Defensa Budista del Activismo Social

Por Maestro Maitreya

El Derecho Budista enfrenta el enorme desafío de ser el guardián ético de los sistemas democráticos del mundo, afianzando la función responsable y socialmente comprometida que tienen los activistas de derechos humanos como condición indispensable para la salud republicana y pluralista de la civilización planetaria. El Maitriyana es un defensor de los valores espirituales, entendiéndolos como una práctica indisociable de la responsabilidad y el compromiso con el Propósito (Dharma) de un mundo mejor. Por ello, el Derecho Budista es independiente de todos los poderes estatales y corporativos, desarrollándose como un contrapoder cultural que impone la ética tanto a las comunas espirituales (sanghas) del pueblo búdico como al resto de la comunidad internacional. El Maitriyana no acepta ser confundido con una expresión reducida a lo religioso, que es la manipulación de la mente a través de ideas engañosas, pues se acerca más a una razón avanzada que reproduce la Sublimación y Purificación de las pulsiones y pasiones. El Derecho Budista adhiere al ideal de una sociedad orientada hacia la educación, la cual se entrelaza con la paz, la justicia social y la ecología, guiando a la humanidad a través del criterio de respeto por el mundo interno y externo. Al ser una voz cultural íntegra, el Maitriyana adhiere al proyecto de una República de la Ley (Dharma), donde los activistas sociales tienen la tarea de vigilar estrictamente a los gobernantes, legisladores y jueces, para que éstos sean eficaces, efectivos e incorruptos. Ésta es la clave para construir un mundo mejor, pues los Estados tienden a degradar paulatinamente sus sistemas democráticos y republicanos, lo cual también se relaciona con la modificación de las relaciones sociales que en la contemporaneidad son basadas por la superficialidad y la tecnología. De esta manera, el Derecho Budista trabaja por el ascenso de un nuevo tipo de civilización que no esté basada en la mera mutación tecnológica sino en la profunda evolución ética. Esta transformación espiritual de la humanidad es crucial para sobrevivir la autodestrucción de la civilización capitalista y los gobiernos autoritarios. En este sentido, el Maitriyana propone ir más allá tanto del capitalismo salvaje como del comunismo dictatorial, buscando la consolidación de la democracia directa como única vía capaz de revolucionar la política, economía, cultura y medioambiente, creando maneras para dotar a la sociedad planetaria con la capacidad de toma de decisiones. Así, los activistas sociales emergen en una sociedad globalizada para hacer frente a las injusticias del sistema gubernamental y corporativo, sin caer en el odio y el resentimiento. El Derecho Budista se expresa entonces como un nuevo movimiento metapolítico que impugna a los gobiernos y cortes penales que son carentes de ética y rectitud. Por lo tanto, los maestros espirituales potencian la Libertad, Igualdad y Fraternidad en todos los puntos del planeta, pero al mismo tiempo critican la superficialidad de una sociedad en la que todos hablan y nadie escucha. Las antiguas experiencias de los pueblos tribales aportan al Maitriyana una tradición de renacimiento cultural en la que se protegen los derechos fundamentales tanto del sujeto como de la naturaleza. Esta síntesis entre el pasado y el futuro convierte al Derecho Budista en una utopía anclada en el presente, abriendo el Camino para la evolución en el aquí y ahora. Los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) enseñan entonces a los activistas sociales cómo luchar adecuadamente contra la codicia, odio y engaño del Poder hegemónica, denunciando la corrupción y la impunidad de los Estados y las corporaciones. Para el Maitriyana es clave el abandono de los intereses individualistas y las concepciones egoístas, desarrollando un liderazgo ético renovador que tiene Atención Plena a las necesidades esenciales de la sociedad. Mientras la economía capitalista se estremece y la política autoritaria es denunciada por su corrupción, crece una generación de activistas sociales que lucha pacíficamente contra la ilegitimidad de las instituciones. Sin embargo, para que esta lucha no sea un simple sentimiento de desconfianza, el Derecho Budista aporta un rumbo ético sin el cual los activistas sociales y los sistemas democráticos pueden pervertirse y derrumbarse. En definitiva, la función de los maestros espirituales es mostrar la Verdad, atravesando el velo de lo Oculto y desenmascarando lo Real. Al formar parte de una Espiritualidad con dos mil seiscientos años de historia, el Maitriyana hace una llamado al pluralismo, el cual es una cualidad sin la que los activistas sociales no pueden trabajar correctamente. El pueblo búdico siempre ha sido pluralista y democrático, permitiendo la multitud de voces, estilos y modos de ser. No obstante, esta actitud de Apertura (Sunyata) no significa carecer de la capacidad para fijar límites al Poder gubernamental, desplazar no-violentamente a los gobernantes y ofrecer otras alternativas mejores. Precisamente, la tarea del Derecho Budista es proteger el pluralismo democrático, aceptando las diferencias sociales y simultáneamente proponiendo dar un paso evolutivo en el sistema de civilización. Obviamente, esto presupone denunciar la agresividad, intolerancia, divisionismo y desigualdad de las sociedades materialistas. El desafío del mundo contemporáneo no debe consistir en la acumulación de dinero y poder, sino más bien en la acumulación de aprendizaje y bondad, incorporando la experiencia y voluntad de los activistas sociales para tener mejores sistemas ejecutivos, legislativos y judiciales. Por ello, la función del Maitriyana es la tarea de construir una sociedad más justa e inclusiva, enseñando que los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) tienen mucho que decir acerca de cómo cumplir este Propósito (Dharma). Los aprendices deben vivir desde esta senda de rectitud y abnegación como único horizonte para su pensamiento, habla y acción. El Derecho Budista, como Espiritualidad Socialmente Comprometida, está posicionado en la historia como el Camino más digno para el desapego de la guerra, la injusticia, la ignorancia y la contaminación, promoviendo la renovación democrática de la comunidad internacional. De este modo, mediante la práctica de la razón contemplativa, el maestro espiritual desarrolla en la sociedad áreas de pluralismo y utopismo, recomendando a los activistas sociales denunciar cuando hay que denunciar y criticar cuando hay que criticar, tal y como enseñó Raymond Aron. Para el Maitriyana, se debe prohibir al sujeto reflexionar acerca de lo deseable independientemente del bienestar de los demás, pues sólo este compromiso social puede salvar a la civilización de su cuasi inevitable autodestrucción tecnológica en curso. No obstante, esta necesaria evolución ética y espiritual conserva las antiguas enseñanzas de los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) que han conducido a la humanidad hacia el Despertar (Bodhi) o la Cura (Nirvana) del sufrimiento. Por ello, evolucionar es volver a las fuentes, manteniendo la vía de la Liberación y reconstruyendo el tejido de la cultura espiritual de los pueblos tribales.

Defensa Budista de la Oposición a la Guerra Justa

Por Maestro Maitreya

El Derecho Budista afirma que el concepto de guerra justa es éticamente ilegítimo, utilizando poder de la agresión en lugar del poder de la justicia. Para el Maitriyana la guerra es una violencia organizada que sistemáticamente causa la destrucción de la vida,[1] por lo que el único recurso justo es el pacifismo que han evidenciado maestros espirituales como Gautama, Jesús y Francisco de Asís. Los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) mantienen que la no-violencia (ahimsa) es una fuerza ética poderosa con la capacidad para evanescer el odio dentro de la mente y corazón del agresor. Por lo tanto, el Derecho Budista considera que no existe un válido derecho a la guerra (jus bellum), sino que más bien existe un derecho humano a la paz (jus pax). A diferencia de la moral católica, el Maitriyana considera que no existe la guerra justa, considerando que la violencia y el militarismo son intrínsecamente injustos y salvajes. Tanto la noción de guerra santa de la religión como la noción de guerra justa del Estado son rechazadas por el Derecho Budista como falsas justificaciones, considerando que la ecuanimidad y el amor al prójimo deben ser los recursos verdaderos frente a la agresión. Esto significa que el derecho humano a la paz es superior con respecto al derecho a la soberanía y la territorialidad. Sin embargo, este derecho humano supremo a la paz no sólo es intrínseco a la humanidad sino también a todos los seres vivos, siendo un derecho absoluto de toda la existencia. En este sentido, incluso si no atacasen a poblaciones civiles, las tradiciones de la guerra santa y la guerra justa son crímenes contra la humanidad y la vida, siendo recursos que olvidan la dignidad de todo ser viviente. El Propósito (Dharma) del Maitriyana es entonces la evanescencia de toda forma de guerra, la cual va completamente en contra del estilo de vida de la justicia, la rectitud y la Espiritualidad. El Derecho Budista busca proteger y preservar los valores éticos como guía hacia la Salvación, considerando que los problemas políticos, económicos, culturales y medioambientales tienen que ser confrontados a través de medios adecuados y no-violentos. Esto conduce al maestro espiritual a condenar al nacionalismo y culto al Estado,[2] los cuales son contrarios a la visión internacionalista de la paz mundial. El Maitriyana critica a la guerra como uno de los más poderosos males del mundo, pues empeora los conflictos en lugar de llevar hacia la resolución. De esta manera, el pacifismo es un horizonte ético para el Derecho Budista y su código legal (vinaya), el cual se orienta hacia la sabiduría compasiva (prajña-karuna) y nunca hacia el daño o coerción contra otros seres vivos.[3] En efecto, el Maitriyana confirma que la noción de guerra recta (dharma yuddha) no se refiere a un conflicto violento sino más bien a una lucha por medio de ideas y mensajes de paz, amor, tolerancia y benevolencia.[4] Esta doctrina pacifista es el deber ético y la práctica contemplativa de los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas), cuya tradición social es gobernada por el principio de la autonomía, autodeterminación y responsabilidad en el Camino hacia la Salvación.[5] Sin embargo, en tanto que el sufrimiento es inevitable, el Derecho Budista no asume una postura moral absolutista, planteando que el aprendiz debe buscar causar el menor daño posible, motivo por el que dentro de la comuna espiritual (sangha) no hay lugar para los recursos violentos de la guerra santa o guerra justa,[6] buscando la Sublimación de las fuerzas de la codicia (loba), el odio (doha) y el engaño (moha). Por ello, el sistema de justicia del Maitriyana se basa en métodos conciliatorios de resolución de los conflictos,[7] en lugar de justificar la guerra, la xenofobia y el nacionalismo como lo hacen ideológicamente los Estados y las religiones. El Derecho Budista es el defensor, protector y guardián del Propósito (Dharma) de la vida, buscando la expansión de la consciencia de todos los seres vivos en lugar de buscar su destrucción y muerte. El paradigma político y jurídico del Maitriyana nunca justifica la violencia y la guerra, proponiendo un modelo de respuesta guiada por la rectitud, la solidaridad y la paz. Este modelo metapolítico propone la incorporación total del Propósito (Dharma) y la comuna espiritual (sangha) dentro de la ideología estatal,[8] buscando la paz y armonía social por medio de los principios del acuerdo, consenso y pluralismo. Así, el Derecho Budista propone una sociedad abierta y democrática,[9] donde la comuna espiritual (sangha) actúa como la consciencia ética de la sociedad,[10] asegurando que exista justicia y Verdad.

