el psicoanalista budista considera como ética no sólo a la esencia de un trabajo analítico meditativo que tiene una escucha y una atención desarrollada hasta su máxima capacidad, sino también a la dirección y propósito de la Espiritualidad contemporánea. El Psicoanálisis Budista posee las herramientas teóricas y prácticas que son necesarias para cumplir con dichos retos, invadiendo lenta e imperceptiblemente la existencia profunda de los practicantes y profesionales de la psicología.

El crecimiento espiritual es un proceso de toma-de-consciencia de las dimensiones profundas de la subjetividad, como el nacimiento, la sexualidad, los vínculos y la muerte. Estos rasgos constituyen los ejes medulares del Camino de transformación del aprendiz. El comienzo de este recorrido siempre inicia con la primera experiencia de la angustia que conlleva para el sujeto asumirse como un ser sexuado y mortal, comprendiendo que inevitablemente va a evanescerse en la Nada. En este sentido, el Psicoanálisis Budista afirma que lo único que necesita el aprendiz para hacer-frente al sufrimiento que implica la existencia es contar con un otro capaz de escuchar y prestar atención éticamente. Este especial y significativo tipo de atención, tan diferente de la del médico, es la actitud y esencia ética de la práctica analítica meditativa del maestro espiritual. Por ello, junto con la aptitud y el perfeccionamiento teórico, un psicoanalista budista debe contar con la actitud ética propia de todo proceso de Atención Plena. Esto implica que el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) transmite a través de su presencia una capacidad para abrirse a lo desconocido y descubrir el secreto latente de su Sí-Mismo Real que trasciende a la dualidad neurótica. La Atención Plena, impregnada de sentido por la meditación analítica, se fundamenta en el acto de fe propio del proceso de creer en lo inconsciente, que es esa creencia que proclama la existencia de la Verdad oculta del sujeto.[11] Al poner en suspenso la propia subjetividad, el Deseo-de-analizar del maestro espiritual se caracteriza por una Atención silenciosa y paciente que encarna la imaginación y la humildad, creando así las condiciones atmosféricas para que el aprendiz establezca un contacto y cuidado íntimo de la subjetividad. Esto requiere de una sed permanente de búsqueda de lo Real, trascendiendo las racionalizaciones e intelectualizaciones defensivas del Ego para aliarse con la espontaneidad y libertad del Verdadero Ser. De esta manera, la esencia ética del complejo proceso de Atención Plena permite el emerger de un sujeto auténtico y autodeterminado, el cual asciende al Proyecto existencial por medio del aprendizaje espiritual. Es por ello que se trata de una actividad analítica meditativa que por medio del amor[12] agapiano hacia el aprendiz logra sublimar misteriosamente la práctica del ser-en-el-mundo.

Para el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), prestar atención al otro de una forma constante supone un estado de apertura y sacralización de los vínculos subjetivos. A esto se debe que el Maitriyana, en concordancia con Freud y Lacan, denomine al fenómeno de la transferencia como un artilugio que es capaz de representar un amor no directivo, real y puro.

Otro rasgo de la esencia ética de la meditación analítica es la interpretación, siendo el instrumento profesional que es siempre el fruto de una práctica paradojal (koan) que atraviesa toda la existencia. Además, para el mismo Psicoanálisis Budista, el término Atención deriva del tender hacia, estableciendo un lazo de reunificación o reconciliación hacia un objeto, un otro o un proyecto. Obviamente, esta tendencia hacia otro que realiza la Atención Plena implica una reestructuración de los vínculos que han tejido la subjetividad simbólica del sujeto, lo cual evidencia que la práctica analítica meditativa erige un nuevo tipo de mente al reconstruirla mediante un puente y vínculo espiritual sustentado en la plataforma espiritual del Amor-a-la-verdad. En este sentido, el psicoanalista budista es un artista de la atención, iluminando al aprendiz mediante señalamientos e interpretaciones que lo ayudan a descubrir y responder el oscuro significado de su existencia.