[1] Laksiri Jayasuriya, Just War Tradition and Buddhism.

[2] S. Hauerwas, Christian Contrarian.

[3] H. Saddhatissa, Buddhist Ethics: Essence of Buddhism.

[4] Laksiri Jayasuriya, Just War Tradition and Buddhism.

[5] Dhammapada.

[6] Laksiri Jayasuriya, Just War Tradition and Buddhism.

[7] P.D. Premasiri, The Place for a Righteous War in Buddhism.

[8] J.D. May, Transcendence and Violence.

[9] A. Sen, The Argumentative Indian.

[10] Laksiri Jayasuriya, Just War Tradition and Buddhism.

Defensa Budista de la abolición de la Pena de Muerte

Por Maestro Maitreya

El Derecho Budista considera que la tortura y la pena de muerte son los castigos más terribles que implementan los Estados que violan los derechos humanos. Estas prácticas opresivas suelen estar respaldadas por visiones religiosas o actitudes nihilistas, como sucede con gobiernos como el de Irán. En efecto, tanto la metafísica como el materialismo tienen un enorme poder dentro de los sistemas judiciales. Por lo tanto, la lucha contra la pena de muerte es para el Maitriyana un proyecto internacional que va contra la corriente del mundo contemporáneo, el cual confunde la justicia con la venganza. En tanto que la misión de Gautama fue que toda la humanidad logre la Cura (Nirvana) del sufrimiento, el Camino del Derecho Budista (Buddha-Dhammapada) asume que la pena de muerte es la negación máxima de la dignidad intrínseca o naturaleza dhármica (buddhata) del ser humano. El vehículo del Maitriyana ayuda a la sociedad a abandonar la codicia, el odio y el engaño, enseñándole una vida cotidiana basada en la humildad, la solidaridad y la Verdad. Esto significa que el Derecho Budista combate al dogmatismo y fundamentalismo como males sociales que envenenan la mente del sujeto, buscando su evanescencia por medio de la contemplación (dhyana), la sabiduría compasiva (prajña-karuna) y la ética (sila). En este sentido, aunque el código legal (vinaya) de la comuna espiritual (sangha) es amplio, ciertamente tiene cinco preceptos éticos esenciales que implican la abstención de asesinar, robar, violar, mentir y drogarse. De este modo, un modelo de Civilización Búdica promueve totalmente la abolición de la pena de muerte, preservando la vida con amor espiritual, simultáneamente recurriendo a la rehabilitación del criminal –en la medida de lo posible- o a su expulsión y exilio, lo cual fue utilizado como castigo por algunas antiguas culturas de Asia.[1] Así, el Maitriyana enseña una vía de justicia sin odio, crueldad y venganza, buscando la bondad y la Liberación para todos los seres. Al mismo tiempo, el precepto ético de no asesinar involucra tanto a seres humanos como a animales, insectos y árboles, demostrando que el Derecho Budista es un movimiento jurídico pionero en derechos humanos y derechos medioambientales. Sin embargo, cuando los Estados no han seguido estos preceptos éticos entonces las comunas (sanghas) de aprendices y maestros espirituales se han establecido como comunidades separadas, autónomas y regidas por su propia ley espiritual.[2] En efecto, la tradición jurídica del Maitriyana, con su influencia política, económica, cultural y medioambiental, es una costumbre milenaria que ha sido abandonada por los países de la civilización del sudeste asiático, motivo por el que éstos mantienen el castigo de la pena de muerte aunque sea algo contrario a los principios de no-violencia (ahimsa) y sabiduría compasiva (prajña-karuna) de la Espiritualidad Budista (Buddha-Sasana).[3]

En contraposición a movimientos internacionales de derechos humanos como el Derecho Budista, la civilización capitalista se encuentra a favor de la pena de muerte, llegando incluso a utilizar esta condena contra retrasados mentales,[4] y también contra menores de edad.[5] Este tipo de sucesos van contra la evolución natural de la Ley Internacional,[6] progreso que claramente es encarnado por el Maitriyana, pues incluso la civilización capitalista ha mostrado que suele utilizar la pena capital contra minorías raciales y clases sociales marginadas.[7] Esta actitud por parte del materialismo que viola los derechos humanos, paradójicamente también es compartida por muchos cristianos, los cuales ignoran no sólo la sabiduría compasiva (prajña-karuna) del Maestro Jesús sino también el hecho de que él mismo fue ejecutado con la pena de muerte.[8] Por su parte, el Camino del Derecho Budista (Buddha-Dhammapada) tiene un posicionamiento de fuerte condena espiritual contra la pena de muerte, lo cual es evidente en sus cinco preceptos éticos.[9] De hecho, el mismo Maestro Nagarjuna recomendó al Rey Udayi que genere actitudes de sabiduría compasiva (prajña-karuna) hacia los prisioneros asesinos, expulsándolos o exiliándolos en lugar de torturarlos y asesinarlos.[10] Pero obviamente, el Maitriyana recuerda que también existe la posibilidad de rehabilitación social para aquellos que han asesinado, tal y como Gautama mostró con Angulimala,[11] enseñando que este mecanismo es posible en el marco de comunidades (sanghas) orientadas hacia el aprendizaje y la evanescencia de los errores, intentando remendar su daño al contribuir a la sociedad. Así, en el sistema de Civilización Búdica de la Antigua India la pena de muerte estuvo abolida,[12] lo que ha sido evidenciado por mendicantes (bhikkhus) peregrinos de China, como Fa-Hieh y Hye Ch´o.[13] El Derecho Budista favorece que todos los seres humanos alcancen el Despertar (Bodhi), desarrollando su bondad intrínseca latente, motivo por el que su búsqueda de la rehabilitación espiritual y Cura (Nirvana) es estructuralmente contraria a la pena de muerte.

El Maitriyana denuncia que los Estados de la comunidad internacional que son más reacios a abolir la pena de muerte son aquellos en los que persiste la discriminación y el racismo violento.[14] Mientras que las prisiones alejan a los convictos de la comunidad humana, en cambio, la pena de muerte los separa de la comunidad de la vida. Por su parte, la tradición del Derecho Budista ofrece una práctica y teoría que permite la evolución del pensamiento, de la palabra y de la acción, religando al sujeto al campo holístico de la Interexistencia. La meditación libertaria produce una transformación en la actitud psíquica y social del aprendiz, permitiéndole evanescer cualquier vestigio de abuso, violencia o mentira que exista en su vida. Por ello, en el Maitriyana todo tipo de criminales tienen la posibilidad de redimirse si siguen los medios adecuados de vida, considerándose a la pena de muerte como un acto barbárico por parte del Estado,[15] ya que elimina esa posibilidad de aprendizaje y redención. Los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) viven en un estado de Apertura (Sunyata) ontológica al sufrimiento de los demás, y esto obviamente incluye el sufrimiento de los criminales sentenciados a la pena capital.[16] Además, el maestro espiritual es alguien que ha comprendido que se encuentra en completa conexión tanto con los demás seres humanos como con todo el sistema de la vida del que forma parte.[17] En este sentido, la realización de la Apertura (Sunyata) de la mente implica el reconocimiento del Fundamento Dinámico Vacío del Verdadero Ser, no aferrándose a ninguna posición personal del Ego, lo cual es una respuesta sabia y compasiva a las necesidades de los demás.[18] Al estar vacío de las ilusiones del egoísmo, dualismo y consumismo, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) dedica su vida a la misión de despertar tanto a las víctimas como a los agresores, estando totalmente abierto y sin agresividad hacia los otros.[19] Esta sabiduría compasiva (prajña-karuna) del desapego es la clave y atmósfera básica del Camino de la Cura (Nirvana).[20] La solidaridad del Derecho Budista se diferencia precisamente del derecho penal estatal y los medios de comunicación, los cuales suelen considerar a los agresores o asesinos como inhumanos.[21] Por otra parte, el Maitriyana afirma que es un mito la excusa de que la pena de muerte ofrece un sentido de cierre a las víctimas,[22] en tanto que el odio y la venganza son venenos para la mente, propagándose como un cáncer que infecta toda la cosmovisión del sujeto. En definitiva, la pena de muerte reduce al asesino a un mero objeto,[23] violando la santidad de la vida. Los Estados del mundo contemporáneo tienen el deber de ofrecer alternativas a este tipo de castigo, incluso permitiendo la rehabilitación y redención de los criminales, pues el perdón y la reconciliación (maitri) son el verdadero cierre para el sufrimiento y la insatisfacción (dukkha) de las víctimas. El respeto por la dignidad intrínseca de todos los seres vivos, junto con la orientación de la sociedad hacia el aprendizaje, conforman la base de la civilización del futuro.

[1] B. E. McKnight, The quality of mercy: amnesties and traditional Chinese justice.

[2] L. T. Lee & W. W. Lai, Chinese conceptions of Law: Confucian, Legalist and Buddhist.

[3] D. P. Horigan, Of Compassion and Capital Punishment: A Buddhist Perspective on the Death Penalty.

[4] E. F. Reed, The penry penalty: capital punishment and offenders with mental retardation.

[5] S. D. Strater, The juvenile death penalty: in the best interests of the child?

[6] W. A. Schabas, The abolition of the death penalty in the International Law.

[7] A. Aguirre & D. V. Baker, Race, Racism and the Death Penalty in the United States.

[8] D. P. Horigan, Of Compassion and Capital Punishment: A Buddhist Perspective on the Death Penalty.

[9] Nandasenda Ratnapala, Crime and Punishment in the Buddhist tradition.

[10] Maestro Nagarjuna, Rajaparikatha-ratnamala (The precious garland of advice for the king).

[11] Angulimala-sutta.

[12] J. Legge, A record of Buddhist Kingdoms: Being an account by the chinese monk Fa-Hieh of his travels in India and Ceylon (A.D. 399-419).

[13] Hye Ch´o, The Hye Ch´o diary: memoir of the pilgrimage to the five regions of India.

[14] D. Garland, Peculiar institution: America´s Death Penalty in an Age of Abolition.

[15] M. Hamer, America´s Death Penalty is barbaric.

[16] M. Davidson, Compassion and the Death penalty.

[17] D.T. Suzuki, Passivity in the Buddhist life.

[18] R. A. Ray, Indestructible Truth: the living Spirituality of Tibetan Buddhism.

[19] C. Trungpa, The myth of freedom and the way of meditation.

[20] C. Trungpa, Cutting through spiritual materialism.

[21] C. Haney, Death by design: capital punishment as a social psychological system.

[22] R. Greber & J. Johnson, The top ten Death penalty myths: the politics of crime control.

[23] M. Davidson, Compassion and the Death penalty.

Defensa Budista de la Cosoberanía entre la Sangha y el Estado

Por Maestro Maitreya

El maestro espiritual percibe con profundidad lo que sucede en el mundo, por lo que denuncia el agotamiento de los sistemas políticos, económicos, culturales y medioambientales de la civilización contemporánea. Tanto la democracia parlamentaria como la democracia presidencialista evidencian incapacidad para resolver los problemas complejos de la sociedad, como la guerra, la injusticia, la ignorancia y la contaminación. Debido a que los partidos políticos han perdido la legitimidad para actuar como representantes de la ciudadanía, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) plantea la necesidad de constituir gobiernos que genuinamente representen a la población, particularmente en América y Asia, donde los excesos del sistema presidencialista han derivado en los males de la corrupción y el autoritarismo, pero también en Europa, donde el sistema parlamentario ha degenerado en la burocracia y la ilegalidad. Por ello, el Maitriyana propone el arte del acuerdo como resolución para esta patología social que padecen las falsas democracias del mundo, las cuales han sido infectadas por una concepción política dualista basada en la disputa entre partidos políticos, donde el que gana debe gobernar mientras que el que pierde debe ser opositor. Esta lógica dualista es la base de la actividad partidaria y la acción del antagonismo y enfrentamiento, dilapidando los recursos de la sociedad en lugar de unir energías para resolver los problemas de la sociedad. Hace más de dos mil seiscientos años el Derecho Budista planteó una propuesta dialéctica para superar la lógica dualista de las antinomias políticas, expresando la idea de la cosoberanía entre la comuna espiritual (sangha) y el Estado. Sin producir desmerecimiento por el orden cívico de un país, el Maitriyana expresa que la comuna espiritual (sangha) posee intrínsecamente autonomía, autodeterminación y libertad, por lo que su liderazgo ético y espiritual no puede ser limitado por el Poder del Estado. Esta fórmula de cogobierno plantea la necesidad de que el Poder de la Espiritualidad vigile y supervise a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Así, el Derecho Budista no se trata de una mera modalidad especial de gobierno, sino que más bien es una reflexión que replantea la modalidad de convivencia social entre el Estado moderno y los pueblos originarios. Únicamente la construcción de un consenso entre el Estado y la comuna espiritual (sangha) puede solucionar los problemas complejos del mundo. La experiencia del maestro espiritual conduce a la convicción de que para alcanzar ese objetivo de la Cura (Nirvana) de los males de la humanidad se debe avanzar hacia un tipo de soberanía compartida por la comunidad internacional, donde los Estados permitan ser guiados ética y espiritualmente por el Bien y la Rectitud. Aunque puede ser entendido como la abolición del concepto de Estado moderno, este proceso también puede ser comprendido como la construcción de una civilización sabia y compasiva, posicionando a la comuna espiritual (sangha) como un órgano de supervisión de las violaciones del Estado. Esto implicaría un proceso de apertura en el cual la sociedad debería involucrarse activamente en la toma de decisiones políticas, económicas, culturales y medioambientales, en lugar de simplemente ceder su poder a representantes corruptos y autoritarios. De esta manera, la experiencia de cosoberanía que han mantenido los pueblos aborígenes y las comunas espiritual (sanghas) de América y Asia permite enderezar el rumbo de la civilización para salir del camino del infierno y autodestrucción, consolidando una participación democrática global de las naciones como base de esa autonomía y autodeterminación. Este compromiso del Maitriyana lleva adelante una política del consenso sobre la base de alcanzar los objetivos de la paz mundial, la justicia social, la educación gratuita y la armonía ecológica, legitimando tanto a los Estados como a las comunas espirituales (sanghas). El gran promotor de esta gran coalición internacional de cosoberanía ha sido Siddharta Gautama, cuyo Camino ético y espiritual conduce a la reunificación de la familia humana. El Derecho Budista busca el diálogo como medio para construir un mundo mejor, insistiendo en el hecho de que los gobernantes, legisladores y jueces no son ungidos por Dios ni tampoco son dueños de la Verdad, debiendo cumplir con el deber de ayudar a la sociedad en su Camino hacia el Despertar (Bodhi). Por ello, los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) son simplemente guías que acompañan a la humanidad para que ésta se salve por sí misma, pues este Propósito Supremo (Dharma) debe provenir de un esfuerzo consensuado por todos. Indudablemente, la función política del Maitriyana es crear ideas y proponer proyectos, compartiendo escenarios alternativas a través de la lógica del diálogo y el arte del acuerdo, teniendo el fin de que esas aspiraciones utópicas y benevolentes se conviertan en soluciones pragmáticas y factibles para los problemas del mundo. En este sentido, el Derecho Budista denuncia que el Estado tiene la capacidad para beneficiar la vida de toda la sociedad, aunque prefiere violar ese objetivo y mantener un sistema de opresión y alienación, motivo por el cual el maestro espiritual busca reformular la convivencia social para superar la lógica dualista del antagonismo político. La cosoberanía entre el Estado y la comuna espiritual (sangha) establece un sistema donde los pueblos originarios integran un cogobierno sobre la base de un acuerdo social constitucional. De este modo, el Maitriyana no propone un simple pacto o alianza circunstancial, sino más bien un consenso profundo que consolide un nuevo tipo de orden social más justo y solidario. Este compromiso del Derecho Budista asume la responsabilidad de recuperar la autodeterminación y libertad de la sociedad, la cual ha sido cercenada por las instituciones políticas tradicionales. Aunque es un Camino arduo, difícil y lleno de obstáculos, que requiere un pensamiento audaz y una acción majestuosa, establece un liderazgo abierto con la capacidad de incorporar al esfuerzo de toda la sociedad, refundando al Estado a través de un nuevo acuerdo de cosoberanía basada en los principios de la convivencia y la ecuanimidad. El Maitriyana plantea una nueva concepción de la política y la justicia, sembrando las semillas de la civilización del futuro. Este desafío colectivo es asumido como prioritario por el Derecho Budista, acompañando a la sociedad en su vía hacia el horizonte de la evolución.

Defensa Budista de la Nueva Abogacía

Por Maestro Maitreya

El sistema jurídico internacional debe actualizarse o renovarse, pues se necesitan profesionales que posean una avanzada formación técnica, normativa y humanitaria, debiéndose sin duda interesar por cuestiones sociales. La práctica de la abogacía no sólo puede nutrirse del aporte de las ciencias sociales, sino que también puede aprender muchísimo de los sistemas jurídicos tradicionales de los pueblos tribales, como es el caso del Derecho Tribal Budista. En este sentido, el sistema jurídico internacional enfrenta dos desafíos importantes: en primer lugar, la abogacía contemporánea necesita abrirse al futuro, incorporando como centro de su teoría y práctica los más altos estándares de los derechos humanos; en segundo lugar, la abogacía contemporánea necesita honrar el pasado, respetando la complejidad de las instituciones jurídicas tribales para comprender las transformaciones históricas y los valores éticos que son la base de la Ley. Por ello, el Maitriyana enseña un nuevo tipo de abogacía con fundamentos políticos, económicos, culturales y medioambientales. El sistema jurídico estatal por sí solo no es suficiente para comprender el fenómeno complejo de la Ley, lo cual significa que debe incorporar formaciones interdisciplinarias en psicología, filosofía, sociología e historia, tal y como lo hace el Derecho Tribal Budista, contribuyendo a la formación profesional de los abogados del futuro. Particularmente, deberían ser incorporadas perspectivas como las del análisis del derecho humano a la paz, las teorías modernas de la justicia social, el estudio de la democracia directa y el examen de los principios de responsabilidad a la luz de los derechos medioambientales. Estas herramientas priorizadas por el Maitriyana son útiles para comprender mejor los casos penales y civiles, así como también para proponer nuevas regulaciones legales inspiradas en los derechos humanos. Los aprendices del Derecho Tribal Budista tienen una formación en pensamiento crítico, desarrollando la capacidad de argumentación clara, rigurosa y original, motivo por el que aprenden lógica dialéctica paradojal, redactando posicionamientos éticos más allá del dualismo. Este tipo de argumentación recta busca que las leyes sean consistentes con la ética y el razonamiento intuitivo del Derecho Natural. Así, los comités de ética y tribunales de consciencia del Maitriyana hacen uso del conocimiento cumbre (satori) cuando evalúan casos de violaciones a los derechos del pueblo búdico, de la humanidad, de los animales y de la Madre Tierra (Pachamama). Los juristas (vinayadharas) del Derecho Tribal Budista no necesariamente son expertos en todas las cuestiones, aunque ciertamente deben tener las capacidades de evaluar sabiamente los casos e interpretar compasivamente las leyes, incluso considerando las metadiscusiones acerca de los métodos apropiados para llegar a la Verdad y la Justicia. Los maestros espirituales son mentores éticos y legales de los sujetos, siendo fuentes de consulta para su desarrollo psíquico y social. El Maitriyana se acerca entonces a la abogacía del futuro con la intención de que las nuevas generaciones de aprendices tengan herramientas profesionales para impulsar su práctica de compromiso con la Liberación de los demás. El Derecho Tribal Budista es un metapoder cuya práctica es la enseñanza jurídica, promoviendo la defensa de la ética, los derechos humanos y las libertades fundamentales. Por lo tanto, los comités de ética y tribunales de consciencia del Maitriyana encarnan un mejoramiento y evolución del sistema internacional de Justicia, el cual puede importar estas prácticas jurídicas tradicionales de los pueblos tribales y adecuarlas a las necesidades de la comunidad global. Estas habilidades del Derecho Tribal Budista serán fundamentales en el mundo del mañana, el cual desarrollará la democratización y purificación de la Justicia hasta niveles nunca antes alcanzados.

Defensa Budista de la lucha contra la Impunidad

Por el Maestro Budista Maitreya

En la apertura del Camino de la Espiritualidad, hace dos mil seiscientos años atrás, Siddharta Gautama hizo un llamado a los tres pilares del Discurso Analítico-Existencial-Libertario (Buddha-Dharma-Sangha) para luchar pacíficamente por un mundo mejor. Esto requiere que el Derecho Budista termine con la impunidad, la cual es la ausencia de Justicia y Verdad. Por ello, el Maitriyana es responsable de oír el reclamo de la sociedad para intentar urgentemente la transformación de la realidad. Esta metapolítica del Derecho Budista hace frente a la impunidad de los poderes del Estado y la religión, promoviendo un proceso jurídico con un Propósito (Dharma) claro y una sentencia ética. El maestro espiritual asegura que el primer paso de esta vía de Justicia Superior es la investigación de lo Real, porque sin este proceso investigativo no hay Verdad. En efecto, el Maitriyana trabaja para avanzar en la creación de un cuerpo planetario de política judicial, revalorizando el rol del Derecho Internacional y los Derechos Humanos en los procesos políticos del futuro, pero siempre en sintonía con procesos democráticos de debate popular. En el Derecho Budista se considera a la meditación libertaria como un laboratorio donde se puede probar hipótesis para la construcción de una nueva civilización, pues la experiencia contemplativa es el laboratorio de la ciencia jurídica del Maitriyana. Aunque los poderes del Estado no cooperan para eficazmente llevar Justicia y Verdad al pueblo, la corte del Derecho Budista hace un llamado para terminar con la impunidad del Poder político, económico y cultural, buscando debilitar a las instituciones que desarrollan el mal y el engaño en el mundo. El Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) señala que todo sujeto tiene derecho a un resultado justo, motivo por el cual los tribunales del Maitriyana ayudan a que los pobres y oprimidos puedan obtener la Cura (Nirvana) del sufrimiento, ayudando a que disfruten de la vida a través de la defensa de sus derechos esenciales. En este sentido, el Derecho Budista es la máxima encarnación de la lucha contra la impunidad, la cual no necesariamente es la falta de una pena de prisión o aplicación de una pena económica, sino que más bien es el intento del Poder para intentar ocultar la Verdad de los hechos, demostrando la insensibilidad del Estado y de la religión ante la frustración (dukkha) de las víctimas.