Así, el complejo ejercicio de la Atención Plena del maestro espiritual se caracteriza siempre por una curiosa cortesía y respeto por el otro, siendo un cuidado y un amor no-reflexivo que mantiene éticamente el conflicto y la tensión para que el sujeto pueda observar y reconocer su Verdad, ambos tomándose de la mano espiritualmente.[13] Este acompañamiento contemplativo del psicoanalista budista implica una renuncia a la posición de poder psicológico que caracteriza al psicoterapeuta tradicional en la cual se vigila y acecha la subjetividad con el fin de fijar una relación que en realidad siempre debería estar sustentada por la libertad.

A pesar de la superficialidad que ordena las circunstancias del ser-en-el-mundo, la Atención Plena del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) se caracteriza en todo momento por la captación directa de lo Real mediante una escucha aguda, una mirada profunda y una boca capaz de absorber palabras.  Obviamente, esto es algo muy difícil de lograr, ya que cuando no acontece la Sublimación (Nirodh) puede producirse una inmovilidad y parálisis de la mente, junto con una tristeza y nostalgia posterior debido al embelesamiento y arrebato de sentido que tiene la cautivante producción del amor.[14]

La articulación Gautama-Freud permite esclarecer que ese esencial una actitud constante de Atención Plena y Flotante sin la cual todo psicoterapeuta no encontraría más que lo que ya sabe.

Precisamente, el Maitriyana cultiva la Atención Plena por medio de la meditación analítica, la cual es una práctica milenaria que comprende los alcances metapsicológicos de la experiencia mística, encontrando no sólo una técnica sino también un lenguaje apropiado para representar el proceso significativo del Despertar (Bodhi).

Al superar la angustia, la melancolía y la frustración existencial, el método de la Atención Plena se convierte en la enseñanza trascendental del maestro espiritual a su aprendizante. Ergo, el Arte de la Atención Libre y Flotante es estructurada y asentada sobre la plataforma de la práctica analítica meditativa. El Psicoanálisis Budista reconoce entonces que el objetivo y práctica de la Atención Plena son los mismos tanto en Freud, Searles o Bion como en los grandes Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas).[15]

Al examinar las teorías de los maestros espirituales de la Atención Plena, la articulación Gautama-Freud afirma que el estado de consciencia ampliada y superior (ECA-S) se construye a partir de la profunda Responsabilidad y Compromiso con el Propósito de la existencia.

Una aproximación para los psicoterapeutas tradicionales hacia este reposicionamiento subjetivo es el interés por las diversas manifestaciones del Discurso Analítico de la Espiritualidad, cuyo amor por la libertad permite la Sublimación (Nirodh) de todas las creaciones y acontecimientos del espíritu activo e impermanente del Ser.

De este modo, las cualidades que caracterizan la Atención Plena del psicoanalista budista son la Productividad sublimatoria, la Globalidad holística y la Compasión Incondicional, siendo todos estos los aspectos que encarna el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva). Al encontrarse plenamente absorto en su tarea y praxis, mediante la destitución subjetiva y la trascendencia del Yo, la esencia ética del maestro espiritual no es más que una forma especial de mirada y una escucha, respondiendo con breves señalamientos mediante la complicada y silenciosa ética del bien-decir.

La articulación Gautama-Freud permite comprender al Ser Despierto (Buddha) como la combinación simultánea del mayor grado de presencia con el mayor grado de ausencia. Esta descripción es fundamental en el Maitriyana, para el cual la esencia de la vida espiritual se basa en el acto de permanecer plenamente atento al aquí y ahora, que es el momento en el que la Totalidad se combina con la Vacuidad. Esta trascendentalidad es un logro extraordinario, por lo que el psicoanalista lo mantiene en todo momento como meta o ideal. Todo psicoterapeuta tradicional debería preguntarse cuáles son los factores psíquicos que frustran esa Atención Incondicional, comprendiendo al mismo tiempo que sin el entrenamiento de la meditación analítica es improbable adquirir tal grado de eficacia. Sin embargo, con la práctica y experiencia del Psicoanálisis Budista, esa actitud de completa absorción en el presente se hace posible.[16]

El Maitriyana reconoce que está técnica Chan-Zen hubiera producido enormes efectos dentro de la visión de la psicología si tanto Fromm como Horney hubieran permanecido más tiempo en el mundo.[17]

[1] E. Rosch, Mindfulness meditation and the private (?) self.