En la vía de la lucha contra la impunidad, el Maitriyana destaca la iniciativa de la comuna espiritual (sangha) que hace milenios creó un comité de ética para combatir la guerra, la corrupción, la prostitución, el encubrimiento y el narcotráfico, enseñándole al aprendiz a purificar su mente de estos males sociales. Así, el Derecho Budista considera de forma muy cercana a cuestiones como la Paz, la Justicia, la Educación y la Ecología, adoptando un enfoque integral para solucionar los conflictos. El maestro espiritual llama a cambiar la perspectiva de vida de toda la humanidad, dirigiendo la mayor parte de sus recursos a luchar contra la codicia, el odio y el engaño. El Maitriyana indica que la civilización entera necesita un cambio de dirección, abandonando la ruta de la impunidad y la mentira del Estado para avanzar hacia el camino de la Justicia y la Verdad del pueblo.

El Derecho Budista analiza la relación del Estado y la religión, declarando que ambos conforman un Poder intrínsecamente impune. Tanto los Poderes estatales (ejecutivo, legislativo y judicial) como Poderes fácticos (corporativo, mediático y eclesiástico) no conducen al Camino de la Verdad, la Justicia y la Reconciliación. En cambio, el Maitriyana sólo piensa y trabaja en el aquí y ahora como un contrapoder que diseña un mundo mejor. De este modo, la sentencia ética de un maestro espiritual nunca es condescendiente con respecto a los poderosos del pasado y presente, sino que es estructuralmente crítica a partir de su proyección hacia el futuro. El desarrollo del Derecho Budista es un acontecimiento trascendente en la historia, pues permite el análisis del malfuncionamiento e impunidad de los Poderes del Estado y la religión, considerando fundamental ayudar a la Salvación y Evolución de la humanidad a través de sentencias éticas que brindan el marco socialista libertario de la civilización del futuro. Además, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) manifiesta claramente que su Propósito (Dharma) es cuidar del pueblo, por lo que el Maitriyana tiene una función metapolítica de Contrapoder Jurídico que llama a proteger los derechos humanos y los derechos medioambientales, incluso cuando los que violan estos derechos son poderosos gobernantes o líderes religiosos. Ciertamente, la metapolítica jurídica del Derecho Budista se ocupa del bien general, transmitiendo una visión de la sociedad que hace renacer su dignidad inherente que es provista por la naturaleza dhármica. Aunque el maestro espiritual no tiene el deber y la función de gobernar el mundo, el activismo jurídico del Maitriyana pone límites a la impunidad, protegiendo los derechos del pueblo incluso con el costo de arriesgar la propia vida. Mientras que los gobernantes y los Papas se ocupan ambos de acumular Poder y dinero, por otro lado, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) se dirige a la humanidad a través de un sendero de humildad y desapego, dedicándose a hablar siempre con sabiduría compasiva (prajña-karuna), pues su máxima preocupación es el futuro adecuado de la humanidad y de la Madre Tierra (Gaia). Esta es la función milenaria que el Derecho Budista se anima a desempeñar contra a la impunidad, protegiendo éticamente a las víctimas por medio de la comprensión de la Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Defensa Budista del Despertar de los pueblos

Defensa Budista del Despertar de los pueblos

El Derecho Budista busca que la sociedad se encamine con firmeza hacia una civilización socialista libertaria, desarrollándose sustentablemente con un peso específico en la evanescencia de la pobreza. En efecto, el proyecto de ascensión o Despertar (Bodhi) de los pueblos indudablemente tiene su origen en los múltiples Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) que han existido en la historia de la humanidad, quienes con mucha paciencia enseñaron a las sociedades del mundo cómo calmar su sed de paz, justicia social, educación y ecología. Esto presupone que el maestro espiritual es un sujeto de un poder supremo que hace de cierto contrapeso al despliegue autodestructivo de la civilización materialista, la cual se ha ido desmoronando producto de las mayores desgracias que han acompañado a los gobiernos por generaciones: la codicia, el odio y el engaño. Exceptuando muy pocos casos, la mayoría de los gobiernos son una estructura de corrupción que empobrecen profundamente al pueblo al no liberarlo de sus miserias. El Maitriyana enseña que cuando un aprendiz puede comprender la realidad entonces dedica toda su buena voluntad al desarrollo social, logrando cosas inimaginables. En cambio, los gobiernos y las religiones no buscan que los pueblos despierten, sino que más bien buscan controlar a la sociedad por medio del nepotismo, la falta de republicanismo y el abuso de las fuerzas militares. Sin embargo, el Derecho Budista establece que toda ideología o estructura social corrupta está destinada a perecer frente al acontecimiento del futuro. En consecuencia, el maestro espiritual es una muestra de esperanza ante los peligrosos gobiernos autoritarios, enseñando una vía directa hacia la humanidad nueva. El Gran Despertar (Maha Bodhi) planetario es un innovador cambio de rumbo, estableciendo ciertas medidas de Apertura (Sunyata) de un mundo mejor y sin guerras, pobreza, ignorancia y contaminación. Aunque es un Propósito (Dharma) muy difícil de alcanzar, ciertamente no es inalcanzable ni imposible, pues se trata del acontecimiento súbito y utópico de la liberación de la opresión. Esto posiciona al movimiento del Maitriyana como un actor influyente para el emerger de la civilización del mañana, enseñando cómo poder crear una Tierra Pura o Reino de la Rectitud en el aquí y ahora. Ha sido una travesía de más de dos mil seiscientos años, pero el Derecho Budista aún mantiene un poder ético y legal que no da la espalda al sufrimiento del pueblo. Así, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) enseña a los pueblos a dejar de tener lealtad hacia sus gobernantes, para comenzar a tener lealtad hacia la Ley y la Justicia. Este elocuente Desapego es clave para que el Despertar (Bodhi) de la humanidad, haciendo que resuene en todos los continentes el estruendo de la Libertad, Igualdad y Fraternidad. Indudablemente, la maduración de la sociedad depende de que los pueblos busquen evanescer su pobreza espiritual, luchando pacíficamente contra los gobiernos corruptos y autoritarios, cuya tendencia nunca es el bienestar social sino la acumulación de riquezas y poder. El Maitriyana es entonces un movimiento atrevido, inesperado e insospechado para aquellos que están apegados a las estructuras hegemónicas que oprimen a los pueblos al fijarles sus destinos. En este sentido, el maestro espiritual enseña a hacer posible a lo imposible, restableciendo progresivamente las relaciones de armonía entre los seres humanos y uniendo a los Estados en el respeto de la Ética, los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales. A través de sentencias éticas ejemplarizantes, el Derecho Budista lucha contra la corrupción y opresión de las instituciones gubernamentales, corporativas y religiosas, fomentando la investigación de la Verdad. Obviamente, este Camino se diferencia de aquellos que son demagogos y utilizan el sufrimiento del prójimo. El Maitriyana es la creación de un futuro de evolución y madurez colectiva, transformando profundamente a la sociedad por medio de una nueva visión libertaria que encamina a los pueblos hacia un sistema civilizatorio pacifico, justo, sabio y compasivo.

Defensa Budista de la Libertad de Expresión

Por Maestro Maitreya

A la luz del Código Legal (Vinaya) del Derecho Budista o Ley Dhármica, el maestro espiritual analiza que únicamente las leyes de la palabra recta y adecuada pueden regular a la Libertad de Expresión del ser humano, pues la libertad de pensamiento y habla constituyen la base misma de la libertad de acción plena que manifiesta todo Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva). Esto significa que mientras que la expresión del sujeto esté guiada por la rectitud y nunca por la violencia y la mentira contra otros seres, el Estado tiene el deber de no-entorpecer y hacer-nada (wu-wei) ante estas expresiones libres. En el campo del Maitriyana, la Libertad de Expresión constituye la principal fuerza contra la codicia, el odio y el engaño que promueven los gobiernos y las empresas del mundo, denunciando las ilusiones y falsedades que amenazan a la Paz y la Verdad. Siguiendo a Gautama, el maestro espiritual señala que los criterios a considerar para determinar la posible restricción a una expresión deben ser los que han sido desarrollados en el Derecho Budista respecto de la violencia y la mentira, manifestando su confianza en la prudencia de los Comités de ética y Tribunales tribales de la Comuna Espiritual (Sangha). Por lo tanto, el Maitriyana considera como correcta las declaraciones, convenciones y pactos sobre derechos humanos y derechos civiles, en el sentido de establecer que los poderes legislativos y administrativos del Estado no pueden restringir la Libertad de Expresión mientras que deseen mantener un Orden político democrático. En este sentido, la Libertad de Expresión debe estar regulada por los valores espirituales de la Justicia, la Ética y la Rectitud.

El Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) clarifica que la Libertad de Expresión y Pensamiento constituyen la misma naturaleza espiritual de la humanidad, siendo una de las principales virtudes de la vida consciente. De este modo, la tradición del Derecho Budista no ignora que la estructura fundamental de la existencia humana es la Libertad, al mismo tiempo que acepta a la palabra recta y el comportamiento adecuado como guías disciplinarias de esa libertad, pues sin esta aplicación sublimadora el aprendiz caería en el campo del libertinaje y la perversión. Cuando el sujeto abre sus ojos al Conocimiento Cumbre (Satori), entonces acontece el Despertar (Bodhi) de la Verdad como una nueva forma correcta de mirar la vida. Así, el corpus legal del Maitriyana reconoce la diferencia fundamental entre Libertad y libertinaje, considerando que los contenidos de la Libertad de Expresión y Pensamiento deben estar regulados por los valores de la Verdad y la Ética, lo cual significa explícitamente que el Estado no debe imponer normas para su regulación o restricción legal, pues podría considerarse como conductas difamatorias, subversivas e ilegales toda crítica al Poder del status quo e incluso también a la misma percepción de lo Real. En efecto, la Verdad y la Ética conforman el Camino de la Rectitud de la Espiritualidad, por lo que es el Derecho Budista el que tiene el Propósito (Dharma) de señalar cómo la práctica contemplativa regula dos tipos de restricciones a la Libertad de Expresión: la violencia y la mentira. Mientras que el aprendiz se exprese siendo fiel a la Verdad, lo cual implica hablar siempre con evidencias y nunca con prejuicios, al mismo tiempo que sea fiel a la Rectitud, lo cual significa comportarse siempre pacíficamente y nunca hacer daño a otros seres, entonces su conducta será legal desde la perspectiva del Maitriyana. Sin embargo, el Derecho Budista –al igual que los derechos humanos- puede ser considerado como una actividad subversiva y difamatoria desde el punto de vista de un Estado carente de democracia y pluralismo jurídico, incluso a pesar de que claramente la Ley Dhármica que practica el Maitriyana carezca tanto de intención maliciosa como de peligro claro y presente para otros. De este modo, la práctica y doctrina del Derecho Budista se trata de un asunto de principios éticos y espirituales y no un asunto establecido por el gobierno. En este sentido, el núcleo de los comités de ética y tribunales de consciencia que defiende el Maitriyana apunta a revelar y enseñar la Verdad en lugar de simplemente limitarse a realizar condenas morales, penales y monetarias, razón por la que se trata de un Contrapoder notablemente distinto a los poderes administrativos y legislativos del sistema estatal que intentan controlar o reprimir las libertades fundamentales de pensamiento y expresión.

Uno de los rasgos característicos del Derecho Budista es que no rehúye de lo que debería ser la principal indagación del Estado, que es preguntarse cuál es el Propósito (Dharma) de la sociedad. Al respecto, la respuesta del Maitriyana es coherente y explica en gran medida hacia dónde se dirige la humanidad, pues se retrotrae a los fundamentos mismos de la vida, afirmando que el Propósito (Dharma) del ser humano es la Liberación. En efecto, esto es la Cura (Nirvana) de los males que reprimen a la Libertad Adecuada de Pensamiento y Expresión, preservando las libertades intrínsecas de la naturaleza humana. Así, el Derecho Budista cumple con aquello que debería ser el objetivo y deseo de todo gobierno: la defensa de los derechos humanos de todo el pueblo. Un régimen gubernamental que ignora estos derechos y libertades intrínsecas no hace más que regir a través de la espada, oprimiendo y derramando sangre inocente para mantener su Poder autoritario. Frente a la historia mundial caracterizada por la represión de la Libertad de Expresión y Pensamiento, el Maitriyana enseña la vía hacia una nueva etapa de liberación de la mente y la palabra. Por ello, los maestros espirituales siguen un Código Legal (Vinaya) que no procura imitar los peores sistemas jurídicos del pasado, sino que más bien inicia una experiencia utópica histórica. El Derecho Budista se trata de una visión metapolítica radical que intenta moldear una nueva concepción de civilización en una Tierra Pura. Esta tradición espiritual y meta-intelectual no sólo se basa en Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) como Gautama y Jesús, pues también concuerda con los desarrollos filosóficos de Hobbes, Locke y Hume. Por lo tanto, el concepto básico de Libertad que emerge de la tradición Maitriyana se refiere a la Libertad Plena de Pensamiento, Expresión y Acción, exceptuando cuando esto implique el uso de la violencia y la mentira contra otros seres. Esta visión de la Libertad alude a la ética del sujeto y no contiene elemento regulador por parte del Estado, el cual únicamente tiene que sancionar la agresión y el engaño. Así, existe una relación entre el Derecho Budista y el Derecho Consuetudinario sobre agravios.

El Maitriyana no realiza diferencia entre la Libertad de pensamiento, la Libertad de expresión y la Libertad de acción, del mismo modo que no hay una diferencia esencial entre el comportamiento agraviante de palabra con el comportamiento agraviante de acto, como lo demuestra la conducta de la que emana una amenaza. Básicamente, la idea del Derecho Budista afirma que el ser humano es por naturaleza libre de pensar, decir y hacer lo que desee, siempre y cuando no emplee la violencia y la mentira contra otros. Esta leve restricción libertaria a la conducta y la expresión establece que el uso de la fuerza y el engaño son totalmente ilegales, mientras que la crítica ética y la defensa de la Verdad son expresiones absolutamente legales que no deben ser reprimidas tanto por el Estado como por grupos y personas. De esta manera, las expresiones del Maitriyana se encuentran enteramente protegidas por el Derecho Budista, el Derecho Consuetudinario y el Derecho Internacional, pues su Libertad de Expresión no conlleva calumnias maliciosas y amenazas de uso de la fuerza ni mucho menos comportamientos engañosos y violentos. El Maitriyana dilucida claramente que la Libertad de expresarse críticamente es notablemente distinta de la calumnia y la difamación, pues se trata de un recurso metapolítico digno y necesario para la democracia y el desarrollo. Al identificar claramente los tipos de expresiones que violan los deberes de la Libertad de Expresión, que son la no-violencia y la veracidad, entonces se puede hacer respetar plenamente los derechos de la Libertad de Expresión. Por lo tanto, el Derecho Budista desalienta en todo momento el uso del daño físico y verbal, evanesciendo esta mala praxis de la Libertad. Este remedio que provee el Maitriyana es la crítica constructiva, la enseñanza espiritual y la guía ética como piezas centrales de una práctica adecuada de la Libertad de Expresión, Pensamiento y Acción cuando es ejercida tanto en el ámbito público como en el privado, especialmente cuando se critica o denuncia a aquellos poderosos que se amparan en la impunidad y la ineficiencia del sistema jurídico ordinario. Efectivamente, el Derecho Budista posee dos mil seiscientos años de jurisprudencia consuetudinaria en resolución pacífica de las controversias y conflictos, aunque su sistema legal pueda llegar a resultar como una actividad subversiva frente al status quo gubernamental. En los comportamientos y dichos de los maestros espirituales no hay probabilidad, gravedad e inmediatez del daño, por lo que sólo representan una amenaza para aquellos que intentan ocultar la Verdad.

El porvenir de la Justicia en el mundo parece algo incierto ante la mirada ordinaria del pueblo, en tanto que los pobres y oprimidos padecen de sistemas jurídicos obsoletos y corruptos. Sin embargo, el Maitriyana nunca se desespera ni descorazona, debido a que la Espiritualidad abre el Camino hacia una forma jurídica auténtica que es tanto el futuro como el pasado del ser humano. De hecho, uno de los grandes logros de las cortes de derechos humanos durante el siglo XX ha sido decidir que las libertades fundamentales son intrínsecas al ser humano, lo cual significa que son su naturaleza dhármica, demostrando que la visión libertaria de Gautama era correcta. Aun cuando el Derecho Budista opera en los márgenes de la civilización contemporánea, ciertamente supone una forma de proteger a los pueblos, los valores espirituales y a la Verdad misma frente al caos y confusión que reinan en los sistema jurídicos penales y civiles, donde no se suele proteger o defender a aquellos que sufren ni tampoco se suele enseñar o reeducar a aquellos que se equivocan.

La práctica y teoría jurídica del Maitriyana es un equilibrio o Camino Medio entre los extremos de la sobreaplicación y subaplicación de la Ley, siendo la aplicación adecuada de la Justicia y la Rectitud, ayudando a las víctimas y simultáneamente enseñando a los agresores. Esta máxima libertaria del Derecho Budista en el campo de la Libertad de Expresión significa que el derecho a la Libertad de Expresión no implica la protección de la violencia y la mentira, las cuales son acciones condenables para todo individuo, grupo o Estado. Por lo tanto, el Maitriyana considera que debe haber Libertad de Expresión para realizar críticas y denuncias públicas siempre y cuando se tenga evidencia o prueba de que es Verdad lo afirmado, pues de lo contrario no será más que una agresión, difamación o mentira. Este deber hacia la Verdad se entrelaza con el derecho a la Libertad de Expresión, lo cual no sólo protege a los activistas de derechos humanos que critican adecuadamente acciones ilegales sino que simultáneamente también restringe a aquellos que incurren en la mera calumnia y perjuicio contra otros. Este marco jurídico del Derecho Budista evanesce los errores de la sobreaplicación y subaplicación de las leyes, lo cual significa reducir al mínimo los extremos de la represión y el libertinaje. En este sentido, una de las capacidades del tribunal ético del Maitriyana es identificar el Camino Medio de la Justicia como cumplimiento adecuado o recto de la Ley, creando el marco institucional correcto para defender el cumplimiento del derecho a la Libertad de Expresión al mismo tiempo que critica la violación al deber de la Palabra Recta. En efecto, el Derecho Budista establece que sin el derecho a la Libertad de Expresión las minorías desaparecerán de la sociedad, de forma violenta o silenciosa, pues el Poder siempre está a favor de la asimilación y la normalización, intentando suprimir las diferencias y las críticas que son esenciales para la vida democrática de los pueblos. Esto demuestra el motivo por el que la Libertad de Expresión genera un límite a los excesos del Poder político, no implicando una mera práctica intelectual sino más bien una acción libertaria. El Maitriyana trasciende las meras discusiones políticas del momento para ir hacia el redescubrimiento de la intención originaria o Propósito (Dharma) de la Justicia, el cual nunca es sostener los velos del status quo sino más bien emplear recursos para identificar y transmitir la Verdad. En definitiva, el Derecho Budista demuestra que la Justicia Verdadera no es la sanción y la condena, sino el aprendizaje y la reconciliación (maitri), transcurriendo por el Camino de la utopía sabia y la esperanza compasiva que conduce al Gran Despertar (Maha Bodhi) de la humanidad. Así, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) considera que todo conflicto es siempre una oportunidad para volver hacer resaltar la importancia del remedio o Cura (Nirvana) para el sufrimiento de los pueblos. Como las estructuras básicas de la ley convencional son estructuralmente estereotipadas, burócratas e insensibles como para poder ayudar al pueblo con acciones judiciales inteligentes, la teoría y práctica legal del Maitriyana es profundamente importante, permitiendo que la Justicia resuelva los dilemas que dividen a la humanidad, muchos de los cuales son creados por los gobiernos. El Derecho Budista demuestra cómo es posible ser la encarnación de la Bondad, la Ley y la Rectitud, por lo que inserta una dosis de activismo judicial en los pueblos de todo el mundo para que alcancen la Libertad, Igualdad y Fraternidad.