[2] J. D. Safran, Introduction to Psychoanalysis and Buddhism: an Unfolding Dialogue.

[3] L. Learman, Buddhist Missionaries in the Era of Globalization.

[4] O. Flanagan, The Bodhisattva´s Brain: Neuroscience and happiness.

[5] A. Lutz, L. L. Greishar, N. B. Rawlings, M. Ricard y R. J. Davidson: Long-term meditators self-induce high- amplitude gamma synchrony during mental practice.

[6] P. Eckman, J. Campos, R. J. Davidson y F. De Waals, Emotions Inside Out.

[7] D. T. Suzuki y E. Fromm, Budismo Zen y Psicoanálisis.

[8] D. T. Suzuki y E. Fromm, Budismo Zen y Psicoanálisis.

[9] A. Compte-Sponville, El alma del ateísmo: introducción a una espiritualidad sin dios.

[10] D. M. Black, Psychoanalysis and Religion in the 21st Century: Competitors or Collaborators.

[11] N. Coltart, Slouching Towards Bethlehem.

[12] M. Von Der Ruhr, Simone Weil: An Apprenticeship in Attention.

[13] T. E. Cheever, Wired Love: Romance of Dots and Dashes.

[14] E. Jones, The Life and Works of Sigmund Freud.

[15] N. Coltart, Slouching Towards Bethlehem.

[16] K. Horney, Lecturas finales.

[17] S. Quinn, A mind of her own: the life of Karen Horney.

Gautama con Lacan

Gautama con Lacan: Ética del Psicoanálisis Budista

Para el Psicoanálisis Budista, el saber lo que todos conocen no es la verdadera sabiduría, pues ésta comienza en el plano en el que los otros no saben. Por ello, la verdadera ciencia meditativa se encuentra más allá de la ciencia académica.[1]

A través de la cruel visión freudiana,[2] la articulación Gautama-Lacan transmite que el goce inconsciente es un mal porque entraña el mal del prójimo.[3] Así, el Maitriyana presenta al aprendiz la tesis del cruzamiento hacia la frontera del Ser, es decir, hacia el más allá del principio del bien que constituye la ética de lo bello, la cual es el Arte Espiritual y la Sublimación (Nirodh).

Concordantemente, el eje central de la síntesis dialéctica del Psicoanálisis Budista es la comunión con una ética de la Vacuidad. Para la articulación Gautama-Lacan ese Camino analítico meditativo posiciona un sujeto trans-ético, que tras haberse reconciliado con su falta-en-Ser puede hacer poesía con la traumática situación existencial de la finitud, lo que en términos clínicos se conoce como Cura (Nirvana) de la frustración generada por la escisión (Spaltung).

Precisamente, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) es la personificación de la estructura sublimatoria (Nirodh), pues al atestiguar la imposibilidad fundamental del sujeto de escapar del Deseo (Kama), encarna así el prototipo perfecto del semblante del psicoanalista budista que evanescentemente ha encauzado el Deseo hacia el saber-no-sabido.

De esta manera, la figura del maestro espiritual revela la posibilidad de una evolución de la subjetividad, demostrando en cada acto y palabra la importancia del amor incondicional (agape) al saber que caracteriza al dispositivo de la meditación analítica. Esto se debe a que la sabiduría del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) le es ajeno al aprendizante, siendo éste instaurado como un sujeto supuesto al saber inconsciente. Por ende, es evidente la trascendentalidad de la epistemología del Psicoanálisis Budista con respecto  a la psicología clínica, pudiendo nutrir la práctica terapéutica del sujeto por medio de la Atención Plena flotante del maestro espiritual.

Pero el Discurso Analítico de la Espiritualidad ha demostrado que el Bien (Gute) tiene su margen donde el goce inconsciente del síntoma tiene derecho al sufrimiento y la frustración (dukkha).[4] La articulación Gautama-Lacan se refiere entonces al constructo metaterapéutico inventado por el Psicoanálisis Budista, cuyo símbolo actual emerge como Maitriyana. Bajo esta modalidad transdisciplinaria del Discurso Analítico, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) opera como un metapsicólogo, desplegando su accionar a partir de su propio Despertar (Bodhi) para que la incompletud inefable del Sí-Mismo resuene en el centro mismo del Deseo (Kama).