En el Maitriyana se propone una consideración de la Libertad de Expresión como una parte esencial de la naturaleza social humana y sus valores éticos, en lugar de considerarla como una práctica regulada por leyes creadas artificialmente. La Libertad de Expresión es un derecho humano fundamental, siendo indispensable para el desarrollo tanto del psiquismo como de la sociedad, dado que afecta las expresiones verbales, artísticas, científicas, periodísticas, jurídicas, políticas, educativas y filosóficas, entre otras. Así, el Estado tiene el deber de garantizar la Libertad de Expresión del aprendiz en todas las esferas de la existencia, tanto frente a instituciones gubernamentales como ante instituciones privadas. El sujeto debe ejercer este derecho a tener sus propias opiniones, a investigar informaciones, a disfrutar de la autonomía universitaria, a buscar la Verdad, y a difundir libremente las ideas. Por lo tanto, los principales derechos humanos son imposibles de cumplir sin garantizar el derecho a la Libertad de Expresión. El reconocimiento de estas libertades sociales es garantizado por el Derecho Budista, el cual es un sistema milenario originado en las convicciones y costumbres de la Comuna espiritual (Sangha). La Libertad de Expresión emana del interior del pueblo búdico, ya que es el resultado de su meditación libertaria y su identidad cultural. Desde el Maitriyana se desprende el ordenamiento jurídico que dispone los derechos y deberes de la Libertad de Expresión, lo cual significa que el maestro espiritual enseña las vías y los límites para la expresión adecuada de la Liberación.

El Derecho Budista ha establecido un camino milenario regido por el principio de la progresividad de los derechos humanos, lo cual es uno de los pilares de la justicia internacional, reconociendo y garantizando las libertades fundamentales dentro de la Comuna espiritual (Sangha) para luego mejorar y extender estos valores a toda la sociedad. Así, el fundamento de la Libertad de Expresión se encuentra en el legado del pasado, gracias al movimiento creado por Gautama, pero también es producto del cambio de paradigma contemporáneo que inicia el Maitriyana, el cual considera el Despertar (Bodhi) como el punto de origen para la humanidad evolucionada y la civilización libertaria, las cuales son una limitación intrínseca al Poder mundano. En efecto, la gran fuerza del Derecho Budista no radica en su aplicabilidad material sino en su ejemplo ético y guía espiritual para los pueblos, denunciando los abusos del Estado para poder crear un mundo mejor. Por ello, en la corriente jurídica del Maitriyana se identifica claramente que el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) es alguien que no cede su facultad de autodeterminación normativa al Estado. Esto significa que el maestro espiritual no se somete al pacto social del Estado, pues ya ha dado su compromiso y espíritu de vida a la Comuna (Sangha), cuyas características son superiores a las del Estado: posee una racionalidad intuitiva y privilegia la Libertad del aprendiz. Si bien el sujeto no debe ejercer la violencia o uso de la fuerza, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) no reconoce que el Estado tenga el monopolio exclusivo de la Ley, lo cual es una actitud que evanesce el contrato social al mostrarlo como una ilusión.

En consecuencia, el Derecho Budista establece que el ser humano tiene Libertad de Expresión, Pensamiento y Acción hasta los límites que establezca la ética del Camino Medio y no las leyes estatales que suelen violar las libertades y los derechos fundamentales. Lo revolucionario de esta tesis del Maitriyana es que entiende al maestro espiritual como alguien por encima del pacto social, pues ciertamente puede sustraerse o desapegarse de este modelo estatal creado por el Poder e Imperio Estatal, cuyas leyes artificiales y contingentes suelen reprimir la posibilidad para que toda la sociedad acceda a la Cura (Nirvana) del sufrimiento. Según el Derecho Budista, el Estado es una fuerza sumamente poderosa pero éticamente inapropiada, siendo un sistema represor de los derechos y las libertades de la humanidad. En cambio, el Maitriyana es la máxima representación de la cultura mundial, por lo que tiende naturalmente a su protección, respondiendo a intereses comunitarios y supremos que tienen como resultado un Camino histórico y legitimado por la capacidad de hacer cumplir los derechos y deberes necesarios para la Salvación y Evolución de la vida humana. Ciertamente, el Derecho Budista tiene una expresión contemporánea, aunque sus ideas más esenciales se han gestado hace dos mil seiscientos años en la Antigua India, cuando el Discurso Analítico-Existencial-Libertario (Buddha-Dharma-Sangha) de la Espiritualidad desarrolló una corriente jurídica radical, sintetizando los mejores saberes políticos, económicos, culturales y medioambientales para poder afirmar que en la Espiritualidad existen valoraciones supralegales que van más allá de la voluntad del Estado y su Derecho penal o civil. De este modo, el Maitriyana se posiciona como una vía de Justicia Superior, ampliando y transformando el campo de lo jurídico para ir más allá de las leyes gubernamentales, para aproximar el aprendiz a las enseñanzas éticas y solemnes de los grandes Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) de la historia. Este conocimiento perenne o sabiduría compasiva (prajña-karuna) del Derecho Budista elabora un sistema jurídico sano, recto y adecuado, resaltando en todo momento y lugar los derechos y las libertades fundamentales, los cuales no deben ser respetadas únicamente en la medida en que estén determinados en el Derecho estatal, pues existen una gran cantidad de derechos que existen e indudablemente no son reconocidos por el sistema jurídico ordinario.

El sistema jurídico especial que es enseñado por el Maitriyana es un conjunto de principios que son acordes con la naturaleza dhármica del ser humano, la cual es inmutable y atemporal, motivo por el cual el Derecho Budista tiene validez universal. Sin embargo, también se trata de un sistema viviente, por lo que aprende y evoluciona a medida que transcurren los eventos, pero siempre navegando por el Camino de la Ética y la Rectitud. Por ello, los principios de la Ley Dhármica son superiores al Derecho positivo estatal, siendo tanto su límite como su Fundamento Dinámico Vacío. Así, el Maitriyana reconoce como válido a todo sistema legal que se derive de esta naturaleza espiritual o dhármica presente en el corazón y mente de la humanidad, mientras que indefectiblemente será inválido todo sistema jurídico que reprima a la ética, los derechos humanos y las libertades fundamentales. Estos valores del Derecho Budista trascienden a las normas de la sociedad y el Estado, estando fundamentados en la naturaleza dhármica del ser humano que es histórica y ontológicamente anterior a todo sistema jurídico. Por esta razón ninguna norma legal y estatal debe ir en contra de la Espiritualidad, de la cual se deducen los derechos espirituales como prerrogativas superiores al gobierno y Estado, por lo que ningún Poder político, económico y cultural tiene legitimidad para anular el Derecho Natural del Maitriyana. Así, el Derecho Budista establece que el Estado no puede ir en contra de la Libertad de Expresión, Pensamiento y Acción, cuya razón es perenne mientras que la del Estado es transitoria. El maestro espiritual, al presumir de defender a los derechos naturales y espirituales, tiene legitimidad para criticar al sistema jurídico estatal que violenta los derechos humanos y las libertades fundamentales. Cuando el Derecho estatal ignora estos valores y principios -que son defendidos por el Maitriyana- en realidad está negando su propia esencia fundacional. La historia y desarrollo del Derecho Budista constituye un eterno redescubrimiento de la naturaleza humana como libre, iluminada y solidaria, siendo la fuente de perfección y evolución de los derechos humanos y derechos espirituales. En este sentido, la metapolítica jurídica del Maitriyana estudia constantemente al Derecho Natural que subyace y está más allá del Derecho Estatal. Incluso aunque puedan existir múltiples versiones sobre qué es esa naturaleza humana, ciertamente es innegable su existencia como fuente de Propósito (Dharma), razón, ética y Despertar (Bodhi). Por ello, a partir del conocimiento cumbre (satori) de esta naturaleza racional y socialista del ser humano es que el sujeto puede comprender que la Libertad de Expresión constituye el aspecto más sagrado y natural de la vida humana, con lo cual el Derecho estatal debería asegurarse de proteger y no-contradecir a estos valores naturales y tribales del Derecho Budista, desarrollando y desenvolviendo a los derechos Humanos y derechos Espirituales.

Por otra parte, aunque la Libertad de Expresión es un derecho humano supremo, totalmente basado en la naturaleza racional y espiritual del ser humano, esto no implica que sea ilimitado, pues los derechos también conllevan deberes. Esto implica que el Maitriyana no abusa de la trascendencia de su defensa de la Libertad de Expresión, instaurando que el límite correctivo a toda expresión, pensamiento y acción debe ser el respeto a la misma naturaleza libre e iluminada de la humanidad. Así, no se trata de un concepto abstracto, sino que la Libertad de Expresión debe manifestarse respetuosamente, no defendiendo a la violencia ni tampoco incurriendo en insultos que ataquen la dignidad y el honor intrínseco de los demás. No obstante, las críticas veraces junto con el sentido del humor no necesariamente implican incurrir en irrespetar o ignorar el valor del prójimo, pues estos recursos son esencialmente una expresión de la naturaleza dhármica, siendo fundamental para el arte, la razón y el análisis crítico de la realidad. El Derecho Budista establece que el derecho a la Libertad de Expresión debe estar siempre en sintonía con el derecho a la Información y la Verdad, por lo que es imperativo que las expresiones no fomenten el engaño, la mentira y el fraude, estando respaldadas por la realidad. Esto respeta plenamente el derecho de los demás a recibir informaciones fidedignas sin necesariamente restringir el derecho a la opinión, en tanto simplemente se requiere que las mismas no dañen la integridad de los demás teniendo un mínimo de asidero en la Verdad. También, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) enseña que la Libertad de Expresión debe respetar el derecho a la intimidad, el derecho a la igualdad y no-discriminación, el derecho a la seguridad social y el derecho a la fraternidad, entre otros.

El orden jurídico del Maitriyana es la máxima protección a los valores éticos, estéticos y espirituales de la humanidad, por lo que prohíbe rotundamente a expresiones contrarias a los valores, como la apología del delito y la guerra, el narcotráfico, la prostitución, la violencia, la corrupción, el odio y el racismo. En este sentido, el Derecho Budista advierte sobre la situación grave que padece la civilización contemporánea, debido a que la mayoría de los gobiernos, religiones y medios de comunicación masiva están profundamente contaminados de ideas engañosas y violentas que corroen los derechos humanos, haciendo un mal uso de la Libertad de Expresión para socavar las bases sagradas del ser humano que supuestamente deben respetar y defender. Además, los gobiernos y las empresas comunicacionales suelen formar alianzas para controlar el monopolio de la palabra, reprimiendo a aquellos que desafían el status quo. El Maitriyana considera que la Libertad de Expresión debe estar regida por el autocontrol y la Sublimación (Nirodh), en lugar de dejar al Estado o al sector privado la potestad para controlar las libertades fundamentales. Incluso aunque este hecho pueda estar jurídicamente legitimado por el Estado, ciertamente es algo éticamente injustificado a la luz del Derecho Budista. Sin embargo, cuando el maestro espiritual enseña el arte del autocontrol como mecanismo para encauzar la Libertad de Expresión no está haciendo referencia a la autocensura fundada en el miedo, sino que más bien se refiere a la actitud de responsabilidad ética de elegir cuál es la forma más adecuada y correcta de expresarse. Mientras que la autocensura reprime la Libertad de Expresión, Pensamiento y Acción, en cambio, el autocontrol desarrolla la autorrealización del ser-en-el-humano, siendo un mecanismo que proviene de la naturaleza dhármica como punto de origen de los derechos y deberes humanos.

El derecho a la Libertad de Expresión evoluciona con el desarrollo de la contracultura del Maitriyana, el cual es un movimiento que sintetiza el pensamiento de Oriente y Occidente. Durante dos mil seiscientos años el Derecho Budista ha sido la única disciplina que ha formulado una teoría y práctica de los derechos humanos sobre la base del reconocimiento de la naturaleza dhármica como una dignidad y libertad intrínseca. Sin embargo, los gobiernos y religiones de la historia han permitido violaciones flagrantes a estos derechos fundamentales, participando o siendo cómplices de terribles crímenes contra la humanidad. En concordancia con Gautama, la metapolítica del Maitriyana promueve y defiende la Libertad de Expresión, Pensamiento y Acción, exaltando las ideas y prácticas de la Verdad y la Justicia para hacer más recta y noble a la humanidad. Durante dos mil seiscientos años en el Derecho Budista ha existido un progreso en la lucha por las libertades fundamentales, pues incluso en épocas de guerra, persecución y opresión los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) han continuado transmitiendo la necesidad de estos valores libertarios, defendiéndolos con todas sus fuerzas hasta el punto de estar dispuestos a sacrificar su propia vida por la protección de las libertades fundamentales. En efecto, el Maitriyana es un movimiento libertador que continúa con este legado de defensa de la dignidad y Cura (Nirvana) del ser humano, enseñando una milenaria vía hacia la tolerancia e interexistencia de todos los pueblos. Por ello, es en el Derecho Budista donde originariamente se consagra de forma directa y jurídica el derecho espiritual a la Expresión Adecuada, estableciendo que la crítica y la transmisión de información nunca deben ser restringidas por el gobierno y Estado. En consecuencia, la Declaración Universal de Derechos Espirituales redactada por el Maitriyana presenta a la Libertad de Expresión como un derecho evidente y esencial, tan importante como el derecho a la vida saludable y a la búsqueda de la Cura (Nirvana). Según el Derecho Budista, brindar al aprendiz la Libertad de Expresión y Transmisión de ideas y pensamientos psicológicos, filosóficos, científicos, políticos y teológicos es la base misma para la libertad social, la cual es un Camino que suele ser reprimido y censurado por los gobiernos despóticos. En cambio, el Maitriyana reconoce magníficamente que la finalidad de la sociedad debe ser la protección perenne de los derechos naturales y espirituales de la humanidad, defendiendo los derechos humanos a la Libertad, a la Paz, a la expresión plena sin censuras y a la resistencia civil ante la opresión. El aspecto importante del Derecho Budista es que considera que la Libertad de Expresión no debe ser limitada por el gobierno y Estado, pues éstos sólo deben criticar los abusos y violaciones a este derecho sagrado. La responsabilidad para hacer un ejercicio correcto y adecuado del derecho y deber a la Libertad de Expresión es principalmente un asunto individual y espiritual, pero nunca un asunto de sanción Estatal.

Al proclamar una defensa política-jurídica de la Libertad de Expresión, el Maitriyana enfrenta crisis y enfrentamientos tanto con el Poder gubernamental autoritario como con el Poder empresarial capitalista, pues el despótico status quo siempre se empecina por esconder la realidad incluso aunque el desarrollo tecnológico hace muy complicado reprimir el derecho a la Libertad de Expresión. La historia de la Comuna espiritual (Sangha) y la evolución del Derecho Budista han sido una guía para el sujeto que enfrenta pacíficamente a los regímenes tiránicos y totalitarios, enseñando la Libertad de Expresión y los derechos humanos como encarnaciones de la naturaleza dhármica del ser humano. Frente a sucesos atroces y estremecedores que han realizado los gobiernos y las religiones, el Maitriyana busca la concientización y el Despertar (Bodhi) de los pueblos para evitar la repetición (karma) de los crímenes de guerra, genocidios, limpiezas étnicas, crímenes contra la humanidad y ecocidios que han sucedido en el pasado.

El Derecho Budista no crea a los derechos naturales, los derechos humanos y los derechos espirituales, sino que más bien es un acto de reconocimiento de los mismos, desarrollando un instrumento jurídico internacional de notable importancia: los Comités de Ética y los Tribunales de Consciencia. Este orden jurídico tribal que implementa el Maitriyana es decisivo para lograr que se cumpla el derecho del aprendiz a la Libertad de Expresión y Pensamiento, permitiendo al sujeto que sus acciones de investigación, recepción y difusión de información no sean molestadas ni interferidas. En el ejercicio y disfrute de este derecho a la Libertad de Expresión, todo aprendiz deberá seguir los límites de la no-violencia y la no-mentira para asegurar el respeto pleno de los derechos y libertades de los demás, satisfaciendo las exigencias justas de la ética, el orden social y el bienestar democrático de la civilización. En este sentido, al igual que el Derecho Internacional, el Derecho Budista afirma que el Estado no tiene legitimidad alguna para suprimir la Libertad de Expresión proclamada globalmente.

A pesar de que los sutras de Gautama y Jesús, junto con los instrumentos internacionales de derechos humanos, son los textos más preciados de la humanidad, es necesario realizar constantes mejoras y extensiones para propiciar transformaciones sociales a lo largo del mundo. Por este motivo, el Maitriyana establece ampliamente un sistema jurídico revolucionario de defensa ética de la Libertad de Expresión, Pensamiento y Acción para todo sujeto, siempre y cuando exista respeto y no-violencia a través del compromiso con la Verdad, el Bien, la Paz y la Democracia. Evidentemente, el Derecho Budista excede el campo de lo político y lo religioso, constituyéndose como un paradigma de activismo metajudicial. Aunque es cierto que este sistema jurídico del Maitriyana es susceptible de generar resquemores y ser acusado de ilegítimo por parte de los poderes convencionales del Estado, ciertamente el origen del Derecho Budista es tanto el Derecho Natural como también el Derecho Tribal reconocido ampliamente por instrumentos internacionales de derechos humanos, logrando una efectividad y pureza ética que no se encuentra presente en el Derecho Estatal. Además, el Maitriyana hace explícito su compromiso con la Verdad y el Aprendizaje, en lugar de buscar condenas de prisión o sanciones monetarias, haciendo prevalecer la sabiduría compasiva (prajña-karuna) por encima de las normas penales y civiles. En este sentido, en caso de que el Derecho Budista reciba censura y violación al derecho a expresar libremente sus pensamientos, ideas y opiniones por cualquier medio de comunicación y difusión, entonces esto puede ser considerado como un acto discriminatorio y un crimen internacional que promueve la intolerancia hacia un movimiento milenario de Espiritualidad. Mientras exista información veraz, responsabilidad y compromiso con la Verdad, todo aprendiz debe poder expresar libremente su visión ética sin sufrir ataques de los sectores estatales o privados, disfrutando de su derecho humano a recibir y transmitir informaciones oportunas, creíbles e imparciales sin molestia ni censura alguna. Aunque las principales Declaraciones, Pactos y Convenios a nivel internacional prohíben los ataques a la Libertad de Expresión, no obstante, estos lamentables sucesos ocurren reiteradamente, demostrando que los vastos instrumentos jurídicos que supuestamente protegen los derechos humanos y la Libertad de Expresión no funcionan adecuadamente, ya que los Estados, las empresas y las religiones convierten en letras muertas a todos los documentos jurídicos internacionales. Frente a esta cultura planetaria de impunidad, el Maitriyana emerge como un sistema de respeto de la naturaleza dhármica del ser humano, luchando pacíficamente contra los regímenes del Poder mundano que vulneran los derechos humanos de todos los pueblos.

Defensa Budista de la Esperanza de Cambio

Por Maestro Maitreya

La mejor promesa o profecía realizada por Gautama es el hecho de que el Universo es cambio continuo. Sin embargo, los pueblos suelen perder la esperanza en el cambio y la transformación del mundo, asumiendo una fe metafísica o una razón materialista que desconocen los valores espirituales. Así, la esperanza es parte del campo de la Espiritualidad, pues la promesa de un mundo mejor es el principal rasgo de los grandes maestros espirituales que han liderado éticamente a la humanidad al conducirla a la Tierra Pura o Reino de la Rectitud. En la Espiritualidad, esta esperanza es encarnada en dos metáforas perfectas para la sociedad contemporánea: el Despertar (Bodhi) o la Resurrección. Estas esperanzas son nada menos que la Evolución y Salvación del mundo, tanto interno como externo, el cual ha estado marcado por el sufrimiento durante miles de años. Aunque este Deseo Originario es difícil de satisfacer, ciertamente la esperanza por alcanzar la Cura (Nirvana) es un consuelo y una pasión, siendo una percepción del futuro de la humanidad que anima al sujeto a autorrealizar el Propósito (Dharma) de su Verdadero Ser. No obstante, la esperanza debe ir siempre de la mano de la percepción de la realidad como insatisfactoria, impermanente e insustancial, dado que de lo contrario la esperanza sería el pensamiento engañoso o ilusión infundada en el que suelen caer aquellos que son ignorantes del presente. La esperanza por el cambio en el mundo es entonces un desafío de la razón utópica, porque sin esperanza no hay Sentido de la historia. El Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) trabaja continuamente por desarrollar las capacidades espirituales de los pueblos, enseñando que si la humanidad se une es imparable. Pero esta esperanza no parte de un falso optimismo sino de una percepción de las potencialidades básicas del ser humano, que son la Libertad, Igualdad y Fraternidad frente a la Opresión, la Pobreza y el Conflicto. Para la Espiritualidad Budista, la esperanza de cambio en el mundo es un imperativo ético del desarrollo político, económico, cultural y medioambiental, pues es la autopoiesis del mundo esperado. De este modo, la única creencia del maestro espiritual es que es posible un mundo mejor, siempre y cuando la sociedad arriesgue su comodidad para poder asumir el desafío del Camino hacia la Tierra Pura o Reino de la Rectitud. Aunque la esperanza de cambio comparte con el resentimiento el hecho de sentir insatisfacción (dukkha) ante la sociedad presente, ciertamente el resentimiento actúa destructivamente, mientras que la esperanza actúa constructivamente. Mientras que el resentimiento es un apego al pasado, en cambio, la esperanza es una Apertura (Sunyata) al futuro. Si bien el miedo es el instrumento fundamental de la política tradicional para obtener obediencia y apaciguamiento, la Espiritualidad Budista enseña a la esperanza en un mundo mejor como la forma de obtener consenso y Liberación. La civilización materialista usó el miedo como Poder de coerción, pero el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) usa la sabiduría compasiva (prajña-karuna) como un Contrapoder que crea una vía directa para cumplir la esperanza postmoderna en un mundo mejor.