Este profundo descubrimiento subjetivo ha llevado no sólo a caracterizar al Yo como una defensa ilusoria contra el aspecto inevitable de la existencia, sino también como una estructura sintomática que expresa simbólicamente el conflicto psíquico fundacional del individuo mediante la constitución de un compromiso entre el Deseo y la pulsión de muerte (mara). Por ello, el Maitriyana diferencia al sujeto de la instancia engañadora del Yo, el cual conserva un carácter cautivante e imaginario del que el aprendiz debe desprenderse para acceder a la concepción analítica meditativa de subjetividad.[5]

En concordancia, el maestro espiritual desea que su aprendiz se libere (moksha) de su compulsión a la repetición (karma), apuntando al revolucionario proyecto de la trascendencia del Yo espejado. Así, el fin de análisis meditativo asciende al mundo un sujeto sublimado y más aceptativo de lo Real y de su escisión o vacuidad constitutiva (sunyata).

En concordancia con el Maestro Freud, la función de la meditación analítica no se limita a responder a la demanda de no-sufrimiento, sino que enseña al aprendiz a aceptar que el sufrimiento (dukkha) es constitucional en la existencia. Este aprendizaje dialéctico pretende transitar de la miseria neurótica a la desdicha cotidiana. Así, para el Maitriyana, la frustración constituye una Verdad organizada a través de la Vacuidad, la cual es la Escisión (Spaltung) constitutiva del sujeto dividido por la fuerza pulsional del lenguaje. Ergo, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) no responde a la demanda yoica del aprendizante con el fin de preservar la experiencia traumática del Vacío, siendo un acto de renuncia que determina una situación más allá de la culpa y el miedo en la cual el sujeto debe aprender a responder no cediendo impulsivamente a su Deseo.

El Discurso religioso metafísico trata de evitar, desplazar (verschiebung) y reprimir (verdrangung) a la Vacuidad, mientras que el Discurso científico materialista directamente lo forcluye (verwerfung) al tapar el síntoma constituyente del ser-parlante. Por eso es que el Psicoanálisis Budista no puede ser confundido con los Discursos de la religión y del materialismo, emparentándose únicamente con el Camino del Arte, la Sabiduría y la Espiritualidad.

No obstante, los contemporáneos paradigmas científicos, como la Física Cuántica y la Teoría de Sistemas, han avanzado notablemente hacia una concepción no-mecanicista y no-reduccionista de la humanidad y del Universo, priorizando una visión holística de la vida que es concordante con las tradiciones espirituales que permiten a los pueblos una salida de la alienación y la posibilidad de aprehensión de la traumática experiencia del vacío. Es en este diálogo fructífero en donde el Maitriyana debe insertarse, reconociendo a las ciencias relativistas como un modo de expresión para la Verdad, por ser el símbolo de una realidad que pertenece a un orden superior. De este modo, el maestro espiritual concuerda con Platón al decir que lo sensible no es sino el reflejo de lo inteligible.[6]

Más allá de los recursos neuróticos del individuo para sostenerseen-el-mundo, el Discurso Analítico de la Espiritualidad, por medio de la articulación Gautama-Lacan, despliega una Ética de lo Bello cuya frontera bordea los cánones de la metafilosofía y la poesía, recordando siempre que la Sublimación del Deseo (Nirodh-Kama) no sólo sigue siendo un buen amparo contra el goce inconsciente sino que además es la característica principal que define al Ser Despierto (Buddha).

[1] R. de Gourmont, Le pas sur le sable.

[2] S. Freud, El Malestar en la Cultura.

[3] J. Lacan, Seminario VII: Ética del Psicoanálisis.

[4] J. Lacan, Kant con Sade.

[5] J. Lacan, Seminario 2: El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica.

[6] René Guénon, El Esoterismo de Dante.