La clase de cambio de la que habla el maestro espiritual tiene un significado de transformación y revolución, por lo que se contrapone a la visión del status quo, tratándose más bien de una reconversión espiritual de los pueblos para que estos se adapten activamente a un estilo de vida adecuado. Ésta es la propuesta de cambio que encarna el Discurso Analítico-Existencial-Libertario (Buddha-Dharma-Sangha) y su visión democrática directa para resolver los problemas del mundo. El Maitriyana denuncia que la política tradicional de todos los países y épocas es esencialmente un incumplimiento de la esperanza de cambio que reside dentro de la humanidad, la cual desea profundamente que los distintos pueblos converjan en políticas globales donde se anude el pacifismo, la justicia social, la educación y la ecología. Desde esta perspectiva, la esperanza de cambio es inherente a la vida humana y su progreso ascendente de supervivencia y evolución espiritual, mientras que el apego y lo estático es sinónimo de la ilusión y la autodestrucción. Esta visión de desarrollo verdadero es la inspiración fundamental del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), quien es un sujeto con premisas esencialmente reformistas y revolucionarias, utilizando la naturaleza del cambio en pos del Bien. En la metapolítica de la Espiritualidad Budista, el verdadero cambio en el mundo es aquel que transforma radicalmente las estructuras del Poder, instaurando un virtuoso sistema de democracia directa que libera a los pueblos de las dictaduras de los gobiernos autoritarios y populistas. Esto implica que la esperanza de cambio que es alentada por el maestro espiritual tiene un sentido histórico, pues al evanescer la costumbre de sumisión social se produce una ruptura de época que favorece la imprescindible Cura (Nirvana) de los problemas del mundo. En efecto, la ética del Camino Medio es la gran joya de la humanidad porque es un medio adecuado para llevar a cabo los fines que han buscado los grandes movimientos de cambio social. Si los movimientos sociales del pasado hubieran utilizado medios adecuados, entonces todos los grandes problemas del mundo contemporáneo ya estarían resueltos. Aunque los conflictos se renuevan a medida que transcurren las épocas, el estado de consciencia ampliada y superior (ECAS) que ha alcanzado un Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) constituye el recurso más perfecto del Universo para resolver los desafíos que presenta la vida cada día. La ventaja del Maitriyana es que forma maestros espirituales especialmente preparados para resolver de forma recta los problemas que amenazan a la Tierra (Gaia), desarrollando las potencialidades ocultas de los pueblos. Esta potencialidad espiritual es el Deseo y la esperanza de cambio que implica el optimismo realista que se desprende de la experiencia de lo Real como insatisfactorio, impermanente e insustancial. La Espiritualidad Budista define al ser humano como un ser capaz de crecer indefinidamente su existencia espiritual a través del trabajo contemplativo, por lo que la esperanza de cambio requiere entrar en una aventura de crecimiento y superación constantes. Como los medios adecuados son espirituales por definición, los pueblos bélicos, injustos, ignorantes y contaminantes nunca podrán construir un mundo mejor porque precisamente carecen de los medios adecuados para ir hacia el futuro. Esto convierte al progreso social en una obra que nadie puede consumar a través de la tecnología, requiriendo más bien del apoyo mutuo, empatía y solidaridad de los demás. Por ello, la esperanza de cambio requiere de la pasión por la búsqueda de la felicidad y el bienestar general, aspirando a una Tierra Pura o Reino de la Rectitud que crezca hasta alcanzar los confines del Cosmos. La Esperanza de cambio y el Maitriyana van siempre por el mismo sendero, introduciendo valores espirituales en la sociedad para que haya un verdadero progreso.

Defensa Budista de la lucha contra el Racismo

Por Maestro Maitreya

La comunidad internacional de la Espiritualidad Budista participa activamente en la lucha contra la discriminación racial, transmitiendo que la evanescencia de estos prejuicios es fundamental para la construcción de una civilización dhármica y postmoderna. Por ello, el Maitriyana trabaja para que los pueblos adopten medidas urgentes que solucionen plenamente este problema global que es el racismo. Frente a la discriminación racial, el maestro espiritual enseña el valor de la igualdad como Cura (Nirvana) de este mal que está presente en todo el mundo, proponiendo un sistema práctico y teórico de educación avanzada en Derechos Humanos que todos los pueblos pueden aplicar en el aquí y ahora.

Los principios de la Espiritualidad Budista tienden a la unidad racial, motivo por el cual la integración y reconciliación (maitri) de la humanidad es una enseñanza central en el Maitriyana, esforzándose en el establecimiento de una civilización dhármica global que esté orientada por los valores fundamentales de la Libertad, Igualdad y Fraternidad, lo cual implica la comprensión dialéctica paradojal de la unidad en la diversidad. Por lo tanto, la Espiritualidad Budista es un movimiento pionero en Derechos Humanos que reconoce el valor y la dignidad intrínseca de todo ser humano, nunca recurriendo a los mecanismos de la distinción, exclusión, restricción o preferencia por motivos de raza, linaje u origen étnico que anulen o desacrediten el reconocimiento o ejercicio de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, cultural o medioambiental. El Maitriyana considera que todos los seres humanos poseen una naturaleza espiritual igualitaria, motivo por el cual toda evaluación ética sobre un sujeto o grupo siempre debe partir de sus pensamientos, palabras y conductas, pero nunca de una evaluación sobre su raza, nacionalidad, etnia o linaje. En consecuencia, la Espiritualidad Budista procura evanescer la discriminación racial y los prejuicios étnicos, considerando que aquellos que desprestigian, deshonran y ofenden a personas o grupos por razones de raza, nacionalidad o linaje están cometiendo una violación flagrante de la visión de Siddharta Gautama y también del espíritu de los Derechos Humanos. El Propósito (Dharma) de la unidad y reconciliación (maitri) de la humanidad requiere priorizar el desarrollo de los puntos en común que subyacen a todas las razas, culturas, etnias y linajes. Las enseñanzas del Maitriyana aconsejan abrir los ojos a la unidad e integración, simultáneamente yendo más allá de las diferencias. Así, este movimiento internacional reconoce y alienta la Espiritualidad Perenne que une a toda la familia humana.

La Espiritualidad Budista es una comunidad internacional que promueve la unidad racial, poniendo en práctica los principios espirituales enseñados por Gautama. En las enseñanzas impartidas por los maestros espirituales se instruyen a los pueblos en valores libertarios, igualitarios y fraternales que permite lograr el Despertar (Bodhi) de un nuevo estado de consciencia ampliada y superior (ECAS), lo cual es la Cura (Nirvana) a la enfermedad del prejuicio y la discriminación. De esta manera, el Maitriyana participa activamente en la promoción de los derechos humanos, los cuales son los principios éticos que orientan la vida cotidiana de los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas), quienes son el mayor testimonio de compromiso con la unidad de toda la humanidad. En las comunas (sanghas) de la Espiritualidad Budista los aprendices deben asociarse con amistad y concordia, manifestando una forma de vivir que toma en consideración el valor de cada ser humano. En efecto, el origen racial o el linaje de un sujeto no representan ningún tipo de importancia espiritual, pues sólo sus actos y enseñanzas son lo verdadero, demostrando que lo sagrado es la realización práctica de principios igualitarios cuya meta es el Despertar (Bodhi) del mundo entero. Por ello, el Maitriyana lucha contra el racismo, defendiendo los derechos humanos y las libertades fundamentales de todas las personas sin distinción alguna por su raza, nacionalidad, etnia o linaje.

Para alcanzar este horizonte que es la erradicación de los prejuicios y discriminaciones raciales, la Espiritualidad Budista brinda especial importancia a la educación espiritual avanzada. Todos los maestros espirituales crean actividades que encarnan el objetivo fundamental de la unidad de la humanidad por medio de la Evanescencia del prejuicio y la discriminación, cuya fuente es la codicia, el odio y el engaño. Por consiguiente, el Maitriyana considera entonces que estos males tienen una solución espiritual mediante la Cura (Nirvana) de la mente, la cual se nutre a través de la ética del Desapego, la dirección de la Verdad y la conducta apropiada. En consecuencia, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) enseña que para evanescer al racismo y la estereotipia se requiere una educación espiritual avanzada cuyo objetivo es impulsar un estilo de vida apropiado, inculcando en la mente de los pueblos el principio de la interdependencia e interexistencia de todos los seres. Esta educación de la Espiritualidad Budista desarrolla la consciencia sobre la comprensión de la unidad orgánica de la humanidad y la Tierra (Gaia).

Las enseñanzas del Maitriyana constituyen un programa perfeccionado para la unidad y reconciliación (maitri) de la humanidad, considerando que es fundamental establecer un sistema universal de educación espiritual en ética y derechos humanos que pueda ser aplicado a todas las culturas del planeta. Este programa integrador se inspira en la Espiritualidad Budista desarrollada por Gautama, quien lucho contra los prejuicios raciales y las discriminaciones étnicas al buscar la erradicación de lazos sociales opresivos basados en la división de castas o linajes. Sin embargo, el programa de educación espiritual del Maitriyana no es idealista, sino que es pragmático, recurriendo a los conocimientos contemporáneos de psicología, filosofía, ciencia, política y teología para poder enseñar ética espiritual con un lenguaje actualizado. Todos estos saberes son armonizados por la ética de la Espiritualidad Budista para que puedan dar testimonio de la Verdad que es la unidad e interexistencia de toda la realidad. Así, el programa del Maitriyana es una forma extraordinaria para erradicar el mal del racismo y la discriminación, proponiendo enseñar temáticas como la interdependencia de los pueblos, la evolución espiritual y cultural de toda la humanidad, el pensamiento más allá de lo intelectual, las emociones sublimes, la búsqueda del Sentido de la vida, los vínculos de amistad como pilar básico de la sociedad del futuro, la necesidad de desarrollar una identidad más allá de los límites nacionales, y la ética aplicada a los campos de la política, economía, cultura y medioambiente. En la visión de los maestros espirituales cada una de estas temáticas contribuye a satisfacer las necesidades universales del ser humano, erradicando el mal del prejuicio y la discriminación contra sujetos o grupos por cuestiones de raza, nacionalidad, etnia o linaje. En efecto, las normas relacionadas a los derechos humanos ya estaban preestablecidas por el ámbito ético de la Espiritualidad Budista, cuyas enseñanzas acerca de la unidad de la humanidad están orientadas hacia las etapas más evolutivas de la consciencia del ser humano. Por ello, el Maitriyana brinda una esperanza de cambio que es completamente realista, buscando evanescer el prejuicio y la discriminación para guiar a los pueblos hacia el progreso verdadero que es el Despertar (Bodhi). Este objetivo debe ser vivenciado y asumido con una actitud espiritual renovada que actúe sobre los principios y experiencias que los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) han acumulado durante los últimos dos mil seiscientos años. La Espiritualidad Budista está convencida que los males del prejuicio y discriminación pueden ser eliminados si los pueblos expresan actitudes sinceras de esperanza, optimismo y determinación para respetar la interexistencia orgánica de todos los seres.